Como pocas veces en su historia, Aguascalientes hizo honor a su nombre en el verano de 1958, hace 50 años, aunque ciertamente el agua que cayó estaba más bien fría. Ese año hubo varias tormentas que inundaron diversas zonas de la ciudad, y en especial, como en cada temporal, la Colonia San Luis, allá al oriente de la ciudad, al lado de la vía del ferrocarril.
Pero una de estas tormentas, la del tres de julio, adquirió las proporciones de repetición del diluvio universal, o anuncio del apocalipsis. De acuerdo a una nota publicada por El Heraldo de Aguascalientes, el jefe de la División Hidrológica de Los Altos, Ing. Gustavo Navarrete, informó que la precipitación fue de 94 mm., la más alta que se haya registrado en muchos años, por no decir que la peor de la historia.
La salida a Zacatecas quedó bloqueada e instalaciones como la embotelladora Aguascalientes, los Gases Industriales y la refaccionaria Sahagún, sufrieron el rigor de las aguas frías de Aguascalientes.
Pero en rigor eso no fue nada. La zona más afectada fue desde luego la Colonia San Luis, en donde el agua subió cuatro metros en algunas partes, pero también toda la zona alrededor del arroyo de Los Adoberos, cauce actual de la Avenida López Mateos, es decir, las calles de Rayón, Hornedo, Josefa Ortiz de Domínguez, Dr. Jesús Díaz de León, Galeana, José María Chávez, Cosío, y 16 de septiembre.
Hubo casas que se derrumbaron, mientras que otras quedaron seriamente dañadas, incluyendo cuartos de vecindades. Por ello se procedió al desalojo y sus habitantes ubicados en escuelas aunque, por lo menos en un primer momento, hubo quienes instalaron campamentos a un lado de las vías del ferrocarril, con familias del rumbo de la Colonia del Trabajo, también inundada.
Los damnificados se contaron por miles, y las pérdidas en millones, no sólo de viviendas, sino de bienes de las empresas del rumbo, como los Transportes Tres Guerras, en José María Chávez, o Nacional de Drogas, en Galeana. En la UNPASA, este organismo encargado de la distribución de azúcar, que estaba en Hornedo y Colón, el agua se endulzó a costa de los sacos almacenados. Las bodegas de refrescos Aga se cayeron, y los daños en la infraestructura eléctrica y telefónica fueron ingentes.
A propósito de la energía eléctrica, entre tanta agua, varios pozos para el suministro de agua potable quedaron inutilizados debido a las descargas eléctricas de la tormenta, en tanto que otros se averiaron, de tal manera que la mayor parte de la ciudad se quedó sin agua potable.
Los puentes que comunicaban la ciudad al norte y al sur del Arroyo de los Adoberos se derrumbaron. En el caso del de Colón, los daños alcanzaron al Mercado Calera, que debió desalojarse debido al peligro de derrumbe. El Río de los Pirules, normalmente seco, se desbordó.
También hubo muertos, una mujer en la Colonia Altavista, y un matrimonio en la vecindad de El Carro, en 5 de mayo.
Al día siguiente el gobernador Luis Ortega Douglas y la presidenta municipal María del Carmen Martín del Campo, recorrieron la zona de desastre. El primero opinó que el problema de las frecuentes inundaciones que sufría aquella parte de la ciudad se resolvería con el entubamiento del arroyo de Los Adoberos, y la construcción de su soñada Avenida Oriente Poniente, pero como la obra resultaba tan cara, sólo podría realizarla el gobierno federal.
Para enfrentar la emergencia se conformó un Comité Pro Damnificados que encabezó el Sr. Francisco Ruiz Silva, presidente de la Cámara de Comercio. Otros elementos de las fuerzas vivas que integraron este organismo fueron Ángel Talamantes Ponce, Juan Morales Morales, Leobardo Loy, el Ing Jorge Díaz de León, y el Sr. Rafael Hernández por la Cruz Roja. Este comité despachó en la oficina de la Comisión de la Feria, ubicada en el Palacio Municipal.
También el obispo diocesano, monseñor Salvador Quezada Limón, se presentó en la zona más afectada para constatar personalmente los desastres. En respuesta de la petición de ayuda que recibió, dio instrucciones para que se diera de comer a la gente, y anunció que junto con los párrocos se organizaría un plan de ayuda que consistió en la recolección de ropa y alimentos a través de las parroquias.
La emergencia fue de tal magnitud, que el día cinco llegaron brigadas sanitarias de Zacatecas y León, para sumarse al auxilio de los damnificados, de los cuales 210 se habían instalado en la escuela Club de Leones, cuyo local fue rociado previamente con DDT. Además se estableció servicio de peluquería y consulta médica. (Sus comentarios relacionados con esta columna puede dirigirlos a migrante@mexico.com).
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