“El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan”
Arnold Toynbee
Los comicios electorales están a la vuelta de la esquina, por un lado cada partido político comienza a preparar a sus pre candidatos, y por otro la sociedad que ni idea tiene para que le sirve votar por uno o por otro, se deja llevar por lo que su instinto a base del carísma del candidato le dicta.
En días anteriores recibí una llamada telefónica donde se me invita a recrear un seudo comicio electoral, donde se me dieron 5 opciones de candidatos de cierto partido político de derecha para ocupar un cargo dentro de la función pública, mi respuesta fue, ninguno me convence, pero el que a definitivamente hoy no le daría mi voto es a la opción C.
Se supone -en teoría- que el voto contribuye a la promoción y consolidación de la democracia, además de que en nuestro texto Constitucional está plasmado tanto como derecho como obligación.
Actualmente el voto se concibe como “una afirmación positiva de la voluntad individual, un pronunciamiento a favor de algo o de alguien”(1). Pues bueno, y que pasaría si eso cambiara, que pasaría si en nuestro sistema se pudiese concebir al voto también como una afirmación negativa de nuestra propia voluntad, un pronunciamiento en contra de alguien en particular, o de una propuesta en general.
La misión del Estado a través del derecho electoral, es garantizar que el voto sea libre, igual, directo y secreto y que puedan ejercerlo todos aquellos que la ley habilita para hacerlo.
Se dice que el voto es libre, ya que el elector no está sujeto a ningún tipo de presión o coacción para la emisión del sufragio, actuando el ciudadano, en el mejor de los casos, con base en principios apoyado en sus convicciones, votando por aquellos que le parecen mejor, o por quienes considera los más idóneos. Sin embargo, es muy cierto que en muchos de los comicios se ve que no hay un partido político que convenza plenamente al ciudadano, o un candidato con el que se sienta identificado, dándose por ello lo que conocemos como voto útil, voto de castigo, voto diferenciado y hasta el voto nulo.
El voto diferenciado se da cuando en los comicios electorales se decide más de un puesto o cargo público, y el ciudadano no está convencido por toda la planilla que le presenta cierto partido político, por lo que para un cargo vota por uno y para otro cargo elige al de un partido diferente.
El voto útil se refiere a que los ciudadanos no deben desperdiciar el sufragio votando por un candidato que no tenga posibilidad de triunfo. Esto es que si en la contienda electoral se denota que el candidato que va a la cabeza no es el que más le convence, en vez de votar por alguno de los partidos pequeños o candidato con menos representación política, se debe brindar el voto al partido o candidato que tenga más posibilidades de triunfo frente al candidato del cual no se quiere que llegue a ocupar un puesto público, aún y cuando la selección por la que se vota no sea la que más le convenza, sino que en términos sencillos sea la opción menos mala de las que se cuenta.
En cambio el voto de castigo es negar el sufragio al partido a quien se apoyo antes y debido al descontento que ha producido su gestión, se trata de impedirle el acceso a un nuevo representante de ese partido, negándole el voto. A diferencia del voto útil, el voto de castigo se advierte cuando existe una merma notable del caudal electoral de un candidato o partido, en comparación con la elección anterior, luego de un periodo de gestión(2). Y el voto útil, no es que los que anteriormente votaron por la opción “z” se cambien a la opción “y”, sino que los que no están decididos por la opción “z” y teniendo las opciones “y”, “v” y “x” decidan darle su voto a la opción “y” al ser ésta la más viable para ganarle a “z”.
En el voto nulo no encontramos problemas para entenderlo, pues es aquel en que el elector vota de una manera errónea, lo cual provoca su nulidad, ya sea porque tacha más de una de las opciones con las que se cuenta, haciendo que se dificulte el poder saber cual era la verdadera intención del elector en cuanto por quien quería votar, o bien en la boleta oficial se encuentra algún tipo de leyenda o inscripción no válida.
Hay realidades políticas que reclaman el impulso de acciones oportunas en la defensa de ciertos derechos electorales. El derecho del voto ha ido evolucionando; si bien hoy nos parece un poco absurdo el recalcar que el voto es universal, no está de más recordar que el derecho al voto de la mujer se le reconoce en México hasta octubre de 1953, y las primeras elecciones federales con las que se contó con el voto femenino fue en el año de 1955. Podríamos dar más ejemplos de cómo no solo en nuestro país, sino en diversas partes del mundo el derecho al voto ha ido transformándose y abarcando grupos de la sociedad que se encontraban excluidos en la participación política.
Otro de los avances que ha tenido el derecho del voto, es que en países como España, los residentes extranjeros gozan del derecho del sufragio activo, esto es de elección, en lo que son los comicios municipales, teniendo en cuenta la existencia de tratados internacionales que den reciprocidad a este derecho a los españoles que viven en el extranjero. Asimismo ciudadanos miembros de la Unión Europea, pero no españoles, los cuales se encuentran radicados en España, pueden votar en las elecciones municipales de ese país. Situación que en México no se reconoce y poco se ha tocado el tema para tratar de realizar una reforma a las leyes pertinentes, para que en las elecciones municipales los extranjeros, residentes en ese Municipio puedan votar.
Es el caso que superadas estas barreras del voto en España, se ha generado un nuevo movimiento, el cual apenas se encuentra en su etapa de gestación, y es que al día de hoy empieza a darse el ruido de la posibilidad de un voto negativo.
El voto negativo viene siendo una posibilidad más con la cual pueda contar el elector al momento de una elección; como se dijo en líneas anteriores el voto, en nuestros días, se presenta de una manera afirmativa positiva, en donde el elector da su apoyo a un partido o candidato legitimándolo para el ejercicio de un cargo público. Pero ¿que sucede si el elector no está convencido de dar su apoyo a un partido en específico?, de verdad, ¿es necesario brindar lo que es un voto útil aún y cuando tampoco esa otra opción convenza al elector con la única finalidad de que no llegue a ocupar el cargo aquel otro candidato o partido?.
Si el elector está persuadido de que no quiere el arribo al cargo público en disputa del candidato del partido “x”, no tiene porque votar a favor del que tenga más posibilidades de triunfo frente a “x”. El derecho al voto no debe ni tiene porque estar supeditado a que el ciudadano brinde su apoyo a un partido político para que así esté ejerciendo su derecho de participación política, ni mucho menos debe conformarse con no acudir a las urnas a emitir su voto, al no encontrarse convencido por ninguna de las opciones, pues ya que con el abstencionismo su voz no es escuchada, o no queda clarificado de forma explícita su rechazo o razón para no acudir a la urna.
Es necesario que el Estado le brinde a este ciudadano elector una nueva opción que cumpla con sus necesidades para el efectivo goce y ejercicio del derecho del voto.
Es cierto que en todos o casi en todos los comicios el abstencionismo es sin duda la cifra ganadora, lo cual representa un fracaso para todo el sistema electoral, pues supone la ignorancia de que la democracia se crea a partir de la participación de todos. Es aquí donde el voto negativo puede ser una respuesta para lograr un poco la disminución de la abstención y porque no, la de los votos nulos que actualmente se dan.
No podemos pretender que la manera en la que actualmente se encuentra nuestro sistema electoral sea el más convincente para todos, porque puede ser que no nos podamos poner de acuerdo respecto de quien queremos que nos gobierne, sin embargo si podemos tener claro quien no queremos que nos gobierne, y es esta opinión la que de la manera en la que se encuentra establecido el voto, no está siendo escuchada ni tomada en cuenta. Una controversia democrática exige un respeto escrupuloso al derecho de defender las posiciones alternativas, y esto incluye el respetar y tomar en cuenta el que haya opiniones contrarias a nuestras convicciones.
Por lo anterior, es que mi propuesta versa en la modificación de la legislación electoral con la que cuenta México en nuestros días, para dar oportunidad a escuchar aún las opiniones contrarias o darle el apoyo a cierto grupo político, ya que no podemos condicionar a un elector a darle el apoyo a una propuesta de partido político o candidato con el que no se ve representado o, no encuentra una verdadera convicción para ir con él en su propuesta de acción política, esto con la finalidad de participar en la vida política del país, aún y a costa de ir en contra de sus propios ideales, con tal de que no llegue al poder cierto candidato, el elector realiza un voto útil a favor de otro candidato que tampoco lo convence, pero que dentro de todas las opciones es el más viable para ganar, esto a mi manera de ver es condicionar el voto; si bien es cierto que el Estado en ningún momento le dice al ciudadano elector la manera en la que debe de votar dándole una pauta específica, si se le está limitando su derecho de elección, al no darle oportunidad de emitir su verdadera intención en los comicios, diciendo que efectivamente no le agrada en absoluto determinada opción política y se le condiciona a que si quiere ser escuchado y tomado en cuenta con un peso verdadero en las elecciones, debe de decidir su voto a favor de algún candidato, ya sea el que más le convenza o el que considere es la opción menos mala. Pero ahora la pregunta sería ¿es preferible votar a favor del menos malo o el mal menor, o bien dar la oportunidad de votar en contra de la peor opción?
Al tener la oportunidad de que en los comicios electorales existiera el voto negativo, se daría como resultado que el elector emitiría su opinión respecto de quien definitivamente no le interesa que llegue a ocupar el cargo público por el que se contiende. Ya que el tener que votar por una opción que no resulta del todo convincente, pero que entre todas las que se dan es la que menos desagrada, se está haciendo que no exista una verdadera legitimación por parte del candidato de esa opción al momento de llegar al cargo público, ocasionando que no exista una real representación ciudadana, ya que si bien es cierto que se votó por esa alternativa, no se hizo de una manera libre y en dado caso que llegue a ocupar el cargo por el que fue elegido, no estaría la ciudadanía conforme con su elección pues no lo hizo de una manera convencida sino que lo hizo solo por elegir al mal menor.
El voto negativo consistiría en que si bien es cierto que el elector no está seguro de emitir su voto a favor de algún candidato en específico, pudiera votar en contra de quien en su opinión es el menos idóneo para que lo represente en el poder, así en las papeletas oficiales de elección, cabría la posibilidad de aparte de poner a los candidatos elegibles, dos casillas donde se pudiera decir si el voto es a favor o en contra. En ese caso, si el candidato del partido “x” obtiene un total de 90 votos a favor con 20 en contra, da un total neto de 70 votos, y el candidato al partido “y” recibe 72 votos a favor y 0 en contra, el que resulta ganador sería el “y”.
Los derechos políticos son el conjunto de condiciones que posibilitan al ciudadano participar en la vida política, constituyendo la relación entre el ciudadano y el Estado. Representan los instrumentos que posee el ciudadano para participar en la vida pública, o el poder político con el que cuenta este para participar, configurar y decidir en la vida política del Estado(3). Es por eso que si los derechos políticos tienden a ser la manera con la que el ciudadano puede intervenir en la vida política de su sociedad, es necesario que se le brinde la mayor gama de posibilidades para emitir su opinión, y así se sienta no solo en teoría sino en la práctica, escuchado y que verdaderamente está decidiendo el rumbo de su país.
Y lo que pretende el voto negativo es precisamente darle una nueva posibilidad de voto al elector, para que no se sienta coaccionado en la toma de su decisión electoral, al darle, forzosamente, su apoyo a alguien que a su parecer, o bien de una manera libre no se lo daría.
En España, esta opción se esta viendo como una respuesta para hacerle frente al abstencionismo. En mi opinión se podría decir que estaría más enfocado a atraer al voto nulo a una nueva opción, ya que en la abstención no solo se encuentran ciudadanos no convencidos con los partidos políticos y sus candidatos, sino que también existe un grueso de ciudadanos que no se ven identificados con el sistema electoral. En cambio en el voto nulo aún hay la creencia en el sistema, mas no así en los que participan en él, si se les brinda la posibilidad de emitir su opinión, que también es valido tener una opinión negativa y no solo positiva de algún candidato, se estaría atrayendo a que el porcentaje de votos nulos actuales pudiera representar una verdadera parte de la sociedad, logrando incursionar en una real toma de decisión de la vida política en el país.
El voto negativo contaría como puntos en contra del partido o candidato a quien se emite, en tanto el voto nulo no cuenta o incide en el resultado final, pues como su nombre lo indica, es nulo, carece de validez,. Así el ciudadano que emite a conciencia un voto nulo no está siendo escuchado y termina por formar parte de una estadística más, sin poder influir en las decisiones del país, quedando supeditado a lo que el resto del cuerpo electorado emita.
Con el voto negativo si contaría el ciudadano siendo parte de la toma de decisiones, pues si el elector decide votar en contra de un partido este tendrá una desventaja contra aquel que logre obtener un mayor número de simpatizantes frente a un número menor de rechazo.
El voto sin libertad de opción y de elección, no pasa de ser más que una máscara capaz de tornar en opaca la realidad, un falso reflejo de lo que debería ser una vida política realmente democrática.(4)
Una sociedad que se jacte de ser democrática, tiene la obligación en todo momento de respetar y de proteger el derecho del individuo, de ejercer su derecho al voto en plena libertad, incluyendo dentro de esa libertad, la decisión del ejercicio del mismo, ya sea de manera positiva o negativa, pero que sea su real decisión la que se este emitiendo en los comicios electorales y no una ficticia conveniente para ciertos partidos políticos.
En este sentido el Estado debe de realizar lo necesario para que de forma puntual y fiel se respete la libertad de decisión del ciudadano dentro de un límite de máximos y no de mínimos. El Estado debe de proteger a sus ciudadanos y no a sus partidos políticos.
Es hora de que el gobierno realice una reforma electoral que vaya de acuerdo a la madurez de la sociedad que representa, que escuche y sobre todo tome en cuenta lo que en realidad el ciudadano le quiere decir, haciendo acciones políticas para llegar a realizar esas necesidades que el ciudadano solicita satisfacer. Una reforma electoral con mayores dosis de democracia, donde se busque un real sistema proporcional y no solo mayoritario como los partidos políticos defienden, ya que un sistema electoral mayoritario busca la marginación política, civil y representativa de la pluralidad política; está diseñado para mantener mayorías hegemónicas.
Se dice que la democracia es el gobierno de la mayoría escuchando y tomando en cuenta a la minoría. Es tiempo de que se logre llegar a dicha democracia escuchando a la minoría y no diciéndole “es nulo tu voto por no convenir a mis intereses o por no votar como yo Estado quiero que votes”.
El voto nulo en estos momentos, gracias al sistema electoral con el que cuenta nuestro país, es despreciado, pues no ha habido nadie que busque la respuesta al porque se da un voto nulo. Solo lo usan como parte de las estadísticas y hacen responsable al ciudadano de no saber votar o de no comprometerse con el sistema impuesto por el Estado, cuando es el Estado el responsable de brindarle a su electorado un sistema acorde a sus necesidades. Es el Estado el que debe comprometerse con su ciudadanía. Es necesario que el ciudadano deje de ser un número más y sea respetado como lo que es, un ciudadano con el poder de toma de decisiones.
Si el ciudadano está interesado en votar “contra algo o alguien” debe de permitírsele y no coaccionarlo a realizar un voto “útil”, un voto nulo, o alentarlo al abstencionismo, ya que esto en vez de fortalecer a la democracia ocasiona que el ciudadano se sienta utilizado y decepcionado al ver que sus principios han sido quebrantados y que su voto solo ha servido para apoyar políticas contrarias a su propio pensamiento, o bien mostrar un descontento frente al sistema que no toma en cuenta su opinión real.
El derecho a votar en libertad no debe encontrarse coaccionado,. Es necesario proscribir toda forma de limitación. La propuesta de emitir un voto negativo encuentra sustento en ese principio de que el voto debe y tiene que ser emitido en forma libre, y para eso el Estado debe de realizar las acciones oportunas para proteger la libertad en el voto.
Etimológicamente democracia es “poder del pueblo” y una de las maneras en la que el pueblo plasma su voluntad es mediante el voto; ese instrumento individual con el que se decide y elige la vida política de una nación. El fundamento de la democracia es el voto, y las elecciones, el principal momento de su expresión(5). Así que ¿porque habría de limitar lo que es la fuente de la democracia, si se dice que la forma de gobierno más viable es la propia democracia? Así, al contar con el voto negativo daríamos mayor claridad a la participación ciudadana, pues contaría con un instrumento que daría certeza a su voluntad y compromiso en la toma de decisiones.
NOTAS
1.- www.eumed.net
2.- ídem.
3.- FIX-FIERRO, HÉCTOR, Los Derechos Políticos de los Mexicanos, IIJ-UNAM, 2da. Edición, México, D.F. 2006.
4.- www.arbil.org/109torr.htm
5.- ALCOCER V. JORGE y MUSACHIO HUMBERTO; México 2006. Manual para lectores y electores, Fondo de Cultura Económica, 1ra. edición 2006, México, D.F.
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El voto negativo seria entonces: ¿cualquiera menos por el que vote en contra?, si es así me gusta más que la idea de anular el voto.
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Efectivamente señor Rábago, es el votar en contra y no de manera positiva, aclarando que no se pretende acabar con el voto afirmativo sino ampliar la visión del voto con sus dos acepciones, positivo y negativo.
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Con la inclusión del voto negativo en los procesos electorales, se alentaría la participación ciudadana y la voluntad popular se manifestaría mas fielmente.
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Muy bien, la idea me gusta, aunque creo que surgirían preguntas interesantes a la hora de la aplicación, por ejemplo: ¿Qué pasa si ningún partido obtiene más votos positivos que negativos? ¿Nos volveríamos a quedar con el “menos peor?
Otra. poniendo como ejemplo las pasadas elecciones en donde hubo una polarización muy fuerte y en la cual los odios estaban muy bien perfilados sobre los dos partidos punteros. Si hubiera habido voto negativo ¿No se hubiera corrido el peligro de que los negativos se fueran a esos dos, anulándolos como opciones y dejándonos al PRI como el que menos votos negativos tuvo? ¿Se hubiera respetado “la voluntad popular en este caso?
¿Cómo se evitaría esto?
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Dario: La respuesta a tus inquietudes podrían ser resueltas con lo que se conoce como el sistema de la doble vuelta, el cual es otro tema por demás interesante que puede ser abordado en otra ocasión, y como todo, al momento de la aplicación es donde surgen los problemas prácticos, aqui yo solo dejé un bosquejo, una inquietud, la cual puede ser estudiada más a fondo para resolver estas trabas que representaría implementar el voto negativo.
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mmmh, bueno, me esperaré a que se pueda discutir con amplitud la segunda vuelta. Insisto, la idea es buena, pero los asegunes siguen ahí (y creo que no desaparecen ni con segunda vuelta, pero bueno).
por vía de mientras, hay que anular el voto el año que viene.
saludos
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