
Mujer con calabaza de Saturnino Herrán
Termina 2008, un año inolvidable, aunque no por las razones que generalmente nos impulsan a calificar algo de esta forma, que generalmente son gozosas. Ya lo dice la canción: En la vida hay amores que nunca pueden olvidarse. Imborrables momentos que siempre guarda el corazón…
Definitivamente no. 2008 será recordado como un año desgraciado, cuajado de violencia y muerte; de incertidumbre y desaliento. Así que acabe y se vaya a donde usted se imagina, bien pensado lector.
Con este artículo inicio una serie de cinco, destinados a recordar algunos sucesos que este año tuvieron un aniversario de década, y que pasaron desapercibidos (por decir lo menos).
En algunos casos se trata de asuntos sin mayor trascendencia, que en todo caso llamaron mi atención, y que ahora comparto con usted, ilustrado lector.
Pero en otros casos este olvido me resulta sospechoso; pariente de esa desmemoria colectiva que luego nos hace equivocarnos, en ocasiones con graves consecuencias. Cuando ocurre; cuando veo pasar este olvido me pregunto, no sin una buena dosis de estupor, si es adrede o se trata simple y llanamente de orgullosa ignorancia; un alarde, un rasgo más de la descomposición social que padecemos. Vaya usted a saber.
Para mi gusto corresponden a este rubro, por ejemplo, el cincuentenario del movimiento ferrocarrilero de 1958-59, el sexagésimo aniversario de la muerte de Manuel M. Ponce (abril de 1948), y el nonagésimo del fallecimiento del pintor Saturnino Herrán (octubre de 1918).
Más que profundizar sobre la vida y obra de Herrán; las circunstancias de su muerte, que usted puede consultar gracias a una amplia bibliografía, más bien quiero recordar aquí las conmemoraciones con motivo del cincuentenario de su muerte.
Por lo pronto el Ayuntamiento de Aguascalientes, que en ese año fatídico de 1968 encabezaba el Sr. Juan Morales Morales, determinó darle el nombre del artista a la calle donde se encuentra la casa en la que nació, que por cierto ocupaba el Sr. Rafael Esquivel. Por este motivo, desde ocho de octubre de ese año, la antigua calle del Codo, entre Victoria y Galeana, se llama Saturnino Herrán.
Ese día, frente a la casa marcada con el 121 de esa calle, se llevó a cabo el acto principal de remembranza, que incluyó el descubrimiento de una placa.
Asistieron el hijo del artista plástico, Sr. José Herrán y su esposa, Sra. Alicia Gudiño de Herrán, y los nietos del pintor, Saturnino, Antonio, José y Rosario. El acto fue presidido por el Gobernador del Estado, Prof. Enrique Olivares Santana, que terminaría su gestión en poco más de un mes, su sucesor, el Dr. Francisco Guel Jiménez, el presidente municipal, el pintor Jorge González Camarena y algunos miembros del Seminario de Cultura Mexicana, entre ellos el escritor Antonio Acevedo Escobedo, quien tuvo a su cargo el discurso oficial. .
De sus palabras rescato su dicho de que Herrán tuvo el privilegio deparado a los dioses jóvenes: extinguirse en la primavera de la vida, antes de que las amarguras y los desengaños le hubieran nublado la visión del mundo, tal y como ocurrió con el poeta Ramón López Velarde.
Acto seguido se develó la placa, y luego los asistentes realizaron una visita a la Casa de la Cultura, en donde en ese entonces estaba expuesta una parte importante de la obra de Herrán.
Por mi parte recuerdo haber visto esta exposición, en el gran salón de la planta alta del primer patio, justo frente a la entrada de la Casa de la Cultura. Supongo que estos y otros cuadros fueron trasladados en 1975 al Museo de Aguascalientes, inaugurado ese año.
Posteriormente este salón fue convertido en oficinas (direcciones de Enseñanza y Casas de Cultura) y recientemente en galería, ahora dedicada al trágicamente desaparecido pintor Benjamín Manzo.
La noche del ocho de octubre de 1968 se llevó a cabo una velada literaria en la que el subsecretario de Asuntos Culturales de la Secretaría de Educación Pública, el escritor Mauricio Magdaleno, y el poeta Jesús Reyes Ruiz, ambos en su calidad de miembros del Seminario de Cultura Mexicana, ofrecieron una plática sobre el homenajeado.
Una jornada análoga a la anterior tuvo lugar al día siguiente, ahora con la participación de los artistas plásticos Francisco Díaz de León y Jorge González Camarena. El tema de estas pláticas giró en torno al nacionalismo en la pintura de Herrán, y Herrán como representativo del segundo tiempo de la pintura mexicana. (Sus comentarios relacionados con esta columna pue
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No sé de que se extraña. A este gobierno no le interesa la cultura, y el doctor González, con todo respeto para los aburridos, con esa cara de aburrido que tiene, es incapaz de atraer a nadie y hacer algo que valga la pena. Se olvidaron de herrán y de Ponce y se seguirán olvidando de todo lo que no deje dinero
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