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La crisis y los paganos

Escrito por Darío Zepeda Galván | 20 de Noviembre de 2008 | Categorias: Sobremesa | Tiempo de Lectura: 7m 20s | Leido 67 veces.

Tengo que reconocer que la lógica con la que suele trabajar nuestra sociedad, sobre todo en términos de la economía, escapa a mi ya de por sí escaso poder de comprensión. Las posturas tomadas en últimas fechas por diversos sindicatos de trabajadores (la CROM entre ellos, lo cual fue toda una sorpresa, sobre todo porque pensé que a estas alturas del partido, ya no quedaba nadie en la CROM, acaso el intendente) son un claro ejemplo de que realmente no acabo de saber cómo están tejiéndose las cuestiones sociales hoy en día. Verán ustedes, resulta que sale un vocero de algunos sindicatos a decir que como la crisis está muy dura, y se va a poner peor, como las familias no tienen dinero, cada vez hay menos poder adquisitivo y en general vienen los años de las vacas todavía más flacas, van a moderarse al pedir un aumento de salario a los patrones.

¿A ustedes les resulta muy lógica esa postura? Porque la verdad a mí no. Digo, si la cosa está dura y usted se encuentra llevando a cabo un trabajo, ¿no sería lo elemental que pidiera que le pagaran más por lo que está haciendo? No es que sea robar, no está pidiendo que le den por algo que no hizo ¿o sí? Bueno, resulta que los sindicatos si quisieran que sus agremiados ganaran más, pero no piden más porque, como se ha dicho en reiteradas ocasiones, la cosa está de la patada, y si pidieran más, se corre el riesgo de que el dueño de la empresa no pueda pagar, con el consiguiente cierre de la misma y el desempleo generalizado para todos los allí presentes. Se resume, un trabajo mal pagado es mejor que ningún trabajo.

Muy bien, ya encuentro algo más de coherencia en este pensamiento, lo que hay que cuidar es la chamba, esperando que al final de la crisis, finalmente llegue el aumento deseado. Perfecto, hasta aquí entiendo bien, el problema es que después me llegan varias dudas, por ejemplo: si los trabajadores van a pedir poquito, sería de suponer que la empresa, de manera solidaria con el personal que tan patrióticamente sacrifica sus justos aumentos, también debe bajar sus expectativas de ganancias de manera acorde. Esto es, como yo empresa voy a ganar menos, por eso no te subo el sueldo en lo que debiera. Suena justo ¿no? El asunto es si en realidad esto ocurre, si el trato es parejo, ¿Deja la empresa de ganar en proporción a lo que el empleado renuncia a exigir de aumento? Y aquí viene un largo debate sobre la proporción que le corresponde al trabajador sobre la ganancia que genera la empresa, debate que mejor dejo en manos de gente más experta que yo. Baste apuntar que no considero que el trato sea recíproco y que creo que debería serlo.

Veámoslo así, este año los trabajadores se aprietan el cinturón porque hay crisis y el horno no está para bollos, pero resulta que el año pasado, como casi no hubo crecimiento, hubo que apretarse el cinturón y no pedir mucho. Y el antepasado ocurrió lo mismo, y el anterior, y el que vino antes de ese, y así hasta remontarnos a los fatídicos años 80. La misma cantinela se ha venido recitando año con año, a lo mejor ustedes me pueden corregir, pero todavía no me toca escuchar o ver a algún líder sindical que anuncie con gusto “ahora sí, como todo está bien, vamos a pedir un aumentote salarial” si ocurrió, confieso que me pescó dormido. Luego, si entendí bien el juego, se supondría que las empresas pudieron crecer nada o apenas muy poquito en todo este tiempo, lo que, tomando en cuenta que en este mundo todo sube, nos dejarían con la conclusión casi inevitable de que en México ya no debería quedar una sola empresa. Digo, con la crisis constante, con el aumento inevitable de insumos, más la competencia feroz de un mundo en libre mercado, y los exiguos pero constantes pagos a los trabajadores ¿quién puede seguir con vida?

Y aquí es donde vuelvo a no entender, por un lado, ciertamente resulta que varias empresas han tronado cual ejotes, los cañeros, las carreteras, los bancos entre otros, solo que en realidad a ninguno les costó mucho dinero su truene, ya que el gobierno les pagó (con dinero de los contribuyentes, en donde están incluidos los trabajadores –sindicalizados o no) para que no “peligrara la planta productiva”. La verdad que planta productiva tan endeble tenemos, por un lado los trabajadores deben de cuidarla no pidiendo aumento para que no falle, por el otro el gobierno tiene que meterle dinero, para que no desaparezca. Pareciera que los únicos que no la tratan con el cuidado que merece son sus dueños (y aquí entra aquella horrenda canción de Kaos de “pero que sea desértica, oh sí, desértica”).

Por el otro, resulta también que hay empresas mexicanas que no sólo no desaparecen, sino que son líderes mundiales y sus dueños multimillonarios en los primeros lugares de Forbes. ¿Cómo entonces? En plena crisis, hay empresas, la mayoría de ellas muy pero que muy grandotas, que siguen como si nada, incluso con mayores ganancias. ¿Y los trabajadores? Siguen siendo consecuentes con la crisis y no pidiendo mucho para ellos mismos (total, que al final del día saben que no se los van a dar, pero ese es otro cuento).

Entonces la cosa está como que maravillosa, los trabajadores, que al final del día son los que están produciendo ganancias de verdad, no de las de casino, esperan y esperan y aguantan y aguantan para sostener a una planta productiva a la que, o le va muy bien, y por lo tanto podría ser más compartida con sus empleados, o les va muy mal, pero como el gobierno les paga sus quiebras, también debería tener suficiente para darles a sus gentes (¿cuanta lana del FOBAPROA llegó a los trabajadores de los bancos?). La realidad, ustedes la conocen, no es esa, los grandes empresarios tienen hoy en día más dinero que nunca, en tanto el poder adquisitivo de los trabajadores, sigue yendo en picada. Pero a la hora de anunciar la crisis, resulta que quienes tienen (tenemos) que amarrarse el cinturón no son los CEOs o los dueños o las personas de la junta directiva, quienes, si llegaran a perder su chamba, tendrían indemnizaciones dignas de un entrenador del América, sino los de siempre, los que fueron responsables y no pidieron de más, para que la cosa no se pusiera tan mal.

Porque falta lo mejor del cuento. Resulta que esta crisis, no la provocaron los trabajadores, ni sus familias, es más, ni siquiera sus abominables sindicatos, todos ellos parásitos del sistema antediluviano que felizmente pereció en el año 2000 (dicen), sino los mismos sujetos por los cuales se sacrificaron los trabajadores y a los mismos que los gobiernos les dieron lana. Los empresarios. Los empresarios que prefirieron dedicarse a jugar albures que ponerse a trabajar, que agarraron las ganancias, fruto del trabajo de sus empleados y las arriesgaron alegremente. Mientras les fue bien, todo fue miel sobre hojuelas –para ellos, se entiende- todo funcionaba a las mil maravillas, y si alguien pedía que hubiera intervención gubernamental en sus juegos, lo miraban con pupilas dilatadas e índices acusadores por agitar la sábana del populismo, temible fantasma del pasado, frente a sus rostros.

Pero en el juego, como en todo juego, a veces toca también perder, y los señores empresarios que perdieron en sus albures, ahora nos pasan la factura a todos. Primero al gobierno de su país (en 1994 al de México, ahora al de Estados Unidos). Ahora si, claman que como es posible que el gobierno no intervenga, que que va a ser del país y del mundo sin ellos y que por favor, les den mucho pero mucho dinero para poder seguir jugando a la ruleta de la bolsa. ¿Por qué – me pregunto – los empresarios no son tan responsables y patriotas como los de los sindicatos? ¿por qué ahora no devuelven el gesto que éstos tan desprendidamente éstos les obsequiaron al no pedir de más? ¿no será hora de que los empresarios empiecen a amarrarse el cinturón? Total, si son de la talla de Carstens van a tener muchos, pero muchos hoyos para recorrer.

Sabemos que no va a ser así, y peor tantito, sabemos que pase lo que pase, lo único que se tiene como certeza es que los que van a salir perdiendo son los de siempre. Los que no quieren pedir un aumento muy grande porque no hay dinero para ello. Hay para pagar el torneo de golf de Lorena Ochoa, pero no para subir los sueldos, porque además sabemos que el aumento de sueldos lleva inevitablemente a la inflación, y Dios nos libre de la inflación. Por cierto, resulta también que ya tenemos inflación, ¿no podríamos ya aprovecharla y subir los sueldos?

Moraleja del sistema económico mexicano (y global): no seas trabajador, no es buen negocio.

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Hay 2 comentarios

  1. Darío, creo que también debemos tener en cuenta un factor mas relacionado con el proletariado… ¿Realmente resultan trabajadores que merecen un aumento de sueldo? ¿Relamente son trabajadores que merecen recibir un reparto de las utilidades de la empresa? Es el dilema. Las organizaciones sindicales se esmeran por conseguir aumento en las prestaciones de trabajadores que muchas veces no generan las utilidades que ellos mismos exigen como contraprestación, sin generalizar claro, pues hay gente que sí se pone la camiseta. Y para ponerle humor al asunto, recuerda a los cangrejos japoneses, americanos y mexicanos, todos en un barril. Los primeros se montan en columna para poder salir, los segundos le quitan una tenaza a otro para ponérsela, y los úlimos jalan para abajo a los que tratan de salir del barril. ¡Saludos!

  2. que tal Armando, buenas preguntas.

    Desde mi punto de vista. Si entendemos que el salario, lo mínimo que debe de hacer es permitir la reproducción de los trabajadores, y si tienes una economía estancada con precios que vuelan, el asunto deja de ser si se lo merecen o no. Si quieres conservar trabajadores en condiciones de poder, valga la redundancia, trabajar y más importante, en condiciones de consumir, el aumento de sueldo tendría que ser de mínima inteligencia de parte de los empresarios.
    Y se tendría que poner a discusión ¿qué porcentaje de la utilidad de una empresa se debe a los trabajadores (calificados y no)? ¿cuál es el porcentaje real que se llevan los dueños? ¿Con base a qué criterios se decide ese porcentaje (los obreros se llevan tanto de las utilidades, los trabajadores más calificados tanto, el dueño tanto)?

    saludos
    Darío