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El PRD, en la ruta de un nuevo PPS

Escrito por Humberto Musacchio | 20 de Noviembre de 2008 | Categorias: La República | Tiempo de Lectura: 4m 8s | Leido 37 veces.

Resulta escandalosa la decisión del Tribunal Electoral sobre la elección interna del PRD. Si se aceptó la anulación de 22% de las casillas por irregularidades y que otro 5% ni siquiera se instaló, aunque sí se tomaron en cuenta sus votos, lo procedente era desandar el camino y reponer todo el procedimiento o incluso disponer que la elección se realizara a modo de impedir nuevas actuaciones fraudulentas.

Para cualquier ciudadano que no cobre en el TEPJF, resulta claro que la elección interna del PRD fue un cochinero cabal. Está documentado que ambos bandos pusieron en juego sus malas artes y enlodaron cada paso del proceso, al extremo de que cualquier resultado sería inaceptable para una u otra corriente. Pero los señores magistrados, ante la oportunidad de mostrarse imparciales y respetuosos del PRD y de los ciudadanos que votan por ese partido, optaron por dar nuevos elementos a quienes sospechan que se trata, simplemente, de otro acto de intromisión del Estado en la vida partidaria.

El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ha optado por refocilarse en el lodazal de su mala fama. No se puede olvidar que en 2006, ese órgano cedió a la presión de la pareja presidencial y falló en favor del candidato de la derecha, pese a que el mismo TEPJF expuso una larga lista de irregularidades que con magistrados menos dóciles hubiera sido suficiente para anular aquellas elecciones.

El desprestigio de entonces lo hereda el actual TEPJF, tanto los que directamente convalidaron el cochinero de 2006 como los nuevos integrantes, pues es la imagen de la institución la que fue ensuciada por una torcida actuación que ahora parece ratificarse, porque al golpe de hace dos años que mantiene dividida a la sociedad mexicana, se suma ahora un fallo inexplicable y muy riesgoso para la gobernabilidad del país, en tanto que al perredismo radical y a sus seguidores se les cierran vías para la discrepancia pacífica y legal, tal vez porque el propósito es precisamente empujarlos a la desesperación y llevarlos al choque violento y hasta armado.

La decisión del TEPJF de imponer a Jesús Ortega como presidente del PRD dejó a ese partido en la inminencia de una fractura que, por lo pronto, más que superada ha sido pospuesta. Enfrentado a un conjunto de opciones igualmente malas, Alejandro Encinas decidió no encarar lo inevitable y dejó para otro día la escisión formal del PRD, agrupación que desde hace buen rato se desplaza por dos carriles, tiene corrientes con objetivos diversos y hasta opuestos y encierra dos formas distintas de hacer política y de entender sus responsabilidades ante el país.

No sobra insistir en que todos los partidos, especialmente los grandes, se forman con varias corrientes de opinión y que éstas, en los asuntos cruciales, suelen conformar dos alas: una más o menos radical, respondona y peleadora, y otra conciliadora que suele tener el beneplácito de sus opositores. En el caso del PRD, la primera está conformada por todos los sectores que no se resignan a aceptar el cochinero de 2006, los militantes de barricada, los que están en el sol o bajo la lluvia, los de un día sí y otro también, los que aportan el esfuerzo y han puesto los muertos. La otra ala es la negociadora, la que privilegia los acuerdos y la blandenguería parlamentaria, la que se desplaza a bordo de automóviles lujosos y tiene celulares, choferes, Rolex, secretarias y guaruras, la que monopoliza los cargos y acumula riquezas escrituradas a nombre de la parentela.

El PRD, en el que conviven ambas tendencias, no ha podido resolver esa dualidad y los de abajo se sienten traicionados por sus parlamentarios y gobernantes, en tanto que éstos consideran el movimiento de masas apenas como un mal necesario, un irritante pero indispensable factor de negociación frente a sus pares, los políticos profesionales de la derecha, con los que siempre están dispuestos a entenderse, lo que no es precisamente censurable, si bien suelen hacerlo a costa de sacrificar los objetivos del movimiento de masas, lo que sí merece reprobación de la calle.

Las grandes formaciones socialdemócratas son exitosas porque impiden —o por lo menos lo pretenden— que el ala negociadora se separe demasiado del resto del partido. De alguna manera, el PRD se ha pasado sus veinte años de vida tratando de domeñar a sus fuerzas centrífugas, lo que en buena medida ha logrado, pese a la nutrida historia de abandonos y segregaciones.

Pese a todo, el fantasma de la división no ha dejado de pasearse por los pasillos de ese partido. Hoy, la imposición de su dirigencia por el Estado —el TEPJF pertenece a esa esfera—, con la decisión de Encinas de quedarse en el partido, no cancela, sino que apenas pospone la gran quiebra, pero lo cierto es que se aceleró la deserción hormiga. Lo ocurrido es un paso más en el camino de convertir al PRD en un nuevo PPS, en una izquierda cómoda con dirigentes impuestos desde afuera; en una oposición a la medida de los deseos y las necesidades de la derecha.

hum_mus@hotmail.com

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