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Cerezas para Aurora

Escrito por Salvador Camacho Sandoval | 20 de Noviembre de 2008 | Categorias: Actualidad | Tiempo de Lectura: 4m 45s | Leido 124 veces.

Me levanté temprano a trabajar en este cuarto frío que ya exige calefacción. En estos momentos Sofía, mi hija, ya va en su bicicleta rumbo a la escuela, contemplando el sol naciente y el Mar Mediterráneo. Reviso rápido mi correo en la computadora y mi hermano Fernando me ha escrito apresurado: “Por acá con la triste noticia de que murió Aurora Correa. Estaba en León, Gto., visitando a unas amigas, quizás también ‘niñas de Morelia’… Fue un infarto”.
La noticia me ha impactado. La muerte siempre acecha y no hay como contenerla. Ahora, “ahí está la poesía: de pie contra la muerte”. Había visto a Aurora en casa de Fernando y Araceli un par de días antes de venirme a Barcelona, precisamente a la tierra de Aurora, la del árbol de cerezas de su infancia que recordaba constantemente.
Cómo no pensar en ella, cuando le pedí a Araceli, a su “Jefa”, como ella le decía, que me la presentara, pues tenía muchísimas ganas de conocerla. Sabía que Aurora era una integrante del grupo de los 456 niños españoles que mandaron a México en 1937, durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, con la intención de protegerlo de las atrocidades de la guerra civil en su país. Por libros y conversaciones con viejos catalanes, yo conocía esa etapa de la historia de México y España y deseaba platicar largo y tendido con ella. Fui afortunado porque no sólo fue atenta, sino que, con el tiempo, cariñosa como pocos, me abrió sus brazos y me ofreció su amistad.
Nos entendimos bien, tan fue así que luego compartimos trabajo, cuando publicamos La vuelta a Aguascalientes en ochenta textos, un libro de crónicas que ella nos ayudó a corregir y en el que también escribió. Durante el diseño y cuidado de este conjunto de textos, tuve la oportunidad de estar en su casa varias veces y la impresión que me formé de ella fue la de una mujer independiente y generosa, la de una persona de corazón joven, intensa e inagotable. En su casa, pulcra, con detalles y llena de libros, me habló de poesía y de las aves que llegaban a su jardín, y supe del amor infinito a su hijo y a sus nietos, y a la vida.
Una reunión con ella y los amigos mutuos estaba pendiente, porque yo me venía a Barcelona y porque había que platicar de tantas inquietudes con “las Yolandas” y Víctor. El espacio fue otra vez la casa acogedora de Ara y Fernando; desde luego, con una carne asada; también estaba Carlos Alonso y su familia. Como siempre, ella tenía la palabra erudita y la inquietud de adolescente para estar opinando de casi todo. Sólo nos faltó cantar, porque seguramente ella tendría también canciones para compartir.
Barcelona siempre estuvo presente sin añoranzas lastimeras, sino con el aplomo de quien conoce sus raíces y sigue adelante. Luego de pasar por Morelia en su infancia y después en otras ciudades, llegó al Distrito Federal, donde logró tener esa visión cosmopolita que le conocí y admiré. Allí aprendió literatura y periodismo, y se rodeó de cultura y amigos que la quisieron siempre.
Aurora llegó a Aguascalientes a invitación de su hijo, pero cuándo años después, éste se mudó a otra ciudad, ella dijo “yo ya soy aguascalentense y de aquí no me mueven”. Me consta el cariño que le tuvo a Aguascalientes, en especial a la Alameda, a la que le dedicó más de un poema. Araceli me platicaba que Aurora casi no dormía y que leí bastante, por lo que de historia y cultura del estado sabía mucho más que los que allí nacimos. No pasó mucho tiempo para comprobarlo. Pero además de leer escribía literatura y me consta que lo hacía con cierta obsesión amorosa, era su pasión. Sé que dejó pendiente una novela como un espacio en blanco que nadie podrá llenar.
Recuerdo su último libro, Cerezas, una novela autobiográfica extraordinaria y conmovedora. En ella está escrita la vida de esa niña que llevaron a México, bajo la idea de que pronto acabaría la guerra para que de inmediato pudiera volver al lado de sus padres. Pero la guerra terminó en una larga dictadura y ella nunca regresó. El libro es la historia de vicisitudes y de esperanzas, pero lejos de asumir la actitud de tristeza y lamentación, la autora nos hace magistralmente una oda intensa a la vida.
Al leer su libro, y al conocerla, me provocó sentimientos extremos, me hizo llorar y reír. A la mitad de su lectura, estuve a punto de llamarle, de ir a buscarla, de abrazarla. Me dio ternura, me hizo enojar y me sentí orgulloso de tratarla; pero, como un trapo, su libro me zarandeó y apachurró el alma. Ella ahora no está entre nosotros, pero fuimos privilegiados al conocerla, siempre lo supe y le estaré inmensamente agradecido.
Me conmovía su activismo, ese que me gusta de algunos españoles de izquierda, que aún mantienen la dignidad y el compromiso con la justicia y el humanismo. Fue ella quien tuvo la iniciativa para solicitarle, exigirle, al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que muchos españoles que se vieron forzados a vivir en México merecían apoyo, y su petición, junto con la de otros, fue escuchada para beneficio de cientos de sus compañeros.
Aguascalientes y Barcelona perdieron a una gran mujer y nosotros perdimos a una extraordinaria amiga. Un gran abrazo para Juan Carlos, desde esta tierra del árbol de cerezas y de tus raíces. Nos queda su ejemplo: su vitalidad, alegría, optimismo y, sobre todo, su rebeldía indómita, esa que el mundo necesita en estos tiempos en los que parece predominar la apatía, la incertidumbre y la desilusión.

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Hay 2 comentarios

  1. Hola:

    Yo tambien fuí afortunada por que conocí a Aurora, su hijo Juan Carlos fue mi jefe los durante 11 años.

    En ese tiempo tuve la oportunidad de tratarla, cuando ella hablaba no había forma de no quedar encantado con su personalidad y sabiduría. Su presencia magnífica y sencilla a la vez, su palabra precisa, su dominio de cualquier tema, su forma crítica de ver la vida, toda ella completamente admirable.

    Este mundo pierde mucho cuando personas como ella dejan de existir.

  2. hola:
    antes que nada lamentamos la perdida de esta gran mujer señora AURORA CORREA, Nuestras condolencias a su hijo Juan Carlos Jauregui Correa .
    Mi madre doña Rosita como le decia la señora Aurora fue su ama de llaves durante mucho tiempo como no sentir dolor ante esta gran perdida no solo mexico sino españa su tierra natal, mujer de grandes cualidades humanas,sabiduria,presencia etc. mis ojos se llenan de lagrimas al estar escribiendo estas lineas, y evocar los recuerdos con la señora aurora, un gran ejemplo no solo para mi sino para muchas personas con quien tuvo contacto en vida .Hemos perdido mucho con la partida de este gran ser humano