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El avionazo y el test del cilindro negro

Escrito por Jesús Eduardo Martín Jáuregui | 12 de Noviembre de 2008 | Categorias: Itinerancia | Tiempo de Lectura: 5m 33s | Leido 79 veces.

(Acuso recibo.- Me escribe Orlando González Rivera al correo de esta columna: “yo esperé que comentara la última puntada de Luis Armando Reynoso, el nombramiento de Javier Ramírez Isunza como notario…. Su comentario sobre la muerte de Mouriño y Vasconcelos es de una gran soberbia (¿es usted panista?) Pareciera que cree que recibieron lo que merecían. Lástima.”)
La muerte nos acecha siempre, lo sabemos, lo disimulamos, lo queremos olvidar, pero allí está; pero también nos sorprende siempre, aunque la esperemos, aunque la invoquemos, aunque aparentemente la deseemos, porque en el fondo es la gran incógnita, dintel o confín, ¡he allí la cuestión!. No sabemos si la muerte es una experiencia o precisamente es el fin de toda experiencia. Los mexicanos, ahora los aguascalentenses nos hemos construido un mito a partir de mirar retrospectivamente algunas prácticas, algunas costumbres, algunos ritos, pretendiendo engarzarlas en el collar de la tradición que justifica cualquier exceso comercial y la incorporación de los elementos mas disímiles, siempre que sirvan al propósito fundamental, distraer, enajenar… pero la muerte, la de adeveras, si no para el ‘muriente’ o ‘morido’, si para los prójimos, es una experiencia terrible. Algunas muertes tienen la cualidad de sacudir hasta el tuétano conciencias. La de Kennedy, la de Allende, la del Ché. Algunas por las personas, otras por las circunstancias.
La muerte en circunstancias trágicas del señor Juan Camilo Mouriño y sus acompañantes en el último vuelo del Lear jet 45, sin la menor intención de pecar de falta de caridad, me parece que se ha magnificado por las circunstancias trágicas del país. La lucha frontal desencadenada, no sabemos si contra la delincuencia organizada, o contra algunas de las organizaciones delincuenciales, la crisis energética, que no bien festinábamos el acuerdo legislativo nos sacudía el desplome del precio internacional del petróleo y el repunte del costo de la gasolina en el país, la debácle de la economía mundial sostenida sobre un castillo de naipes que alguien o alguienes decidió o decidieron desestabilizar, la falta de ocupación que convierte al “presidente del empleo”, si se quiere circunstancial y ojalá que transitoriamente, en el “presidente del desempleo” y etcéteras, etceterotas y etceteritas . Si además le agregamos la cercanía del señor Mouriño con el señor Presidente de la República, no sólo de colaboración, sino de afectos y, quien lo duda, de intereses, y para acabarla de amolar, si consideremos el escepticismo crónico del mexicano acrecentado por siglos de esperanzas fallidas, de engañifas tortuosas, de frustraciones rotundas, tenemos todos los elementos para convertir un grave incidente en una tragedia nacional.
(Incinerador de basura.- Me sorprendió el exabrupto del Presidente Municipal de San Francisco de los Romo, criticando a los grupos ecologistas por no dar soluciones a los problemas del manejo de basura. Supongamos que no las dieran, a quien le pagan para buscarlas es a la autoridad, que con desplantes así, camina por el borde externo del autoritarismo.)
Edward de Bono es un científico inglés que ha escrito varios libros en torno a lo que el llama el pensamiento lateral. En uno de sus libros “Practical thinking” desarrolla toda una teoría a partir del planteamiento de un problema a un grupo de mil universitarios ingleses. El planteamiento es muy sencillo: Sobre una superficie blanca se encuentra asentado un cilindro negro, de repente el cilindro cae, ¿Por qué se cayó?. Si es gustoso, amable lector, puede cavilar su respuesta para el problema. La solución la encontrará al final de esta columna.
En torno a la muerte del señor Mouriño, la voz popular ha dado rienda suelta a su imaginación. Las explicaciones van en un continuo, en el que en un extremo se encuentra la del mas simple “accidente” y en el otro la del mas siniestro complot con dos vertientes, una el “homicidio”, otra la “desaparición”.
Algunas explicaciones de la tesis complot pueden parecer descabelladas, como la que afirma que la maquinación para hacer aparecer el homicidio como un accidente se gestó dentro del propio gabinete, o como la que supone que se trataba no de desaparecer al señor Mouriño, sino de simular su desaparición para liberarlo de las investigaciones, reales o supuestas, que llevaría a cabo el Gobierno Español de su inexplicable riqueza familiar. Existe también la especie de que el desenlace fatal fue la consecuencia de la pugna entre las cabezas visibles del combate a la delincuencia y que tenía por objetivo al señor Santiago Vasconcelos, sólo que los otros siete del vuelo y las decenas de abajo, tuvieron la mala suerte de estar en el lugar y momento fatales. La tesis mas socorrida en la vertiente homicidio es la de la venganza de la delincuencia organizada, ya sea contra uno u otro de los viajantes, aunque prevalece la idea de que se trataría de una advertencia al Presidente, si lo podemos hacer con el segundo, lo podríamos hacer con el primero.
La forma de realización de la tesis homicidio ha dado vuelo a la imaginación. Hay quien afirma que la comida o la bebida de la tripulación se encontraba envenenada con un veneno cuyos efectos estarían calculados para actualizarse durante el vuelo. Otros aseguran que existió un artefacto pequeño como una pluma o un puro que se activaría al cambiar la frecuencia del radio al acceder al control del aeropuerto de la ciudad de México, y despediría un gas que afectaría a los pilotos provocando el desplome de la nave, los restos del gas por supuesto desaparecerían por la combustión. La tesis del misil tierra aire tiene pocos adeptos pero hay algunos que sostienen que la caída del avión fue provocada por un rayo láser disparado desde un satélite controlado por la CIA. Sólo faltarían dos hipotéticas explicaciones del complot homicida, la de Jaime Mausán atribuida a la acción de extraterrestres y la de la Paca, que habría causado un daño mediante un conjuro mortal.
Edward de Bono afirma que ante un problema como el del cilindro negro sólo son correctas dos posibles respuestas: no me importa o no tengo suficientes elementos. Sin embargo 998 personas tratan de encontrar una explicación a un problema que no la tiene con los elementos de que se disponen.
El dolor evidente del Presidente de la República no ha sido óbice para que se dé, como nunca, una cobertura y una apertura prácticamente total a los datos de la tragedia. Parece ser que lo razonable sería esperar a contar con mas elementos antes de apuntar tesis descabelladas, sin sustento, que no abonan nada a la unidad, que hoy más que nunca, deberemos buscar los mexicanos.
(¿Se acuerdan de la cero tolerancia?.- Había una vez un reino en donde se quiso implantar…)
Red, http://itinerancia.blogspot.com

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Hay un comentario

  1. Usted lo ha dicho, 998 personas tratan de buscar la solución al problema en base a los elementos con los que cuenta… y las seguirá buscando porque lo más posible es que no pueda allegarse de más elementos en el caso específico de Camilo Mouriño, léase INFORMACIÓN RESERVADA.

    La posibilidad que me parece menos descabellada es la de que, el fantasma de Don Lázaro Cardenas, se haya manifestado en la Fuente de Petróleos y jalado la “avionetita” en picada… o en barrena, ya da lo mismo. (Esta posibilidad no es de mi autoría, pero no puedo negar que resulta por demás convincente). ¡Saludos!