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Volando con el enemigo

Escrito por Guillermo Macías y Díaz Infante | 5 de Noviembre de 2008 | Categorias: Las XII Tablas | Tiempo de Lectura: 4m 53s | Leido 63 veces.

El país está bajo el avasallador poder corruptor y criminal del narcotráfico. Sin que lo podamos afirmar tajantemente, la caída del avión (o de sus pedazos) ayer sobre uno de los cruceros más importantes de la ciudad de México, apunta claramente a un crimen detalladamente planeado y rigurosamente ejecutado. El mismo Presidente de la República, en su mensaje desde el hangar oficial, sin decirlo expresamente, dejó clarísima dicha posibilidad, la más lógica entre las posibles.

Todo parece indicar que estamos efectivamente ante un acto de sabotaje, con propósito criminal y no sólo ello, sino más aún, con ánimo terrorista; desde luego, producto de la acción de narcotraficantes. El segundo de ese tipo, en menos de cuarenta y cinco días, después de las granadas de Morelia, pero éste, sin menospreciar a los muertos y heridos del 15 de septiembre pasado, es de mayores proporciones, de mucho mayor trascendencia.

Escribo estas reflexiones sobre la caída del avión oficial mexicano, según la información públicamente disponible hasta las 19.30 horas del 5 de noviembre y de conformidad a información que me ha sido proporcionada por personas de amplios conocimientos y gran experiencia en la aviación.

Según los propios y reiterados informes oficiales, el avión volaba en condiciones normales de aproximación al aeropuerto capitalino. Altura, velocidad, ruta. Además, la tripulación no había reportado, a lo largo del vuelo, ninguna incidencia, nada que hiciera pensar en alguna falla. Además, la aeronave era relativamente nueva, sin que hubiera reportado fallas con anterioridad a ese vuelo.

De haberse tenido fallas, la tripulación habría tenido oportunidad de optar por un descenso en Querétaro o en aeropistas o aeropuertos alternos al capitalino, tales como Pastejé, Atizapán o Toluca.

Además de lo anterior, ese tipo de avión tiene doble posibilidad de tripulación. En caso de fallar algún instrumento, entraría en funcionamiento otro igual. Todo lo que puede accionar el piloto, lo puede accionar el copiloto. Son instrumentos y mandos duplicados en el avión, precisamente para que en caso de falla de uno, hay otro disponible.

Por otra parte, al avión le quedaban más o menos cinco minutos de vuelo a partir del último VOR (emisor desde tierra de ondas radiales para la navegación aérea), el cual registró todo en orden a bordo del avión. Si a partir de ese punto (el cual el avión lo pasó a una altitud de quinientos metros sobre la superficie del suelo) hubiera habido fallas que hubieran puesto en peligro el vuelo y que hubieran ocasionado que el avión perdiera altitud –aún súbitamente- la tripulación habría tenido tiempo más que suficiente para lanzar el may day –voz de alarma-, que sería captada por la torre de control y por toda aeronave en los alrededores, debiendo entonces todos los aviones cesar sus comunicaciones radiales para dejar libre la comunicación del avión en peligro. El avión tiene doble radio, para el caso de falla de uno. Por lo tanto, la imposibilidad de comunicación radial era remotísima.

Los tiempos son importantes. De haber habido fallas, la tripulación podría haber dirigido el avión hacia afuera del área urbana. Esto es de elemental sentido común para estos pilotos. Pretender que quería aterrizar en el Periférico es más que infantil.

No obstante lo anterior, no hubo reporte alguno de fallas; no hubo llamada de emergencia. El avión desapareció súbitamente de la pantalla de radar de la torre de control.

Por todo lo anterior, es prioritariamente presumible que el avión fue objeto de una acción criminal.

Efectivamente, pudo haber explotado por un artefacto colocado a bordo en San Luis Potosí –o antes- y programarlo para determinada hora o hacerlo estallar a través de señal electrónica. La intercepción de la comunicación del avión, para detectar su ubicación no es nada difícil con las comunicaciones actuales. Cualquier computadora conectada a internet, con el software necesario, que se baja de la red, lo puede hacer. O también con aparatos de escaneo de la señal.

Pudo haber sido también blanco de un disparo desde tierra, con alguna arma de fuego; técnicamente es posible “tumbar” un avión de ese tipo, a esa altura, con un disparo de bala y más con las armas como las que usa la delincuencia organizada.

Otro factor que hace presumir la explosión son los restos del mismo. Todo lo mostrado en las escenas de los medios y en las tomas de particulares por medio de todo tipo de cámaras, visibles ya en internet, no muestran en lo absoluto grandes partes de la aeronave, tal como acontece en los casos cuando un avión se estrella en tierra; siempre quedan grandes partes de fuselaje, las alas y casi siempre la cola completa. En el evento de ayer, sólo quedó pedacería de fierros retorcidos. Hay testimonios ya públicos que señalan la caída de restos humanos desde el aire.

La verdad de lo acontecido no podrá ser fácilmente ocultada en este asunto. La primera interesada en determinar lo acontecido con toda certeza es la fábrica del avión. En caso de ser falla técnica, inmediatamente ordenan a todos los aviones de su tipo, que se mantengan en tierra hasta su revisión, reparación o sustitución de partes. Esta verdad podrá ser consultable, en su momento, inclusive en revistas americanas de aviación.

Si se confirma la acción criminal –posibilidad nada remota y la más lógica y viable- estaremos ante el caso de penetración más trascendente y grave de la delincuencia organizada en las estructuras públicas, para afectar al aparato gubernamental. Ya mataron al segundo de a bordo. No tienen límite. El poder corruptor del narco-dinero, todo lo compra. ¿Podrá estar seguro el Presidente? ¿El avión presidencial? ¿Estará volando con el enemigo?

Por lo pronto, ya nos vamos. Seguiremos escribiendo, si Dios nos da vida y otros no los la han quitado.

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