Necaxa: ser poco el amor y desperdiciarlo en publicidad estática
Escrito por Darío Zepeda Galván | 5 de Noviembre de 2008 | Categorias: Sobremesa | Tiempo de Lectura: 8m 52s | Leido 168 veces.
Cada vez estoy más convencido que el problema del gobierno de Luis Armando Reynoso y gente que lo acompaña es aquel que le espetó Jorge el Bueno a Pedro el Malo, en Dos tipos de cuidado, no es que sean malos, es que son maletas. Y el asunto del Necaxa es una magnífica demostración de cómo ni siquiera en lo que realmente se proponen (es decir, no en lo que nos dicen que se proponen, sino lo que está detrás de sus acciones) saben como llevarlo a buen término. No voy a dedicar mucho espacio para convencerlos de que desde su estancia en la presidencia municipal, LARF y Cia. han querido utilizar al Necaxa y al futbol en términos generales para ganar simpatía política y legitimidad entre “la gente de a pie”, me parece que es cosa más que sabida, más aún tomando en cuenta que son ustedes lectores de Crisol Plural, pero si faltara algo para convencerlos, bastaría con apuntar a la porra Súmala, una porra para apoyar al Necaxa apoyando a Luis Armando. Y no digamos más del asunto.
Aquí lo interesante es tratar de entender cómo fue que el asunto del Necaxa pasó de ser una gran idea política a una carga y una constante molestia, como el asunto con el periódico Reforma prueba. Ciertamente al principio todo era miel sobre hojuelas, el flamante estadio con nombre concesionado estaba lleno a reventar, se instalaba una escuela del Necaxa (¿O del gobierno con nombre del Necaxa? A estas alturas es imposible saberlo) el equipo se ponía “Hidrorrayos”, el gobernador les decía a los niños que le fueran al equipo de Televisa y etc… Ahora, la cosa ha cambiado ligeramente: el equipo es el peor del campeonato nacional, peor aún que el poderoso equipo de los Indios de Ciudad Juárez, para que se den una idea, el estadio luce cada vez más vacío y encima los periodistas del D.F. vienen a darle lata al gobernador por andar comprando publicidad de más en el estadio Victoria. Agréguenle a todo esto el hecho de que, como se está jugando, las posibilidades de que los rayos logren arrebatarle el descenso al Puebla la temporada que viene son inmensas y que esto conllevaría, entre otras desagradables situaciones, el que el estadio regresara a control del municipio y que, seguramente, la franquicia emigre en busca de pastos más verdes.
¿Qué pasó? ¿Cuándo se fue el gozo al pozo? ¿Es por culpa de la directiva? ¿De los jugadores? Me parece que aquí es donde entra en acción la maletería de los encargados del equipo, que, habrá que recordar, se alternaron entre gente de Televisa (Pérez Teuffer) y gente de Luis Armando. Su problema se puede reducir a una sencilla oración, de la cual se desprenden todos los demás problemas, y es que ni Luis Armando Reynoso, ni su gente, ni ciertamente los actuales directivos de Televisa (aunque eso es harina de otro costal) entienden de qué se trata el futbol. O peor aún, piensan que entienden de que trata el futbol. Pero en esto, como en la política pública, el urbanismo, la economía y en general casi todas las materias en que se han desarrollado, lo que saben, o creen que saben, tiene poco que ver con lo que realmente ocurre “allá afuera”.
No sé si es mala suerte, mala elección, malas compañías, o lo que sea, pero el hecho es que los panistas siguen aquejados por malos consejeros, las ideas brillantes por las que están pagando millones de pesos, se suelen escuchar seductoras e intrigantes, pero al final del día resultan estar poco fundamentadas y terminan como tiros megalomaníacos que terminan saliendo por la culata. Al menos en el caso del futbol me parece que es más que evidente este manejo. A alguien le pareció que era una buena idea traer un equipo de primera división a Aguascalientes, aprovechando que Televisa ya no sabía que hacer con el Necaxa, para apuntalar la figura de Reynoso Femat en la búsqueda por la gubernatura, y, una vez instalado en ella, para “redondear” su imagen como alguien a quien se le debe la existencia de futbol de primera división en el estado.
La idea es poco original, y la lista de gente que la ha llevado a cabo es larga y gloriosa, además de variopinta, pues va de Evo Morales a Benito Mussolini, pasando por Franco, Mitterrand, Lula da Silva y Videla, por mencionar solo algunos. El grado de éxito con el que la han podido llevar a cabo depende de varios factores, todos ellos asociados con la premisa de la que ya hablé, esto es, la posibilidad de entender que es lo que la gente ve en el futbol. Seguro estoy que los asesores de LARF, panistas o niños bien (valga la redundancia), le vendieron las cuestiones del “pan y circo” y toda esa parafernalia y supusieron -como suelen hacer- que siempre y cuando halla suficiente inversión en publicidad, no importa en absoluto la calidad del producto. Esta es la máxima del gobierno panista, en lugar de solucionar un problema, hay que pagar muchos comerciales diciendo que ya lo solucionamos, luego la gente lo cree y entonces ya no nos preocupamos del problema. Supongo que es más sencillo que funcione esta estrategia cuando se trata de cuestiones oscuras y misteriosas como el presupuesto o alguna ley, que por su propia naturaleza resulta difícil que alguien diga si realmente están funcionando o no. Pero con un equipo de futbol, gastar dinero en publicidad estática o mantas espectaculares afuera del estadio no va hacer, me temo, que el equipo ya no digamos juegue bien, sino simplemente gane (y estoy seguro que esto resultará un shock para muchos asesores).
¿Cuál es la parte del juego que no han entendido los responsables del lamentable estado en que se encuentra un equipo que ya de por sí era lamentable para empezar? La parte que está más allá del dinero de la taquilla, la venta de playeras y los derechos de transmisión, la parte de cómo se crea una afición, o incluso, cómo saber inventar una tradición (ya que también se han mostrado bisoños al intentar inventar tradiciones como el Cristo Roto o el Festival de las Calaveras). Para poder inventar exitosamente la tradición del Necaxa en Aguascalientes, los involucrados tenían que haber entendido al menos dos cosas: Uno, para que la gente siga a un equipo, este tiene que tener un significado para los aficionados, y entre más abierto y más incluyente sea este significado, mayor será la afición (ejemplo: Chivas); Dos, que este significado puede encontrarse sobre todo en tres sentidos, a saber: representatividad local o regional del equipo, identificación con los héroes del conjunto, identificación con “la idea” con la que juega el equipo.
¿Qué de todo esto le ofreció la directiva y el patronato de futbol a la afición de Aguascalientes? Vayamos de atrás para adelante, la idea con que juega el Necaxa, su “estilo de juego” ¿Le dice algo a la gente de aquí? Pues sí, esencialmente le dice “no vengas al estadio”, la selección de jugadores, pero sobre todo de entrenadores, no han logrado quitarle de encima a este equipo el estigma de jugar estilo Manuel Lapuente, todos atrás, a ver si se mete un gol de contragolpe y después a volver a defender (Línea de 9, la llama Roberto Hernández Jr.), y ese estilo es difícil de aceptar aún en una sociedad tan conservadora como la nuestra. En cuanto a los héroes, la situación del Necaxa como equipo a donde va a parar todo lo que el América no quiere, y en dirección contraria, lo que funciona en aquí, se va para América (o San Luis), es fácil de entender porqué no ha surgido ninguna figura con la que los aficionados se pueden identificar.
Y la parte más importante, no han sabido como hacer que el Necaxa represente a Aguascalientes, queriéndose ver muy astutos, los genios de la mercadotecnia estatal han hecho todo lo posible para que la imagen del Necaxa quede amarrada a la imagen de Luis Armando Reynoso, con tal mala suerte que lo han logrado. Así, en lugar de tener un equipo que represente algo incluyente y general, se tiene un equipo que representa a alguien excluyente y muy particular. Digo, no es por dudar de la popularidad del primer mandatario estatal, pero no creo que la mayoría de los aguascalentenses sientan que la sonriente imagen de Luis Armando es la viva representación de lo que es ser aguascalentense. Aquí es donde han hecho todo al revés, en lugar de hacer que la franquicia se adapte a la ciudad (como en Chiapas, en donde este mismo juego se llevó a cabo con éxito), quisieron obligar a que la ciudad se ajustara al equipo, haciendo la única concesión del mote de “Hidrorrayos” que ni siquiera se les ocurrió a ellos, si hay que creerle al líder de la porra Prau –Prau, que reclama su invención (y yo le creo).
Por eso está cada vez más vacío el estadio. La gente no va al futbol nada más a ver gente pateando una pelota, va al estadio a sentirse representado, a sentirse parte de una comunidad, y el gobierno del estado (¿o es el patronato de futbol? ¿No les digo?) en lugar de esto ofrece publicidad de Gobierno del Estado y mantas inmensas con el rostro de Luis Armando (claro, antes de que no se permitiera este tipo de publicidad), un equipo que se precia de seguir siendo el mismo que era cuando estaba en el Distrito Federal, y mantas que hablan de “los once hermanos del merito Aguascalientes”. Señores, así no se hace. Ya ni siquiera tienen la excusa del San Luis, que a falta de buen juego tiene la ventaja de que a) dice “San Luis” en el nombre del equipo y b)ya ha llegado a una final y está en primer lugar actualmente. Cierto que la gente de pantalón largo no juega en la cancha y no puede ganar campeonatos, pero puede ayudar a construir todo el mito alrededor de un equipo. Aquí, no han podido, no han querido, no han sabido, elija la que prefiera (yo elijo todas las anteriores).
Se dirá que al fin y al cabo ya consiguieron con el Necaxa lo que querían. A lo que yo respondo, pues con que poquito se conforman. La idea y el significado que se pueden conseguir con un buen trabajo atrás de un equipo de futbol puede redituar para mucho más que una gubernatura, pero para eso faltarían dos cosas, que al parecer no abundan tanto como las palmeras en las calles, a saber: imaginación e investigación. Pero en esto, como en otras tantas cosas, el gobierno del estado prefiere echarse hacia atrás, no proponer el juego, dedicarse a cuidar una mínima ventaja y olvidarse del buen juego, es decir, el gobierno se necaxea.
Y eso tiene que ser algo malo.










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