Con Obama, bienestar común, no sujeción
Escrito por Jesús Ortega Martínez | 4 de Noviembre de 2008 | Categorias: Trinchera | Tiempo de Lectura: 2m 51s | Leido 58 veces.
Todo parece indicar que en las elecciones de este martes donde se elegirá al próximo presidente de Estados Unidos, el ganador será el senador por Illinois, Barack Obama. De confirmarse la tendencia de las encuestas por primera ocasión en la historia de esa nación tendrán un presidente de origen afroamericano.
Esto para algunos analistas podría resultar intranscendente, pero se equivocan, porque el hecho mismo abrirá una nueva etapa, una nueva era en la vida política de ese gran país del norte. Pero las implicaciones no solamente serán de carácter cultural, puesto que ciertos sectores en Estados Unidos se han caracterizado durante mucho tiempo por aplicar el racismo; donde, por el origen y por el color de la piel, todavía se discrimina a una parte importante de la población; donde un número importante de los electores mantienen visiones conservadoras acerca de que este país solamente puede ser gobernado por hombres de raza blanca. De este modo, el hecho de que Obama gane las elecciones se convertirá en un hito de carácter histórico a no dudar.
Ojalá, este hecho, que rompe con esquemas y con visiones conservadoras, también se traduzca en una nueva relación de Estados Unidos con sus vecinos del sur.
Tradicionalmente la relación de Estados Unidos con América Latina ha sido una relación de imposiciones, agresiones y relaciones condicionadas especialmente al interés estadunidense. Con Obama, hay expectativas de que podría ser diferente y que la relación con México, Centroamérica y con los países de América del Sur, debería ser no solamente una relación de iguales, sino una relación de vecinos que comparten un futuro y un destino que, a su vez, los lleve a ser sociedades democráticas; pero también, por supuesto, sociedades donde se ejerzan libremente los derechos humanos, donde se pueda propiciar y garantizar bienestar, empleos, ingresos suficientes para las familias de los estadunidenses y de los latinoamericanos.
Con México, históricamente, nuestra relación es estrecha e intensa: mantenemos hoy no solamente un Tratado de Libre Comercio, el cual provoca que una parte importante del comercio norteamericano se establezca con México y cerca de 80% de los productos mexicanos se comercialicen en el mercado de EU; sino también tenemos una relación en la que una parte muy significativa de mexicanas y de mexicanos están trabajando en Estados Unidos.
Nuestros compatriotas seguirán migrando hacia ese país para buscar un empleo y un ingreso digno, millones de mujeres y hombres mexicanos viven en Estados Unidos, trabajan en ese país, pero mantienen indestructibles sus vínculos y sus raíces con México. Esa relación, ese vínculo entre los migrantes y el país del norte debería también ser un elemento para que Obama compartiera y entendiera la necesidad de mejorar las relaciones políticas y económicas con nuestro país.
La mejor manera de evitar que continúen migrando mexicanas y mexicanos al norte es a partir de que México logre tasas de crecimiento superiores a las actuales, consiga la creación de empleos suficientes para los jóvenes mexicanos y con eso detener un traslado que pone en riesgo su vida.
En fin, hay muchas circunstancias que, si son atendidas adecuadamente por Obama, por los demócratas, pueden hacer que las relaciones entre Estados Unidos, México y América Latina mejoren; sean relaciones de amistad, sociedad, de bienestar común y no de sujeción como ha sido hasta el momento.
ortegamartinezjesus@hotmail.com










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