¿Quienes somos; quienes queremos ser?
Escrito por Carlos Reyes Sahagún | 3 de Noviembre de 2008 | Categorias: Recuperando Aguascalientes | Tiempo de Lectura: 2m 32s | Leido 68 veces.
Generalmente las celebraciones que conmemoran la firma del documento que dio existencia legal a Aguascalientes se caracterizan por una complacencia en la que resulta notable la ausencia de cualquier cuestionamiento. Es, lisa y llanamente, el gozo que nos produce existir, y ser lo que somos, así, sin más ni más.
Pero este año, al margen de la sesión solemne del Cabildo y del ruidazo idiotizador que se organizó en la Plaza de Armas, que hizo bailar a las torres de catedral, y no precisamente de gusto, las celebraciones del 433 aniversario incluyeron un evento excepcional, el Coloquio Identidad Aguascalentense: pasado y presente, que tuvo lugar las mañanas del jueves y viernes 16 y 17 de octubre en el Archivo General Municipal, y que fue organizado por el Instituto Municipal de Cultura.
Aunque en rigor no hay una sino muchas identidades aguascalentenses, que dependen desde la edad hasta el lugar donde se vive, pasando por la educación, el trabajo, etc.
Por desgracia no me fue posible asistir a todas las sesiones, pero tuve la oportunidad de escuchar a Genaro Zalpa, Silvia Bénard, María Eugenia Patiño, Felipe Reyes Romo y Enrique Rodríguez Varela, quienes reflexionaron sobre alguna dimensión de las identidades aguascalentenses, en un ejercicio muy estimulante que valdría la pena, no sólo profundizar, sino ampliar a públicos diversos a los que tradicionalmente asisten a estos eventos, esto nada más para no echarle tanta crema a los tacos.
Me parece que, pese a sus diferencias, los trabajos expuestos tuvieron algo en común: aportar elementos para conocernos un poco más y mejor, a partir de las preguntas que guiaron el evento, y que dan título a estas líneas: ¿quienes somos; quienes queremos ser?
No son cuestionamientos irrelevantes, sobre todo teniendo en cuenta la falta de autocrítica y la satisfacción que se respira cuando pensamos la ciudad y sus asuntos; nuestras maneras de ser, y que contribuyen a disimular aspectos negativos, y a generar una visión idílica de Aguascalientes que difícilmente resiste la prueba de fuego de la cotidianeidad y que, peor aún, determinan de manera negativa algún aspecto de nuestra conducta. Pruebas de ello son, por ejemplo, aquella manida divisa de la tierra de la gente buena, la Atenas de México, etc.
En última instancia me parece que una visión enriquecida del asunto, más objetiva, si esto es posible, tal vez nos pondría en otra sintonía, más sensible y dispuesta a participar de manera más fecunda en los asuntos de la comunidad, y a erradicar prácticas de las que tal vez por esa complacencia ni siquiera nos damos cuenta, pero que niegan en los hechos lo que afirman en el discurso.
Por eso me parecen interesantes ejercicios como este, en un campo de investigación social que apenas comienza a desplegarse, y en el que hay mucho por hacer.
En el mediano plazo el coloquio trascenderá con la publicación de un libro que, espero, tenga la debida difusión. (Sus comentarios relacionados con esta columna puede dirigirlos a migrante@mexico.com).










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