La educación bien vale una Hummer
Escrito por Jesús Eduardo Martín Jáuregui | 15 de Octubre de 2008 | Categorias: Itinerancia | Tiempo de Lectura: 5m 50s | Leido 84 veces.
Para Juan Pablo de Ávila, que probablemente nunca tendrá una Hummer.
(Pedro Rivas Cuéllar, entre Pedrito y Don Pedro.- Es curioso, pero no recuerdo haber escuchado que alguien se refiriera al señor Rivas Cuéllar por su nombre, a no ser por carta, siempre fue Pedrito o Don Pedro. No es fácil que una misma persona encarne y por lo mismo suscite la bonhomía, la cordialidad, la sencillez, la ecuanimidad, el espíritu de servicio, la devoción al trabajo, la disposición para innovar. Para Aguascalientes Pedrito, Don Pedro fue un ciudadano ejemplar, como emprendedor logró consolidar un complejo de comunicación, en la función pública entendió y practicó plenamente el concepto de servidor, en las funciones honorarias se empeñó como si fueran propias o remuneradas. Hace apenas unos días al recibir un homenaje por sus noventa años, rodeado de su familia con toda sencillez decía, “yo todo lo que he hecho es trabajar pensando en servir”. La sociedad de Aguascalientes se duele de haber perdido este trabajador, sencillo, honrado, productivo y ejemplar.)
Ora que me entero que la Maestra, (-¿Cuál maestra?- pregunta mi diablillo de la guarda que mira por encima del hombro lo que escribo, -¿Cómo cuál? la líder moral y presidenta perpetua del Sindicato Nacional de la Educación, la señora Elba Esther Gordillo-, mordaz el demonillo me espeta - Déjala en “seño”, que el título de “señora” es muy respetable y el de “maestra”, estaría por verse, porque has de saber que no tiene cédula profesional pero ya nos aclaró el Profesor Trujillo aquí en Aguascalientes, lo complicado que es averiguar si una cédula es auténtica, y hasta donde se sabe tener yate, casa de descanso en una marina de La Jolla, California, y disponer de cuerpo y alma de tantos maestros, lo que provoca la envidia de mi jefe el mismísimo Belcebú, no la convierte en maestra-, incómodo porque finalmente tiene razón, no le contesto y retomo este articulejo)…
Ora que me entero que la “seño” Elba Esther decidió obsequiar a los líderes de las delegaciones del SNTE sendas y flamantes camionetas Hummer de color naranja, no pude menos que pensar en tantos y tantos maestros que en la historia, triste historia de este triste país, (que conste que lo digo no por ofensa, sino por compasión) a pie, en bicicleta, en camión, se han dirigido a cumplir con una tarea vocacional que estaba más allá de la ostentación, del relumbrón o para decirlo en una palabra tan mexicana, el agandalle.
Me dio tanto coraje que no terminé de leer los pormenores, pero algunas cosas me quedaron bien claras, las camionetas permanecerían a nombre del SNTE y no pasarían a propiedad de los líderes, y aunque no recuerdo bien su número, si sé que fueron más de cincuenta y que valen cerca de cuarenta mil dólares. No faltó quien recordara que cuando se compran por flotilla, sobre el precio de lista se suelen hacer descuentos del doce por ciento, peso más, peso menos, lo que significaría la posibilidad de una jugosísima comisión, que para los ingresos que le atribuyen a la “seño” no significarían gran cosa, pero que no vienen mal, porque con ello se puede pagar otra restiradita, o de perdida una temporadita en alguna de esas clínicas búlgaras que rejuvenecen viejitos.
Escuché también críticas acerbas, las más suaves, señalando aparte del despilfarro, el mal gusto. Con ese dinero se podría adquirir un Lexus, quizás un Jaguar, pero en fin, qué se la va a hacer. Basta con mirar a la “seño”, sus desesperados esfuerzos por tratar de aparecer menos decrépita, sus atuendos, (¿qué quieren?, ropita buena, pero le relincha), su comportamiento todo. Lo que natura non da, Salamanca no presta, mucho menos cuando no se estuvo en Salamanca, ¡Qué caray!
No faltó alguien, en mi grupo de contertulios cafeteros, que recordara que muchos gobiernos no enteran las cuotas sindicales a las delegaciones, sino a las mismísimas oficinas de la “seño” en el Distrito Federal, y que ella, como gente de horca y cuchillo reparte según su arbitrio y ya se sabe que el que parte y comparte, se queda con la mayor parte. Me dicen que hay un contubernio tenebroso entre varios gobiernos y la lideresa perpetua y moral por el que se intercambian favores, manteniendo controlados, por no decir sojuzgados a tantos y tantos maestros que para poder subsistir con un mínimo de decoro, tienen que recurrir a dobles chambas. Porque las dobles plazas, las comisiones, los estímulos, etc., también pasan por el visto bueno de la moral y perpetua lideresa.
Se dijeron cosas más graves, que constituyen imputaciones que tienen que ver con desaparición de personas y que solo las señalo por no dejar, pero que si Ud. amable lector ha seguido con más o menos interés los conflictos magisteriales, sabrá de que se trata. Y aunque en Aguascalientes, por obra y gracia de los señores Diputados desapareció el delito de difamación (¡Ah, qué diputados, tan trabajadores!, ¿Por qué mejor no se toman unas vacaciones?), más vale manejar cierta mesura.
Por más vueltas que le daba a las Hummer, no me acababan de convencer. No me podía imaginar al profesor Peralta en una Hummer con Conchita Maldonado de copiloto. ¡Vamos, ni siquiera me podía imaginar a mi padrino el Padre Díaz piloteando su Hummer con un letrero que dijera “gutta cavat lapidem”!, desde luego los llamados malamente “millonarios de Cristo” tendrían mejor gusto y las carísimas hermanas de algunos colegiones de confesiones religiosas preferirían una suburbana.
¿Pero a quién se le ocurriría semejante barbaridad? ¿Quién pudo sugerirle a la “seño” semejante puntada? Finalmente, le cuelgan muchos milagritos, pero es vivilla, demasiado vivilla.
Ocupado en esas cavilaciones que me topo practicando el “zapping” con una entrevista de la “Maestra Elba Esther Gordillo” y se hizo la luz. Sólo mentes perversas pudieron creer que se trataba de un acto de corrupción. Se trata no de una crítica, a la cual la Maestra respeta, sino de una campaña orquestada en contra no de su persona sino del Magisterio. ¿Por qué razón los líderes sindicales no tienen derecho a utilizar un vehículo de moda, que además es apto para el servicio todo terreno? ¿Por qué razón un líder sindical no puede traer un vehículo blindado, si ella misma usa constantemente uno, aunque sin “guaruras”? ¿Por qué un líder sindical no puede tener estímulos hummerianos? Y más aún, para exhibir la crítica insana, ahora no se las van a entregar a los líderes, sino que se rifarán para con su producto mejorar las delegaciones sindicales.
Más deslumbrado y más arrepentido, ni san Pablo camino de Damasco. Públicamente me desdigo, y afirmo que después de la madre Teresa de Calcuta, solo la lideresa moral y perpetua.
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