Que se mueran los feos

Escrito por on sep 22nd, 2008 y archivado en Miscelánea. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

1189184536_0 ¿Matar o no matar esa es la cuestión?, diversas son las opiniones para el tema de la Pena de Muerte, pero son solo dos posturas las que, finalmente se discuten, estar a favor o en contra.

No encuentro una razón válida para proclamar la pena de muerte, al considerar que en ningún momento, con la aplicación de la misma, se vaya a obtener el resultado deseado: eliminación de la violencia y la inseguridad. Vamos ni siquiera sirve de atenuante para que un malechor decida no cometer determinados delitos.

La pena de muerte ha existido casi desde los principios de la humanidad, sino es que a la par de ella, y en las diversas culturas, basta con hacer un poco de memoria y lograremos ver que desde la Roma antigua, hasta la floreciente Tenochitlán, ha estado presente dicha sanción o pena capital.

En Roma el primer delito castigado con este tipo de pena, lo fue el perduellio (delitos de alta traición a la patria), más adelante en las conocidas XII Tablas se reglamentó para otros delitos, convirtiéndose en la pena imperante. Pasado un tiempo cayó en desuso y con la era de los emperadores fue reestablecida. Al llegar el cristianismo se sentaron las bases de las tendencias abolucionistas de esta sanción, como consecuencia de la predicación del amor al prójimo y la divinidad de la vida, aunque la Iglesia no ha fijado una postura clara al respecto de la pena capital, peros sus fundamentos dan base a la eliminación de la condena capital.

Entre las sociedades precolombinas es sabido que se aplicaban penas consistentes en causar tormentos al supuesto delincuente hasta tal grado que le provocaban la muerte. Los aztecas contaban con leyes que se caracterizaban por su estricta severidad, entre las cuales se encontraba, la lapidación, el descuartizamiento, la horca y la muerte a palos o a garrotazos. Los tarascos y los mayas no se quedaban atrás y también la imponían para el delito de adulterio.

Con todo esto no pretendo venir a dar clases de historia ni mucho menos, simplemente poner en conocimiento de que la pena de muerte ha existido y que no se ha logrado eliminar el mal que nos aqueja de inseguridad y violencia.

La explicación para esto no se encuentra en decir que existe un “gen maligno” que hace actuar a una persona de una manera considerada como anti social, en cambio me parece más acertado decir que es la propia sociedad la que genera a sus delincuentes, que es la sociedad en su conjunto la que ha fallado. La que ha hecho que unos cuantos “desvíen” su conducta.

El que delinque de manera racional no lo hace pensando en la pena que se le impondrá, evalúa los costos y beneficios y considera que a él no lo van“agarrar”, lo mismo le da que el delito esté tipificado y que la posible sentencia sea de 10, 20 o 40 años, incluso le da igual si existe o no la pena de muerte. No es un disuasivo esto señoras y señores, ya que es un hecho que existe un gran alto grado de impunidad, el tipo de delincuente común se la juega a que no lo “cachen”. La pena de muerte no sirve para desalentar la comisión del delito más doloroso que se pueda imaginar, por más indignación social que haya, mientras la impunidad sea la norma y no la excepción.

Como dijo Raúl Trejo Delarbre en su artículo “Pena de muerte, jugar con fuego” publicado en el diário La Crónica el 7 de agosto de 2008: “La mano dura es recurso de las sociedades desesperadas. Cuando un dirigente político propone medidas como esa, es porque tiene vocación totalitaria o simplemente porque se trata de un demagogo. Pero aprovecharse del arrebato y la intranquilidad de la gente es jugar con fuego”.

El hecho de asesinar a una persona, por parte del Estado, puede conllevar que ese acto se copie y provoque así, la violencia que quería disminuir. En contra de obtener una prevención, se genera una espiral de violencia.

A la pena de muerte se le ve como una solución mágica contra la delincuencia, sigan repitiendo esa mentira para ver cuando se la creen, pero basta analizar los siglos de experiencia en el tema y encontrar que no ha solucionado nada, como ya se enumeró al principio del artículo. La pena de muerte siempre se ha encontrado en un vaivén, se impone, se quita, se vuelve a imponer y se vuelve a quitar, y eso es porque no soluciona nada. En cambio son muchos los riesgos que trae aparejada esta condena, además de sus contradicciones y la ineficiencia que hay al momento de aplicarla. La sociedad proclama justicia, empero la pena de muerte en ocasiones llega a ser injusta, ya que una persona puede ser asesinada bajo la tutela de pena, no tanto porque se le considere culpable de cierta conducta, sino porque no tuvo un proceso adecuado o solo por las ansias de la autoridad de poner a cierta persona como responsable de un hecho para tapar sus negligencias y faltas, saliendo ante la ciudadanía que reclama una revancha social que él ya cumplió con su trabajo de supuesta procuración de justicia.

La sociedad es responsable y por lo tanto también le toca reparar parte del daño social ocasionado. Es mejor combatir la corrupción, la impunidad y las injusticias que incrementar penas. La criminalidad no se resuelve mediante el lema de “ojo por ojo, diente por diente”. Se supone que nuestra sociedad ha ido evolucionando y nos hemos civilizado, por lo tanto es una barbarie el pretender regresar a la aplicación de la pena de muerte.

No se trata de imponer penas de 80 o 150 años, sino que se cumpla la ley. La delincuencia se debe atacar y atender desde la prevención, después de ahogado el niño el tapar el pozo no sirve de mucho. Las respuestas posteriores al delito, tales como la pena de muerte y la cadena perpetua, no son más que el reflejo del fracaso del Estado en llevar a cabo sus funciones. Y este fracaso recae sobre la vida y libertades de un sujeto.

En una democracia moderna el castigo ante una conducta “desviada” no sólo debe ser retributivo, sino que debe rehabilitar al “criminal” para permitirle vivir en sociedad, asi que debemos luchar por crear verdaderos mecanismos de reeducación y readaptación e implementarlos en las cárceles haciendolos efectivos, trasladando el objetivo del sistema penitenciario redactado en el artículo 18 Constitucional a la práctica, modificando así nuestra realidad.

El aplicar la pena de muerte, es salirse por la tangente y pretender hacer ver que el Estado y la sociedad están bien, y el que falla es el individuo, sin preocuparse verdaderamente del porqué de esa falla, deslindándose de toda responsabilidad, lavándose las manos como un vil Poncio Pilatos. La criminalidad es algo complejo y por lo tal su solución no es sencilla.

Ahora bien, tratar de justificar la pena de muerte recurriendo a las víctimas de los delitos y sus familiares, son argumentos simplistas y que no se adentran a las complejidades del dolor emocional causado por un delito. No es mi deseo minimizar o disculpar las conductas delictivas, y mucho menos menospreciar el sufrimiento de las víctimas u ofendidos, por el contrario, solo hago la observación de que a la larga la imposición de la pena capital a cierto individuo, no traerá paz ni tranquilidad, en cambio se estaría generando rencor a la familia del ejecutado inflingiendoles un dolor similar al de los ofendidos.

En definitiva, la pena de muerte no cumple con su supuesta finalidad de acabar con la delincuencia, en cambio es una flagrante violación a los derechos humanos fundamentales: el derecho a la vida y el derecho a no ser sometido a penas crueles, inhumanas o degradantes, los cuales se encuentran reconocidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, así como en otros instrumentos internaciones, y desde el año 2005 en México ha salido del sistema jurídico la posibilidad siquiera de trasladar a un código penal dicha condena capital.

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10 comentarios en “Que se mueran los feos”

  1. Gramsci dice:

    Buen articulo. El debate sobre la pena de muerte vuelve a surgir gracias a la autoridad que quiere crear nuevas distracciones en la sociedad, y no meterse al fondo en la atenuaci{on de la delincuencia. Si bien sabe que la pena de muerte no sirve para nada, es mas barato decir que se va a matar a los “malos”, para tranquilizar a la sociedad, y no resolver la falta de satisfaccion de necesidades que genera la violencia. Y como no emitir esos discursos, si le han servido a los controladores del poder durante siglos para seguir en donde estan. Felicidades

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  2. Nayara dice:

    Solo quiero agregar que me da mucho gusto saber con certeza que Ted Bundy esta muerto. Fue preso varias veces y cada vez que se escapo fue para seguir asesinando mujeres.

    Saludos

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  3. José Barba dice:

    Un punto de vista muy objetivo respecto del tema de la pena de muerte a sido tratado por la expositora.

    En general coincido con lo expuesto por la autora, por sobre todo en lo que se refiere a que la instauración de la pena de muerte posterior a la ola de delincuencia de la que hemos sido objeto, no es más que un reflejo de la ineficaz actuación de la autoridad en la prevención de los delitos.

    Mi más sincero reconocimiento para la autora por la seriedad y profesionalismo con el que desarrolló el artículo.

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  4. Francisco dice:

    Por que mantener a personas en las carceles purgando condena de 30 años o mas, sabiendo que se van a morir hay dentro. Entonces mejor aplicarles la Pena de Muerte asi el estado se ahorra dinero en mantenerlas.

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  5. Fhercho dice:

    Creo q hay situaciones q seria interesante investigar en las cuales podria ser una opcion la pena de muerte, no estoy a favor pero el hecho de q los criminales no sientan el miedo q la sociedad les tiene a ellos porq ellos no se tientan el corazon deja mucho q pensar, insisto en algunos casos

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  6. VECINA dice:

    Interesante y coincido que no es la solucion, ésta es mas complicada, porque requiere de intervención de la sociedad y cumplimiento de las funciones del gobierno, en la medida que en cada hogar pongamos orden con nuestros hijos, disiminuirá en gran medida la problematica, porque quienes se encuentran como miembros de la delincuencia tienen familia que saben de su actividad, diferente que no quieran darse cuenta y sean complices de la criminalidad.

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  7. Humberto Mora dice:

    Excelente artículo, aunque me queda la duda en relación a la existencia de los diversos estudios que han demostrado la inutilidad de la Pena de Muerte, como método de disuación . Tengo la impresión de que se trata de una afirmación emípirca, sin la sustentación de un estudio de campo. Parece una verdad de “perogrullo”, que de tanto repetirla se ha vuelto un lugar común.

    ¿Podrías darnos una bibliografía al respecto?

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  8. Alejandra de Alba Casillas dice:

    La fuente que puede sustentar que la pena de muerte no tiene efecto disuasivo en la comisión de un delito es variada, sin embargo la podemos encontrar resumida en la página de Amnistía Internacional en su programa contra la pena de muerte, ahí se encuentran diversos estudios como bibliografía recomendada, uno de los libros más citado sobre el tema lo es The Death Penalty: A World-wide Perspective, de Roger Hood, de la editorial Oxford. Ahora que si ya se quiere ahondar más en el tema podemos recurrir a los siguientes estudios:
    Capital Punishment and Deterrence: Examining the Effect of Executions on Murder in Texas (Pena capital y disuasión: Examen del efecto de las ejecuciones por asesinato en Texas). Los autores John Sorenson, Robert Wrinkle, Victoria Brewer y James Marquart analizaron ejecuciones realizadas en Texas entre 1984 y 1997. Según ellos, si en algún lugar se podría detectar un efecto disuasivo, este lugar sería en Texas, debido a la gran cantidad de ejecuciones que tienen lugar en este estado. El estudio concluyó que la cantidad de ejecuciones no se encontraba relacionada con las estadísticas de asesinatos u otros delitos castigados con pena grave en Texas.

    Effects of an Execution on Homicides in California (Efectos de una ejecución sobre las estadísticas de homicidios en California). El autor Ernie Thompson examinó las estadísticas sobre homicidios cometidos en Los Angeles antes y después de la ejecución en 1992 de Robert Harris, que fue la primera ejecución realizada en California después de 25 años. Thompson descubrió leves aumentos en la cantidad de homicidios durante los ocho meses siguientes a la ejecución de Harris.

    Deterrence, Brutalization, and the Death Penalty: Another Examination of Oklahoma’s Return to Capital Punishment (Disuasión, embrutecimiento y la pena de muerte: Otro análisis del regreso de la pena capital a Oklahoma). El autor William Bailey comparó las estadísticas de asesinatos y las de los diferentes tipos de homicidio (homicidio simple, homicidio de un extraño en el transcurso de un robo, homicidio culposo de un extraño, homicidio en riña) entre 1989 y 1991. Bailey no detectó ninguna prueba de un efecto disuasivo. Por el contrario, observó un aumento importante en la cantidad de asesinatos de personas extrañas (tanto homicidio simple como culposo) después de que Oklahoma reanudó la realización de ejecuciones después de una interrupción de 25 años.

    The Geography of Executions: The Capital Punishment Quagmire in America (La geografía de las ejecuciones: El callejón sin salida de la pena capital en Estados Unidos). Los autores Keith Harries y Derral Cheatwood estudiaron las diferencias en los homicidios cometidos en 293 condados, que se compararon en pares de acuerdo con factores tales como la ubicación geográfica y las variables demográficas y económicas. Cada par compartía una frontera contigua, pero aplicaba la pena capital de manera distinta. Los autores no encontraron datos que respaldaran el concepto de la pena de muerte como disuasión contra el crimen. En efecto, notaron estadísticas más elevadas de crímenes violentos en los condados que aplicaban la pena de muerte.

    Y no lo digo yo, lo dicen todos estos y muchos estudios más que por cuestión de tiempo y espacio no anexo, pero reitero en la página de Amnistía Internacional se puede encontrar más sobre el tema, otra página interesante lo es http://www.worldcoalition.org

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  9. Orlando González Rivera dice:

    Pues no desalentará la delincuencia, pero cuando se aplique, cada vez que suceda, habrá un criminal menos en las calles.
    Es el colmo. Primero nos agreden, y luego, si es que algún día los agarran, hay que pagar impuestos para mantenerlos en las cárceles, para que cuando salgan vuelvan a agredirnos.
    Mejor de una vez, que el demonio se encargue de ellos

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  10. Hernán de Alba dice:

    Estoy de acuerdo con la autora sobre la pena de muerte. Sólo quiero hacer notar que el crimen es como el cáncer, puedes extirpar el órgano dañado, pero el cáncer sigue latente, sólo sabiendo que lo genera se puede prevenir, pero claro, eso es caro y es más barato extirpar el órgano que investigar y llevar políticas de prevención, pues cuestan dinero y tiempo. Yo, como víctima de la delincuencia, no me sirve de nada saber que mataron a un delicuente, si sé que la semilla del crimen está ahí. La pena de muerte es sólo un paleativo, pero no la cura, podrá detener un poco el crimen, pero igual que el cancer, después regresa y en ese momento ya no hay medicamento, ni cirugía que lo detenga.

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