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Democracia y Geometría

Escrito por Felipe Reyes Romo | 10 de Septiembre de 2008 | Categorias: Agora | Tiempo de Lectura: 7m 21s | Leido 185 veces.

303539396_bcdb587602 Las ideas fundamentales de la Democracia como ideal y como régimen político no tuvieron su origen en Atenas, ni siquiera se puede afirmar que este importante suceso histórico haya ocurrido en Grecia. Mas de mil años antes de que Atenas consolidara su constitución política bajo un régimen de Democracia directa, en medio Oriente se había operado de manera espontánea una profunda transformación intelectual -y por tanto, cultural y política- de insospechada trascendencia para la civilización occidental. Esta transformación s e daría en diversos planos de la vida social tanto como en la conciencia de cada individuo.

El más antiguo registro de esta transformación se encuentra en Mileto, en el corazón de la antigua Jonia, la tierra de los primeros filósofos y cuna del pensamiento racional. Estas apreciaciones, estando ya suficientemente documentadas desde los años sesentas por Jean Pierre Vernat en “Los Orígenes del Pensamiento Griego” y Moses I. Finley en “El Nacimiento de la Política”, cobran hoy día un nuevo interés que nos hace voltear hacia los orígenes las ideas primigeneas de la Democracia, para encontrar los contrastes con las ideas contemporáneas. Los hallazgos filológicos y arqueológicos han permitido conocer las primeras manifestaciones de la civilización occidental, provenientes de la frontera geográfica de Europa con el medio oriente, cuyas sociedades iniciaron un lento tránsito hacia la civilización por medio de una revolución pacífica. Los cambios que encuentra Vernat, por ejemplo, se dieron en dos planos; uno espacial y otro puramente intelectual.

El primero tuvo lugar en ámbito físico de las ciudades con el traslado de la sede del gobierno y la legislación que se concentraban secularmente en los palacios reales, hacia las Ágoras, las plazas publicas, en donde se desarrollaría la vida comunitaria y escenario de los tumultos de los que aflorarían los humores y los deseos colectivos. La segunda mutación se experimentó en el plano filosófico, caracterizado por la reelaboración del mito de la soberanía, bajo una visión cosmogónica, geométrica.

Hacia el año 1,200 antes de la era cristiana, se inicia un lento cambio en los pueblos sometidos a la realeza para formar ciudades democráticas, ubicadas ya en el mundo helénico. El poder político y financiero proveniente de la actividad comercial y naviera de los particulares rivalizó y superó el poder de los a Basileis (los reyes -sacerdotes) poseedores, hasta hacía poco, de una milenaria autoridad fundada en la soberanía unipersonal y sagrada. En el transcurso de diez siglos, las ciudades de esa parte del mundo antiguo ya no desarrollarían construcciones en torno a un centro espiritual y de gobierno sacro que era el palacio del Basilei, sino alrededor de la plaza pública a donde se acudiría para procurar el bien individual y colectivo, deliberando y discutiendo las reglas de un juego gregario, de una organización comunitaria en procuración del bien común: un Bonum Commune concreto y objetivo, secular y laico.

Las Ágoras se convirtieron en el centro espiritual y político de la Polis y a partir de ese punto geométrico en el trazo de las urbes, todo sería equivalente, equidistante. La disminución de los intereses del Basilei y la emergencia de múltiples intereses particulares, hizo posible que la plaza pública se convirtiera en Ágora, la sede natural del comercio, del intercambio, del diálogo, los debates y, por tanto, de las decisiones colectivas: d e ahí saldrían las normas que se hicieron leyes, las obligaciones que todos respetarían por convicción personal, pues en ese Bien Común estaba implícito el bien personal. Retraído a la postre a poseer una autoridad moral y religiosa, el Basilei ya no sería gobernante y legislador, sería ya solo uno más, “ el más principal entre los iguales”.

La realeza teocrática (monarchia basileia) quedó sujeta a un principio de “reparto”, verificable en las leyes recíprocas, simétricas, reversibles de la Naturaleza. Había nacido entre los desiguales una Igualdad abstracta. Por este acuerdo ideológico, los habitantes de ciudades griegas, se convirtieron en Isoi: los iguales. Por tanto, en el Ágora y ante el pleno, todos eran iguales y todos podían hacer uso de la palabra para exponer y debatir su interés personal y el colectivo, consagrándose así los pilares fundamentales de la Democracia directa: la Isegoría o Derecho a expresarse ante la asamblea y la Isonomía o pertenencia a una colectividad de individuos que se consideraban iguales entre sí.

A partir del siglo XII a.c., los cambios sociales y políticos iniciados en Jonia se extenderían por todo el m editerráneo, pero no a Oriente. Este inexplicable suceso marcaría la frontera geográfica para la expansión de la civilización occidental. Como una poderosa dinamo de esta transformación intelectual, la vulgarización de la escritura fonética (conocida por los estudiosos como Lineal- B) propiciaría el conocimiento popular de leyes y decretos salidos del legislador secular, no religioso, conformado por un corpus colectivo que se daba cita en las Ágoras.

La promoción de la palabra que se convirtió, en su empleo profano, en el arma política por excelencia por que establece igualdad, proporción y simetría entre los individuos, en tanto que es libre debate, discusión, argumentación contradictoria. Todos estos rasgos muestran que la secularización y geometrización del pensamiento jonio-heleno, al igual que el desarrollo de un

espíritu de invención y crítica, se efectuaron a través de una praxis social en el mismo momento en que se expresaban entre los físicos de la escuela de Mileto, en una teoría de la Naturaleza. La primera Sofía d e aquellos sabios fue una reflexión moral y política que intentó -para asombro nuestros días- definir los fundamentos de un nuevo orden humano que sustituiría el poder absoluto del monarca o de los nobles y los poderosos por una ley igualitaria, común a todos.

Las ciudades tomaron p or esa influencia intelectual, la forma de un cosmos circular y centrado: cada ciudadano, semejante a todos los demás, obedeciendo y mandando por turno, debería sucesivamente -siguiendo el orden del tiempoocupar y ceder todas las posiciones simétricas que componían el espacio cívico, en el ejercicio del poder público del Estado democrático. Esta es la imagen de un cosmos social regulado por la Isonomía, que en el nacimiento de la Filosofía se

encuentra proyectada por los jonios en el universo físico.

El nuevo modelo de sociedad que elaboraron los primeros sabios del mediterráneo (Tales de Mileto, Anaximandro, Menandro, Dómax de Cirene, Aristágoras de Mileto, Cadmo de Cos, Hippodamos de Mileto) es acorde a la racionalidad aplicada en sus investigaciones matemáticas, astronómicas, acústicas y ópticas, pues evolucionó conforme al principio de la verificación, a las exigencias formales de la demostración. Ese nuevo modelo de sociedad fue solidario -en su concepción geométrica- con las formas institucionales y las estructuras propias de la Polis: la ciudad, concebida como un espacio común, isomorfo y centrado. Hippodamos de Mileto, el más célebre arquitecto y urbanista de la antigüedad clásica -admirado por el propio Platón como teórico político- diseñó y desarrolló la construcción de ciudades mediterráneas para ordenar y racionalizar el cosmos humano, cuyo centro de la geometría del trazo urbano era el Ágora, como muestra indudable, como herencia a la posteridad, como advertencia, de que el depósito del poder debe estar por siempre en el to mesón: en el centro, en el medio, para todos, de ninguno en particular.

Platón, siglos más tarde, asocia estrechamente el conocimiento de la isotes, -la igualdad geométrica, fundamento del cosmos físico-, a las virtudes políticas sobre las cuales r eposa el orden de las ciudades democráticas, y con ello advierte al hombre de la posteridad en el Gorgias: “ según aseguran los doctos, el cielo y la tierra, los dioses y los hombres están vinculados entre sí en una comunidad (koinoía) hecha de amistad (philía), de ordenamiento (kosmiotes).. pero tú no haces caso de ello y, aunque lo sabes todo, olvidas que la igualdad geométrica (geometrike isotes ) es omnipotente entre los dioses y los hombres. Por eso desdeñas la geometría”.

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