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Violencia, corrupción y anomia

Escrito por Juan Castaingts Teillery | 4 de Septiembre de 2008 | Categorias: Así Vamos | Tiempo de Lectura: 4m 15s | Leido 122 veces.

abusocoatza7_01 Estoy a favor de que se persiga con la fuerza pública a todos los criminales incluidos los de cuello blanco, pero la idea de dar prioridad a la fuerza sobre la inteligencia, me parece una equivocación enorme.
La violencia actual que padecemos es un fenómeno complejo. Dentro de sus elementos claves se encuentran la corrupción y la anomia. Los criminales han penetrado al Estado no sólo en el nivel de la policía sino en varios niveles ejecutivos a nivel municipal, estatal y federal y, lo que es peor, en el ejercicio e implementación de la justicia. La corrupción se reconoce al menos parcialmente, pero de la anomia no se habla ni se le reconoce como enfermedad profunda de nuestra sociedad. Ya hemos hablado de ella, regresamos sobre el tema ya que es fundamental.
Siguiendo a Emile Durkheim, por anomia entendemos una situación en la cual, los procesos sociales tienen problemas para poder reproducirse adecuadamente; la anomia viene de varias causas, ya sea por una fractura en el proceso de comunicación social, por rupturas en la misma estructura social o por carencia de referencias simbólicas que dan lugar y solidifican la ética social. Tres elementos claves determinan la estructura social: la cosmovisión; las relaciones sociales; y el poder, la ley y las instituciones.
La cosmovisión. La sociedad para existir necesita que los hombres que la conforman tengan una visión de sus relaciones con los otros seres que los rodean, además de tener una visión sobre sus lazos con la naturaleza. No se puede vivir solo, se tiene que tener una visión en torno al respeto y la agresión con el otro o del otro, un sentido de la cooperación y de la acción colectiva, un concepto del límite al que puede llegar mi agresividad; todo ello de un proceso imaginario en el cual me concibo a mí mismo, a mis ambiciones, deseos y angustias. Todo esto marca la cosmovisión.
Las relaciones sociales, es decir, aquello que es real y no imaginado y en donde se establecen lazos de amistad, amor, odio, celo, cooperación para el trabajo, competencia con el otro, relaciones de parentesco, relaciones mercantiles, etcétera.
La cosmovisión y las relaciones sociales dan nacimiento a una ética o sea, a un conjunto de valores que orientan la conducta del individuo en términos del respeto a sus semejantes.
El poder efectivo, ley e instituciones. La presencia del poder es un hecho casi universal. La lucha por el poder y el ejercicio del mismo, son parte constitutivas de lo social. Pero el poder no va solo, en las sociedades modernas va acompañado de una ley escrita y de un conjunto de instituciones. Las relaciones sociales que no son normadas por la ley y son frágiles, caen fácilmente en el caos. En México no existe el Estado de derecho.
Cosmovisión, relaciones sociales, y poder y ley, son tres elementos que no existen ni pueden hacerlo por sí solos, ya que los tres forman una estructura conjunta e integrada. Si uno de los elementos tiene problemas, éstos se manifiestan en los otros dos.
En México los tres elementos tienen signos claros de una enfermedad profunda.
Tomemos por ejemplo, la educación. Nuestro sistema educativo es un desastre. Los niños son en general, ignorantes en español, aritmética y matemáticas, historia, etcétera. Además, reciben una deformación en términos de valores éticos; los valores que reciben suelen ser negativos para la sociedad. Una escuela que no enseña y que está dominada por un sindicato de maestros que tiene una dirección acusada de increíbles corrupciones y asociada profundamente con los altos directivos de la SEP, no sólo no forma sino que deforma. Agréguese que la principal formadora de nuestros niños es la TV; ahí el niño asimila que lo importante que es consumir y divertirse, ahí mama que el nivel de consumo determina las jerarquías sociales y que en la sociedad, no hay nada peor que ser pobre. Ante la pobreza y el crimen al niño se le enseña que cualquier cosa es preferible antes que quedar fuera del consumismo.
Agreguemos además que la familia, base de nuestra estructura social, se está dislocando presa de la pobreza, de la desilusión, del agobio de los padres, del individualismo mercantil creciente, etc., que la pésima distribución del ingreso aunada a la pasión del consumismo, genera en muchos individuos resentimiento y frustración que son factores impulsores de violencia. El mito neoliberal: dinero es identidad, nos es mortal.
Los síntomas de una anomia social generativa de violencia ya son excesivos.

castaingts42-juan@yahoo.com.mx

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