Recuperando el sentido común
Escrito por Jesús Orozco Castellanos | 18 de Agosto de 2008 | Categorias: Desde la Ventana | Tiempo de Lectura: 6m 49s | Leido 39 veces.
El periodista Ciro Gómez Leyva escribió en el diario “Milenio” que la trágica muerte del joven Fernando Martí va a tener algún saldo positivo para el país: inyectarle sentido común a la política en México. Se refería al hecho de que, por fin, los dirigentes políticos se han puesto de acuerdo para reunirse al más alto nivel con el propósito de buscar salidas al gravísimo problema de inseguridad que padecemos. Se está buscando, finalmente, convertir en tema de Estado el de la seguridad pública, como lo comentamos en este espacio el pasado lunes. El primero en sugerirlo fue el Presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.
Pero hay otro asunto que poco se ha ventilado públicamente y me parece que también habrá de regresarnos al sentido común. Me refiero a la sobreestimación de la que fue objeto el tema de la reforma energética. Los grupos radicales del Frente Amplio Progresista encabezados por AMLO se propusieron convencernos de que está en juego nada menos que el destino del país y que si el Congreso de la Unión aprueba la iniciativa enviada por el Presidente Calderón, corremos el riesgo de que se produzca en México un grave “estallido social”. Para evitarlo, el Presidente debería retirar su iniciativa y ellos, los del FAP, se encargarían de “contener” al pueblo en su “justa ira”. Para “movilizar” a la población en todo el país, formaron el Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo (MNDP).
En este espacio hemos comentado que el tratamiento del tema de la reforma energética por parte de AMLO y sus partidarios es un pretexto para mantenerlo vigente en la agenda política nacional. La estrategia era muy simple: tomar por asalto las tribunas del Congreso para obligar a una discusión “ad infinitum” y reventar la iniciativa presidencial, convirtiendo así al “presidente legítimo” en el salvador de la patria frente a los depredadores de la riqueza nacional. Como la opinión pública repudió de manera casi generalizada la toma de las Cámaras, tuvieron que ceder y aceptar un plazo definido para la discusión pública de la iniciativa de reforma. Pero después se les ocurrió, a propuesta de Marcelo Ebrard, convocar a una “consulta nacional” amañada para intentar convencer a la opinión pública de que la gente está en desacuerdo con la reforma. Fue un fracaso rotundo. La participación fue ridícula. En la segunda fase del 10 de agosto no llegaron a 300 mil votos en siete estados del país.
Todavía al término de la primera fase de su “consulta” de finales de julio, los adalides del MNDP lograron mantener el tema durante casi una semana en la agenda mediática. Pero luego vino el asesinato de Fernando Martí. El impacto en los medios ha sido de una dimensión fuera de lo común. No hay otro tema en la opinión pública y para colmo, la violencia generada por el crimen organizado se ha recrudecido, incluyendo, por desgracia, a los municipios del interior de Aguascalientes. Esto es lo que nos regresa al sentido común para darnos cuenta de cuáles son los verdaderos problemas nacionales. Podemos sobrevivir sin petróleo, como lo hace la mayoría de los países del mundo. Lo que no puede durar para siempre es el grave clima de inseguridad que estamos padeciendo. Ese es el foco rojo más intenso.
Afirmaba el dirigente chino Mao Tse Tung que el imperialismo es un “tigre de papel”. Lo decía porque estaba convencido de que el socialismo era una forma superior de organización social y, por lo tanto, la victoria sobre el imperialismo capitalista era inevitable. Por eso la fuerza del imperialismo era sólo aparente, a pesar de su poderío económico y militar. Era, en el fondo, un tigre de papel como los que utilizan los chinos en sus festividades. Claro que la realidad lo desmintió: el capitalismo resultó ser mucho más fuerte, tanto que pudo contemplar sin inmutarse el desmoronamiento del socialismo. Hasta China se volvió capitalista.
El desarrollo de la agenda pública de estos días parece indicar, cada vez con mayor certeza, que el MNDP es, sin duda, un auténtico tigre de papel. Su fuerza resultó ser sólo aparente. La razón de fondo es simple: se trata de una causa sin raigambre social, es un movimiento inflado al calor de la coyuntura política y de los intereses de un grupo. Y para desgracia de AMLO y sus seguidores, sus adversarios políticos dentro del propio PRD están aprovechando a las mil maravillas el decaimiento de la “causa del petróleo” para afianzarse en los controles del partido. Ya derrotaron por lo pronto a Alejandro Encinas porque al anularse la elección interna de marzo pasado, el grupo Nueva Izquierda tendrá en su poder la Presidencia y la Secretaría General del partido hasta febrero del 2010, de acuerdo con lo aprobado en su reciente Consejo Nacional, en el que son mayoría. Esto les dará la fuerza necesaria para seleccionar los candidatos a diputados federales del PRD el próximo año. Era eso justamente lo que pretendían los partidarios de AMLO al tratar de imponer a Encinas.
Además, Guadalupe Acosta Naranjo, presidente interino del PRD, está negociando una propuesta de reforma petrolera de consenso con el PRI y el PAN. Esto hizo que AMLO reculara en su rechazo a todo tipo de propuesta, se flexibilizó y encargó a un “grupo de especialistas” que elaboren una iniciativa que responda a los intereses (cualesquiera que éstos sean) del MNDP. Acosta está negociando igualmente con el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas y aparentemente está dispuesto a tomar en cuenta la propuesta de AMLO, pero si no llegan a un acuerdo, cabe la posibilidad de que el “gobierno legítimo” decida retirarse del PRD y fundar un nuevo partido o coaligarse con el PT y Convergencia, de cara a las elecciones del 2012. De hecho, Alejandro Encinas declaró recientemente que no se descarta la posibilidad de convertir al Frente Amplio Progresista en un partido político. Este escenario se mantiene aun en el caso de que se llegue a un arreglo sobre la iniciativa de reforma energética porque, de ser así, AMLO se quedará sin bandera, y si no tiene fuerza dentro del PRD, sus posibilidades hacia el 2012 serán realmente escasas.
El anterior es un panorama ideal para Nueva Izquierda y bien mirado, para el propio Marcelo Ebrard. Si AMLO se va por otro camino, Ebrard no tendría inconveniente en reconciliarse con Nueva Izquierda y convertirse en candidato presidencial por el PRD. Para el actual grupo dominante del partido, es necesaria la salida de los radicales o por lo menos su aislamiento político para cambiar la terrible imagen que en este momento tienen los perredistas frente al electorado. De acuerdo con una encuesta nacional reciente sobre intención de voto, por parte de la empresa Consulta-Mitofsky, si las elecciones para diputados federales fueran mañana, sólo el 13% votaría por el PRD, muy por debajo de su nivel histórico y 22 puntos menos de lo obtenido por AMLO en la elección del 2006.
Bien decía el ex gobernador Miguel Angel Barberena que las calabazas en una carreta se acomodan solas. Pareciera ser lo que está ocurriendo en las filas de la izquierda mexicana. El PRD no tiene más opción que la lucha electoral por la vía pacífica institucional. El propio Marcelo Ebrard, que durante más de un año se mantuvo fiel a las indicaciones de AMLO, en el sentido de no presentarse a ningún evento en el que participe el Presidente Calderón, no tuvo más remedio que cambiar de actitud ante la gravedad de los acontecimientos de los días recientes en materia de seguridad pública. Si no se arrepiente a última hora, estará presente, como lo anunció, en la reunión del Consejo Nacional de Seguridad del próximo jueves, que encabezará el Presidente de la República en Palacio Nacional. En los hechos, Ebrard está cortando la línea de sumisión.
El sentido común finalmente nos hizo ver que la discusión sobre la reforma energética no constituye el principal problema de la agenda nacional. Las prioridades están en otro lado. Por desgracia, para recuperar la cordura fue necesaria la espantosa muerte de un joven cuyos padres tienen la capacidad para hacerse escuchar, además de una entereza de ánimo que merece admiración y respeto.










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