La diferencia del antes y el después
Escrito por Rodrigo Avalos Arizmendí | 16 de Agosto de 2008 | Categorias: Diálogo Privado | Tiempo de Lectura: 8m 34s | Leido 204 veces.
Analistas, políticos, diputados, funcionarios públicos y grupos civiles defensores de los derechos humanos, van de tema en tema. A la furia colectiva por el sonado secuestro y asesinato del niño Fernando Martí, le siguió otra fobia: a la de los policías coludidos con bandas de secuestradores.
De pronto, quién sabe de dónde surgió otro tema: el de los retenes. Creo que todo sucedió de manera fortuita, diría yo que casual: alguien recordó que el auto en que viajaba el niño Martí, con su chofer y su escolta, fue detenido en un falso retén, cuyos supuestos policías eran encabezados por un mando de la Judicial del Distrito Federal. Y entonces el de los retenes se volvió tema de debate.
Pero este asunto de los retenes y de su inutilidad -salvo muy raras excepciones- no es nuevo. Se creería que los actuales críticos de esta práctica policíaca y militar, piensan que están descubriendo el agua tibia.
En realidad, no hicieron sino desempolvar un viejo debate.
En los últimos días no se ha hablado de otra cosa en algunos programas de televisión por cable, que por ahora son los únicos que no están por entero cubriendo las Olimpiadas de Beijing.
Los retenes no logran los objetivos para los que fueron implementados. Incluso, uno de los conductores -Eduardo Ruiz Healy- recordó que en algunos retenes se han cometido abusos contra civiles ajenos a la delincuencia.
Y es que en un lugar solitario a cualquier soldado o policía se le va un tiro cuando un conductor, asustado o temeroso o presa del nerviosismo, no para la marcha. Como sucedió hace algunas semanas en Jesús María en donde un grupo de soldados asesinaron a un menor de edad que iba con u grupo de amigos en una Suburban. De este asunto ya no se volvió, como siempre, a saber nada.
Lo cierto es que no son infrecuentes los casos de retenes donde han sido asesinados civiles inocentes. De hecho, el ciudadano se siente atemorizado cuando ve un retén en el camino.
No se trata de que este ciudadano sea delincuente. No es por ahí. Es que la burra no era arisca, sino que la hicieron a palos.
Sin duda los falsos retenes son otra novedad implementada por el crimen organizado. Es decir, que utilizan las herramientas de las corporaciones policíacas y militares para combatir la delincuencia, para, a su vez, hacer de las suyas. Esto tampoco es un recurso nuevo. Existe desde hace años. Incluso, está documentado en periódicos. Una cosa es que muchos afectados no denuncien los hechos por temor a represalias, y otra que no existan en el Estado.
Ahora bien: la sociedad está siendo testigo de un hecho inusitado y, ciertamente, atemorizante. El Gobierno de Felipe Calderón, en su desesperación por lo que está ocurriendo, endosa a la ciudadanía la obligación de convertirse en policía de los policías.
Les pide organizarse para cuidar que los policías cumplan con su deber. Si no entendí mal, se refiere Calderón a Comisiones de seguridad que, en los hechos, han demostrado ser como la Carabina de Ambrosio.
¿Quién diablos se va a atrever a denunciar que tal o cual policía está coludido con delincuentes?
Es como suicidarse, caramba.
A mí no me cabe ninguna duda de que los ciudadanos tienen muy claro a lo que se enfrentan. Por eso el solo hecho de ver a un grupo de policías o soldados en un paraje solitario del camino, les llena de temor.
El miedo se les mete en los huesos. Temen, y a veces no sin razón, ser cuando menos objeto de mal trato.
Por decir lo menos. Y es que menos que todo y que nada, el discurso oficial podría ocultar los hechos. Y menos cuando, a estos, los respaldan los números.
Las estadísticas que aparecieron en los principales diarios del país, muestran que no solo la violencia ha aumentado en grado de crueldad sino en ataques directos a los cuerpos de Seguridad Pública.
Un día antes de su publicación, altos representantes de la iniciativa privada fijaron las necesidades prioritarias del Estado para hacer más eficiente la lucha contra la delincuencia: capacitar adecuadamente a los elementos encargados de combatirla, dotarlos de armamento moderno y pagarles mejor y con mayores prestaciones.
El policía, en cualquiera de sus niveles, debe de ser respetado, más que temido por la ciudadanía. Ser policía, abundó, debe ser motivo de orgullo para quien ejerce ese servicio tal y como ocurre en países más desarrollados, donde serlo significa ser un ciudadano de excepción y no de menosprecio como es el caso de México.
Para los líderes empresariales, el problema es de origen: desde que se recuerda, el policía ha sido el servidor público peor pagado y peor preparado en la pirámide del Gobierno.
A partir de este factor, se afirma, al policía se le manda a las calles bajo un valor sobreentendido: que se las tiene que ingeniar para allegarse recursos que le permitan cubrir sus necesidades básicas en el hogar.
He ahí la cuestión.
Pero las circunstancias han cambiado: nunca nadie imaginó que llegaría el tiempo en que ser policía, además de todo lo que esto significaba, sería estar permanentemente en el filo de la navaja.
Es por eso que menciono que los números respaldan los hechos. Y ciertamente, son más que elocuentes: si en todo el año 2007 se registraron en el país dos mil 275 ejecuciones, en los siete meses que van del 2008, ya suman dos mil 413 las ejecuciones.
De éstas, han sido elementos pertenecientes a las distintas corporaciones policíacas, 274. Hasta julio de 2008, 15 militares habían sido asesinados. Esto no había ocurrido nunca en la historia de México.
Nadie escapa al fenómeno de la violencia en este país. Incluso, empresarios que venciendo su miedo se niegan a que sus empresas o alguno de sus transportes de carga, pueda ser utilizado para cometer un ilícito, son asesinados, como Gerardo Medrano.
En este país muchos mexicanos tenemos miedo. Esto no tiene vuelta de hoja.
Conozco a algunos aguascalentenses que por requerimientos de su profesión, tienen que viajar con frecuencia a la Ciudad de México. Sólo que, a diferencia de otros tiempos, ahora sólo se limitan a realizar sus citas en México y el resto del tiempo lo pasan en sus hoteles.
Saben que salirse a “dar la vuelta” por la Ciudad de México, es arriesgarse a ser asaltado, secuestrado, golpeado, en el menos malo de los casos.
Aquí mismo lo he dicho: la mayoría de mis amigos que viajan a la capital del país, han sido víctimas de un asalto y en algunos casos, han sido plagiados, robados, golpeados y finalmente “tirados” en algún basurero o en algún sitio oscuro y apartado.
Y en esto de los asaltos en el Distrito Federal, no hay excepciones por rango, situación socioeconómica y menos cultural e intelectual. Los delincuentes agarran parejo.
Sin embargo, no puedo menos que recordar que en uno de mis primeros viajes a la Ciudad de México, mis amigos y yo recorrimos varias calles del Centro mucho más allá de la media noche.¡Y nadie nos molestó!
Cuando en el desayuno comenté esto con mis amigos, uno de ellos nos explicó que un jefe de la Judicial del Distrito Federal le había confiado que existía una especie de pacto entre la policía y la delincuencia habitual de la ciudad, de no meterse a “trabajar” al centro de la gran urbe.
Claro: era Presidente José López Portillo, cuyo amigo de la juventud, “El Negro” Arturo Durazo era jefe de Policía y Tránsito de la Ciudad.
Verdad o mentira, quién sabe, pero muchos capitalinos recuerdan con nostalgia aquellos años en que podían transitar a cualquier hora de la noche por el centro de la ciudad sin ser asaltados y menos golpeados o asesinados.
En Aguascalientes el último gran jefe de la policía judicial, que en verdad tuvo un férreo control de la delincuencia fue Carlos Hidalgo Z. Eddy. Desde luego que despachaba como Procurador General de Justicia -1980-1983- un excelente abogado de confirmada honestidad e indiscutible profesionalismo: Miguel Romo Medina. Esa probablemente es la diferencia del antes y el después.
EL COMBATE A LA CORRUPCION EN MATERIA DE MIGRACION
En Guanajuato sigue realizando buena labor el paisano Alejandro Salas Domínguez quien es el actual Delegado Regional de Migración, oficina que en algunos estados de la república ha sido muy cuestionada por los escándalos de corrupción de su personal, esto debido a su complicidad en el tráfico de ilegales, sobre todo en el sureste mexicano, en donde las redes criminales están integradas principalmente por cubanos y miembros de la Mara Salvatrucha. Y para que usted vea hasta donde llega esta mafia me comentaba Alejandro que en Guanajuato está confirmada la presencia de miembros de la “Mara Salvatrucha” y otros grupos de centroamericanos dedicados a delinquir.
-En particular de los ‘maras’, comentó que derivado de algunos operativos, se logró la detención de cuatro de ellos, por lo menos, totalmente identificados, con quienes el proceso de deportación es diferente, porque se tiene que levantar una afiliación completa y remitir a las autoridades de su país para ver si ellos tienen algún antecedente allá y se repatrían.
Ha tocado, dijo, que estos detenidos “son muy tranquilos, quiero pensar que son gente que va solo de paso”, pero no descarta que ellos mismos tal vez asaltan a sus propios compañeros centroamericanos.
-¿Y como los detectan?, le pregunté.
-Los mismos agentes, que ya tienen 15 años de trabajar en la delegación, los detectan por su aspecto físico, cuando son probables ‘maras’ y asimismo verifican los tatuajes que los definen, los agentes con su experiencia, dijo, “conocen desde el olor de cuando es un centroamericano”.
La situación en este tipo de delitos es que en Guanajuato se han detectado casas donde se les protege y se han levantado denuncias contra quien resulte responsable por protección a este tipo de personas, quienes les cobran y les dan resguardo en sus casas, pero no saben que están cometiendo un delito grave.
Por último Alejandro me comentó que la delegación cambiara su sede a Celaya, actualmente se encuentra en San Miguel de Allende.
-El cambio hasta nos ayudará a eliminar a los gestores (o coyotes) que ofrecen sus servicios a los extranjeros que hacen trámites con nosotros.
Bien por Alejandro, joven profesionista aguascalentense que está dando una lucha tremenda a la corrupción en materia migratoria allá en Guanajuato.










Cineforever
Crisol Plural
El Electoral
Juega-ya
PsicoloBlog
Trozos de Código