Un mundo, un sueño
Escrito por Lorena Martínez Rodríguez | 15 de Agosto de 2008 | Categorias: Desde la Curul | Tiempo de Lectura: 4m 35s | Leido 62 veces.
Los Juegos Olímpicos de Beijing se inauguraron el 8 de agosto a las 8 de la noche en el Estadio Nacional “Bird Nest”, con un total de 205 delegaciones procedentes de todo el mundo. Por primera vez, las Olimpiadas a lo largo de su historia de 112 años, tienen lugar en el país con mayor población.
No cabe duda, y como bien se ha señalado, el siglo que ha recorrido el movimiento olímpico contemporáneo constituye el capítulo más brillante de la historia. En los últimos cien años, la humanidad ha experimentado los humos de pólvora de las dos guerras mundiales y la confrontación durante el período de la Guerra Fría; también ha compartido los grandes cambios traídos por los nuevos inventos como la navegación aérea y espacial, la telecomunicación móvil, la televisión y el Internet, y ha abierto su horizonte en la exploración del Universo. Desde la existencia de la humanidad, ningún otro siglo ha conocido tan frecuentes y graves desastres y tragedias; ningún otro siglo ha tenido lucha y progreso tan conmovedores.
A pesar de los antagonismos ideológicos, de los claroscuros por los que atraviesa el mundo en este nuevo siglo y de las suspicacias que giran en torno a los intereses económicos de las grandes potencias que participan, de una u otra manera el espíritu olímpico mantiene encendida la llama de la fraternidad y la paz entre los pueblos, al portar el ideal común de la humanidad, convirtiéndose en un incomparable fenómeno cultural.
Si dejamos a un lado las discrepancias, no cabe duda que la antorcha olímpica y la bandera de cinco anillos, da rumbo al avance de la humanidad, impulsa el desarrollo de los deportes y refleja el anhelo por el intercambio y comprensión entre las distintas culturas.
Los chinos nos abrieron los brazos con una calurosa y magistral inauguración que despertó al planeta: lúdica, mágica, roja, alegre y festiva, plagada de fuegos pirotécnicos y de una tecnología que muchos ni siquiera imaginaron que existía.
Con el paso de las horas y los días, las olimpiadas van dando paso a diferentes reflexiones en los ámbitos, económicos, políticos y sociales, porque a pesar del sueño, el mundo y sus realidades no dejan de merodear la conciencia humana.
Así, por ejemplo, los mexicanos no dejamos de lamentar y cuestionar la ausencia de nuestros atletas en diferentes competencias o la participación misma en otras, lo cual, tiene causas profundas que nos permiten una lectura más o menos clara de la Nación que somos y los retos que enfrentamos.
En materia deportiva, México en relación con su PIB invierte el 0.01%; comparativamente, Canadá invierte también 0.01%, Irlanda y España el 0.02%, Inglaterra el 0.03%, Chile el 0.09%. En una primera visión pareciera que México no se aleja mucho del promedio, sin embargo la diferencia está en el PIB de cada país, por ejemplo Canadá y México destinan el mismo porcentaje, sin embargo la inversión del primero, resulta mayor en un 50%. Aunado a lo anterior, no podemos dejar pasar por alto, que la iniciativa privada en diversos países invierte considerablemente en sus deportistas.
Por otro lado, es importante señalar que del total de los recursos que México invierte en deporte, el 47% se va a gasto corriente, 2% a Inversión física de la CONADE y 51% a Programas Federales (cultura física, deporte y alta competencia), de donde el 33% se destina al alto rendimiento y 17% a los programas deportivos de masas, es decir para la población en general. Las cifras anteriores, entre otras cosas revelan el por qué de la precaria y escasa cultura deportiva entre los mexicanos.
Pero regresando a la sede olímpica y más allá de la gloria deportiva para el pueblo y el gobierno Chino, que tienen como meta destronar a los estadounidenses, no podemos dejar a un lado que los Juegos de Beijing representan un escaparate importante para promover el turismo, sus logros en materia de inversión pública, progreso económico y el avance tecnológico.
Entre las principales inversiones que se realizaron para poder llevar a cabo estos Juegos, fue la construcción de 12 nuevas instalaciones deportivas, destacando el Estadio Nacional de Beijing, conocido como Nido de pájaro, y el Centro Nacional de Deportes Acuáticos. Tan sólo el primero requirió una inversión superior a los 500 millones de dólares y las no menos importantes obras en transporte público construidas para estas justas. Por citar un ejemplo, el sistema de Metro de Beijing incrementó su capacidad en más de 100% incorporando más de 80 nuevas estaciones y los 17 mil millones de dólares de inversión para cumplir con los estándares ambientales.
En síntesis, de acuerdo a estimaciones publicadas en los medios de comunicación, China invirtió 115 mil millones de dólares en infraestructura y 47 mil millones en sus deportistas. Inversión que nos permite imaginar cuál será la magnitud de sus ganancias, considerando que derivado de la organización de los Juegos Olímpicos, China se posicionó como el quinto mercado mundial, generó 1.8 millones de empleos temporales, su PIB es del 11.8% y se calculan utilidades netas de dos mil millones de dólares directas al país, más los efectos económicos positivos que resultan incuantificables.
China no se equivocó, estas Olimpiadas, su significado, lo que existe atrás y en torno a ellas, representan efectivamente para México: Un mundo, un sueño.
No cabe duda, y como bien se ha señalado, el siglo que ha recorrido el movimiento olímpico contemporáneo constituye el capítulo más brillante de la historia. En los últimos cien años, la humanidad ha experimentado los humos de pólvora de las dos guerras mundiales y la confrontación durante el período de la Guerra Fría; también ha compartido los grandes cambios traídos por los nuevos inventos como la navegación aérea y espacial, la telecomunicación móvil, la televisión y el Internet, y ha abierto su horizonte en la exploración del Universo. Desde la existencia de la humanidad, ningún otro siglo ha conocido tan frecuentes y graves desastres y tragedias; ningún otro siglo ha tenido lucha y progreso tan conmovedores.
A pesar de los antagonismos ideológicos, de los claroscuros por los que atraviesa el mundo en este nuevo siglo y de las suspicacias que giran en torno a los intereses económicos de las grandes potencias que participan, de una u otra manera el espíritu olímpico mantiene encendida la llama de la fraternidad y la paz entre los pueblos, al portar el ideal común de la humanidad, convirtiéndose en un incomparable fenómeno cultural.
Si dejamos a un lado las discrepancias, no cabe duda que la antorcha olímpica y la bandera de cinco anillos, da rumbo al avance de la humanidad, impulsa el desarrollo de los deportes y refleja el anhelo por el intercambio y comprensión entre las distintas culturas.
Los chinos nos abrieron los brazos con una calurosa y magistral inauguración que despertó al planeta: lúdica, mágica, roja, alegre y festiva, plagada de fuegos pirotécnicos y de una tecnología que muchos ni siquiera imaginaron que existía.
Con el paso de las horas y los días, las olimpiadas van dando paso a diferentes reflexiones en los ámbitos, económicos, políticos y sociales, porque a pesar del sueño, el mundo y sus realidades no dejan de merodear la conciencia humana.
Así, por ejemplo, los mexicanos no dejamos de lamentar y cuestionar la ausencia de nuestros atletas en diferentes competencias o la participación misma en otras, lo cual, tiene causas profundas que nos permiten una lectura más o menos clara de la Nación que somos y los retos que enfrentamos.
En materia deportiva, México en relación con su PIB invierte el 0.01%; comparativamente, Canadá invierte también 0.01%, Irlanda y España el 0.02%, Inglaterra el 0.03%, Chile el 0.09%. En una primera visión pareciera que México no se aleja mucho del promedio, sin embargo la diferencia está en el PIB de cada país, por ejemplo Canadá y México destinan el mismo porcentaje, sin embargo la inversión del primero, resulta mayor en un 50%. Aunado a lo anterior, no podemos dejar pasar por alto, que la iniciativa privada en diversos países invierte considerablemente en sus deportistas.
Por otro lado, es importante señalar que del total de los recursos que México invierte en deporte, el 47% se va a gasto corriente, 2% a Inversión física de la CONADE y 51% a Programas Federales (cultura física, deporte y alta competencia), de donde el 33% se destina al alto rendimiento y 17% a los programas deportivos de masas, es decir para la población en general. Las cifras anteriores, entre otras cosas revelan el por qué de la precaria y escasa cultura deportiva entre los mexicanos.
Pero regresando a la sede olímpica y más allá de la gloria deportiva para el pueblo y el gobierno Chino, que tienen como meta destronar a los estadounidenses, no podemos dejar a un lado que los Juegos de Beijing representan un escaparate importante para promover el turismo, sus logros en materia de inversión pública, progreso económico y el avance tecnológico.
Entre las principales inversiones que se realizaron para poder llevar a cabo estos Juegos, fue la construcción de 12 nuevas instalaciones deportivas, destacando el Estadio Nacional de Beijing, conocido como Nido de pájaro, y el Centro Nacional de Deportes Acuáticos. Tan sólo el primero requirió una inversión superior a los 500 millones de dólares y las no menos importantes obras en transporte público construidas para estas justas. Por citar un ejemplo, el sistema de Metro de Beijing incrementó su capacidad en más de 100% incorporando más de 80 nuevas estaciones y los 17 mil millones de dólares de inversión para cumplir con los estándares ambientales.
En síntesis, de acuerdo a estimaciones publicadas en los medios de comunicación, China invirtió 115 mil millones de dólares en infraestructura y 47 mil millones en sus deportistas. Inversión que nos permite imaginar cuál será la magnitud de sus ganancias, considerando que derivado de la organización de los Juegos Olímpicos, China se posicionó como el quinto mercado mundial, generó 1.8 millones de empleos temporales, su PIB es del 11.8% y se calculan utilidades netas de dos mil millones de dólares directas al país, más los efectos económicos positivos que resultan incuantificables.
China no se equivocó, estas Olimpiadas, su significado, lo que existe atrás y en torno a ellas, representan efectivamente para México: Un mundo, un sueño.
Lorena Martínez Rodríguez
Diputada Federal por Aguascalientes,
lorena.martinez@congreso.gob.mx
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