¿Qué tan solidarios son los mexicanos?
Escrito por Jorge Alonso | 15 de Agosto de 2008 | Categorias: Reseña de Libros | Tiempo de Lectura: 24m 15s | Leido 69 veces.La respuesta a esa pregunta y a otras más en torno a esa temática intentan ser respondidas en el libro editado por Jacqueline Butcher que lleva por título, México solidario. Participación ciudadana y voluntariado, publicado en México por CEMEFI (296 págs.)
Participan en este libro colectivo la editora, que es la Presidenta del Consejo Consultivo del Centro Mexicano para la filantropía; Miguel Basáñez, un prestigiado especialista en encuestas; Ernesto Benavides, dedicado a la implementación y evaluación de programas de voluntariado y de formación ciudadana; María Guadalupe Serna, experimentada investigadora del Instituto de Investigaciones José María Luis Mora; y Gustavo Verduzco, investigador de El Colegio de México quien cuenta con una reconocida obra sobre organizaciones no lucrativas en México.
Este libro es un ejemplo de las investigaciones que CEMEFI ha venido impulsando. Se trata de un paso más para el conocimiento de la situación del tercer sector, de las prácticas solidarias en México, y de la situación del llamado “voluntariado”.
El libro ofrece a sus lectores un marco conceptual para que se sepa qué entienden los autores por prácticas solidarias y para que se ubique la dinámica de estas acciones. Se precisa que dichas prácticas pueden ser formales o informales, y que éstas últimas tienen que ver con el ejercicio de la solidaridad fuera de las esferas de las denominadas organizaciones de la sociedad civil. El mundo de los voluntarios (aquellos que por voluntad propia, sin esperar remuneración económica, que con actitud solidaria laboran para el bien de la sociedad) y el de las acciones solidarias es multifacético. Por el marco teórico el lector se entera de cuáles fueron las principales preguntas que guiaron la investigación cuyos resultados se ofrecen. Los autores querían saber cuáles ciudadanos se interesaban en participar en sus comunidades, por qué, y en qué consistía el trabajo voluntario. El capítulo teórico propone el instrumental conceptual que servirá a los autores para sus descripciones y análisis, es muy útil porque conduce a los lectores por las principales teorías sobre la sociedad civil, el tercer sector, el desarrollo social, la asistencia. En lo relativo a la definición de la sociedad civil hubo una marcada preferencia por las concepciones de Bobbio, quien la ve como la esfera de relaciones entre individuos, grupos y organizaciones que se desarrollan fuera de las relaciones de poder que caracterizan a las organizaciones gubernamentales. El tercer sector sería el que no pertenece al estado ni al mercado y que realiza actividades de promoción, de desarrollo y de asistencia, fundamentalmente. Hay una actividad solidaria, altruista. Muchas organizaciones de la sociedad civil proveen servicios a poblaciones vulnerables.
El libro va conduciendo por el complejo entramado de esas acciones. Podemos encontrar un voluntariado en sentido estricto que actúa solidariamente. Se llama la atención de la existencia de grupos de profesionales que se organizan para dar diversos servicios al sector. En muchas organizaciones existen quienes laboran y reciben sueldo; es decir, esas organizaciones son para esas personas una fuente de empleo. En ese sentido, aunque las acciones de esas organizaciones sean solidarias, los pagados transitaron del voluntariado al mundo de los profesionales de la solidaridad.
Cómo el libro se propuso dilucidar las actividades solidarias y voluntarias realiza un rápido recorrido histórico sobre lo que ha sido la beneficencia en nuestro país. Buena parte de la participación voluntaria ha ocurrido bajo el amparo de órganos gubernamentales y no como asociación individual voluntaria. En esto convendría distinguir la conformación de terrenos híbridos. Se trata de una estructura de la “solidaridad oficial”. El trabajo de campo de antropólogos ha mostrado que este sector corresponde a lo que el dicho popular llama voluntarios “a fuerzas”. Por su mismo empleo tienen que desarrollar acciones en beneficio de grupos o poblaciones con necesidades económicas. En este mundo oficial existen varios niveles. El cupular está compuesto por las esposas de los funcionarios. Hay otro nivel integrado por empleados pagados que ayudan a que esas labores se desarrollen. Análogamente las esposas de los dirigentes políticos y corporativos de los grupos asistidos también participan en esas actividades. Hay otro contacto con el mundo del mercado que hace un puente con las acciones de asistencia de este grupo oficial. Se trata de los empresarios que por sus nexos con los políticos (por las obras o por los servicios que venden al gobierno) tienen que entregar mercancías en donación (cobijas, despensas, etc.) que son repartidas entre la población elegida para recibir dicha ayuda. Existen en este mundo muchas redes de los y las funcionarias (parientes, amigos, allegados) que son involucradas en ese tipo de servicios. Aparte de los “voluntarios a fuerzas” se involucran sectores interesados en quedar bien con dicho núcleo. Todos éstos corresponderían a los que el estudio denomina “no voluntarios” Finalmente, con ellos se agrupa una gran variedad de auténticamente voluntarios que ayudan desinteresadamente, porque lo quieren hacer, y que no provienen de un solo grupo social (jubilados por ejemplo), sino que se conglutinan sin diferencia de sexo, edad y ocupación. Estos últimos se incorporan en estas acciones y estructuraciones porque no encontraron otra vía para traducir sus deseos solidarios.
La revisión histórica destaca que en la segunda mitad del siglo XX surgieron organizaciones que influyeron en la lucha por la democracia. Recuerda que en los terremotos de 1985 se manifestó con pujanza una actividad voluntaria espontánea. Hubo otra corriente de un conjunto heterogéneo de organizaciones que se propusieron el cambio social. La investigación detectó que en sólo diez años (entre 1984 y 1994) se crearon en México tantas organizaciones no lucrativas como en los cien años anteriores. En los años finales del siglo XX y en los iniciales del siglo XXI desde muchas organizaciones sociales se impulsó la primera ley para las organizaciones sociales.
El libro tiene mucho cuidado en llamar la atención de que en las estimadas 35 mil organizaciones no lucrativas no todos los que actúan en ellas son precisamente voluntarios. Otra precisión importante que realiza esta investigación es que la participación social no siempre se da dentro de organizaciones formales.
Como todo producto de una investigación bien hecha, este libro llega a la definición de acción voluntaria y solidaria de las prácticas reales de los ciudadanos, de las expresiones variadas tanto en actores como en acciones. El apoyo recíproco, la traducción práctica de compromisos sociales surgen de determinaciones personales y no por la búsqueda de lucro. El libro explora en una gran cantidad de vertientes, como la filantropía, la ayuda mutua, la participación ciudadana y las luchas por causas desinteresadas. Detecta cómo se invierten recursos humanos y de otra índole, cómo se da tiempo y se emplea el talento propio en beneficio de otros. Los autores del libro tienen visiones muy amplias y no se quedan sólo en lo que sucede en México para llegar a afinar su marco conceptual. Se exploran los hallazgos similares en otras partes del mundo y se establecen comparaciones.
Por medio de una encuesta se describe lo que se entienden por acciones solidarias desde el individuo. Se realizaron 15 estudios de caso con 66 entrevistas a profundidad a personas que participan en organizaciones no lucrativas. Estos estudios se realizaron en varias regiones. Se pretendía encontrar más elementos, sobre todo en cuanto a las motivaciones. De esta forma se logró una rica combinación entre aspectos cuantitativos y cualitativos.
Las investigaciones encontraron que existe una gran gama de organizaciones no lucrativas (empresariales, religiosas, deportivas, juveniles, sociales, de grupos vulnerables, urbano-populares, de salud, de educación, culturales, de medio ambiente, etc.) centradas en una gran cantidad de objetivos.
En el segundo capítulo y en los dos primeros anexos encontraremos todo lo relativo a la encuesta nacional de solidaridad y acción voluntaria. El lector puede saber cómo se hizo dicha encuesta, y dispone de una gran cantidad de material gráfico. Hay un penetrante análisis de dicha encuesta. Dos terceras partes de los encuestados respondieron que habían hecho algo por los demás, con cierta regularidad, sin pago y que los beneficiarios no eran parte de su parentela. Las acciones más abundantes tenían que ver con lo vecinal y religioso. Ante los desastres se ha desatado mucha solidaridad. En el rubro de pertenencia a grupos, los más numerosos han sido los religiosos seguidos de los deportivos.
Otro elemento importante que surgió es que la gente no necesita pertenecer a un grupo para realizar acciones solidarias. La inmensa mayoría hace entre una o doce acciones solidarias al año, aunque hay voluntarios que los autores llaman intensos. El estudio concluye que la inclinación de la población mexicana hacia las acciones solidarias tiende a ser alta, que realizan dichas acciones tanto pobres como ricos, y sectores intermedios sin importar tampoco la instrucción que hayan tenido. Las acciones más frecuentes son a favor de la iglesia, la escuela y el vecindario. No obstante, la pertenencia a grupos organizados no es alta.
Los capítulos del tres al cinco y los dos últimos anexos se centran en los estudios de caso. Se indaga, se sistematiza, y de alguna manera se tipifica el perfil de los integrantes del voluntariado, la variedad de situaciones y contextos que inciden en la decisión de los actores a comprometerse con ese tipo de actividades. Se resaltan ejemplos concretos que ayudan a visualizar la forma en que la trayectoria de vida de los sujetos se entrelazan con elementos sociales que les permiten desarrollar la específica práctica solidaria. Pese a la heterogeneidad de los casos, la investigación consiguió detectar semejanzas que permitieron proponer algo así como un tipo ideal, o un perfil prototípico del voluntariado mexicano.
Se profundizó en los procesos que siguen los integrantes del voluntariado y de los que, trabajando en organizaciones lucrativas, incursionan en actividades de ayuda a terceros. En el voluntariado hay una gran cantidad de mujeres, pero muchas de ellas se encuentran en edad productiva. El estudio escudriña el compromiso. Hay voluntarios de tiempo completo y otros sistemáticos. No hay un patrón único para las razones por las que se opta para convertirse en solidario. Se encontró que hay una educación familiar que influye en impulsar el ver por otras personas. Las preocupaciones sociales también orientan hacia esa clase de actividades
Con el apoyo en los datos analizados y con la ayuda de un instrumental semántico el libro da un paso más y se adentra en un elemento cualitativo fundamental al estudiar la concepción del dar. Se encuentra que la opción de ayudar se origina no sólo por el deber sino también por gusto. Por medio de acciones concretas y comprometidas se expresa el interés por comprometerse en situaciones más precarias.
Los estudios de caso de las organizaciones no lucrativas en México sirven para ir más allá de los sujetos mismos y detectar lo que sucede en las organizaciones en las que esos sujetos participan. Las organizaciones no lucrativas han sido estudiadas desde diversos ángulos. En este libro se avanza en su conocimiento. Se da cuenta de sus orígenes, metas, logros, estructuras, procesos de toma de decisiones y fuentes de financiamiento. En este terreno los autores vuelven a llamar la atención de que se trata de un universo muy complejo y heterogéneo. Una gran cantidad de estas organizaciones tienen que ver con problemas asociados a la pobreza.
Hay que agradecer tanto lo riguroso del estudio, como el énfasis del equipo de investigadores por compartir sus hallazgos, los retos y las implicaciones que surgieron de este estudio. Tienen razón los integrantes del equipo en señalar que se trata de una de las primeras investigaciones de este tipo en México. El libro resalta que personas de diferentes sectores socioeconómicos colaboran por igual en acciones solidarias. Los datos duros y cualitativos obligan a los autores a destacar que la mayor parte de la actividad solidaria se concentra en los ámbitos de la iglesia, la escuela y el vecindario. Lo que más se ofrece es el tiempo, el trabajo propio.
El libro nos permite apreciar los diversos tipos de voluntarios: los que provienen de familias en donde este tipo de actividad es una forma cotidiana; los que combinan valores religiosos y la valoración de un evento detonante; los que asumiendo las responsabilidades sociales como algo personal quieren transformar el mundo, etc. Los investigadores valoraron como un hallazgo fundamental el papel que desempeña la familia en la transmisión de valores que conducen a la solidaridad. El libro también permite diferenciar las organizaciones que están compuestas sólo por voluntarios, de aquellas estructuradas con personal especializado y con voluntarios.
El libro ha hecho avances importantes, pero sus autores son conscientes de que apenas se ha desbrozado parte de un territorio inexplorado y que hay el reto de seguir investigando. Se comparte la alegría de haber conseguido romper mitos, pues todos los niveles socioeconómicos y educativos participan de manera equitativa en la actividad solidaria. La mayoría de las personas que participan de manera grupal en estas actividades se encuentran en la etapa reproductiva de su vida y desempeñan actividades económicas para vivir. Aunque muchos mexicanos no se consideran a sí mismos como “voluntarios” en los hechos cumplen con funciones solidarias. Uno de los retos que emergen de este estudio tiene que ver con el fomento de la pertenencia a grupos organizados.
El libro no quiere quedarse en un nivel contemplativo de dar cuenta de lo que sucede. De acuerdo con lo que los autores han encontrado se proponen recomendaciones específicas al gobierno, a los empresarios y al voluntariado. Se hace ver que hay beneficios para los individuos que emprenden este tipo de acciones en la formación de capital social, en la búsqueda del buen gobierno, en el campo de la democracia, en la integración de jóvenes, y en la promoción de futuros empleos. Los autores no quieren cerrar nada con su estudio. Se siguen haciendo preguntas sobre cuál es la forma más efectiva de aprovechar el tiempo y el trabajo voluntario. Ven la necesidad de profundizar en las relaciones entre los voluntarios y los empleados en las organizaciones. También quieren escudriñar más las razones por las cuales muchos mexicanos deciden hacer trabajo voluntario de manera aislada.
Hay que alabar este estudio y alentar a que prosiga. En diálogo con lo que ofrece a los lectores me atrevería a sugerir algunas líneas de futuras discusiones.
La primera tendría que ver con todo lo que implica el tercer sector. Convendría revisar los planteamientos de Boaventura de Sousa Santos ( ). Este académico portugués, con doctorado en Yale y con un conjunto de importantes investigaciones en América Latina considera que tercer sector es una denominación imprecisa con la que se intenta dar cuenta de un vastísimo conjunto de organizaciones sociales que se caracterizan por no ser ni estatales ni mercantiles, organizaciones privadas sin fines lucrativos que responden a objetivos sociales. En esto habría acuerdo con lo planteado en el libro de CEMEFI.
No obstante, Santos va más allá y advierte que el tercer sector, aislado, puede contemporizar tanto con el autoritarismo del Estado como con el del mercado. “Ante la ausencia de una acción política democrática que incida simultáneamente sobre el Estado y sobre el tercer sector puede fácilmente confundirse como transición democrática lo que no sería sino una transición desde el autoritarismo centralizado al autoritarismo descentralizado” (p. 91). Plantea que se requiere una reforma simultánea del Estado y del tercer sector mediante la articulación de la democracia representativa y la participativa. Tiene que haber una prioridad de las personas por encima del capital, y debe instaurarse una obligación política horizontal. Santos también señala que la fase avasalladora del mercado hace zozobrar las interdependencias no mercantiles, tanto las que se generan en el contexto de la ciudadanía como las que surgen en el de la comunidad.
Santos está convencido de que tiene que lograrse una nueva congruencia entre la ciudadanía y la comunidad que contrarreste el principio del mercado. Postula la urgencia de refundar democráticamente tanto la administración pública como el tercer sector. Santos sabe que para lograr esto habría que encontrar nuevas formas autónomas para neutralizar a los poderes fácticos. También habría que articular la lógica de reciprocidad (propia del principio de comunidad) y la lógica de la ciudadanía (propia del principio del Estado). Se debe asegurar un ejercicio efectivo de reciprocidad. Santos plantea que había que evitar desnaturalizar la participación en una forma más o menos benévola de paternalismo y de autoritarismo. Recuerda la existencia de experiencias de promiscuidad antidemocrática entre el Estado y el tercer sector que llevan a pactos clientelistas. Insiste en que el tercer sector tiene que experimentar una amplia y profunda refundación democrática.
La segunda línea de discusión tendría que ver con la disyuntiva que desde 1997 había planteado la publicación belga Alternatives Sud: las ongs como instrumentos del proyecto neoliberal o bases solidarias de alternativas populares. Montserrat Figuerola, Presidenta de ACSUR Las Segovias (organización ciudadana, pluralista y laica, comprometida con una acción de transformación social para construir un modelo de desarrollo equitativo, sostenible y democrático a escala global para hombres y mujeres) en dos artículos de una revista electrónica trató algunos de estos puntos ( ). Esta autora destacaba que la pobreza era el resultado de un desarrollo que violaba los derechos de las personas. Veía como debilidades de las ongs la falta de definición de objetivos y metodologías específicas, la dificultad en la introducción de métodos de calidad, y por lo tanto de generación de indicadores de evaluación que superaran la descripción de productos intermedios y de procedimientos. Aceptaba como retos de las ongs de cooperación solidaria el convertirse en promotoras de un cambio de relaciones Norte-Sur. Proponía la construcción de una agenda global de solidaridad capaz de asumir los retos de un cambio civilizatorio al globalizar la solidaridad junto con la sostenibilidad y la equidad. Se tendría que alcanzar un paradigma de sociedad justa y solidaria tanto desde la política como desde la propia sociedad civil. La denuncia de la desigualdad debía acompañarse de la capacidad de acción articulada en las que las ongs, las organizaciones sociales y las organizaciones políticas confluyeran en un movimiento plural con estrategias de cambio frente a un modelo imperante que era perverso desde el punto de vista del desarrollo humano.
Una tercera línea debería desentrañar algo ya apuntado en el libro coordinado por Jaqueline Butcher pero que hay que profundizar: lo relativo al financiamiento de las ongs. Teóricos de la dependencia como Samir Amin han criticado que las ayudas internacionales se han convertido en instrumento de los intereses de los países desarrollados ( ). De una manera más drástica James Petras ha develado incongruencias como el que hay ongs que se oponen a violaciones de derechos humanos en los sitios donde operan pero no denuncian las violaciones cometidas por sus benefactores en el primer mundo.
Petras ha criticado el hecho de que el Banco Mundial y los regímenes neoliberales han aprovechado a las ongs para minar el sistema de seguridad social estatal, de haberse convertido en el rostro comunitario del neoliberalismo, de que ha habido ongs que crearon puentes ideológicos entre pequeños capitalistas y los monopolios que se beneficiaron de las privatizaciones. Ha dicho que no deberían llamarse no gubernamentales pues reciben donativos de gobiernos extranjeros o funcionan como agencias subcontratadas por gobiernos locales. Le parece escandaloso el hecho de que sus programas no sean calificados por las comunidades a las que ayudan, sino por sus benefactores extranjeros, con lo que sabotean la democracia al arrancar programas sociales de manos de las comunidades para crear dependencias a cargo de funcionarios no electos provenientes del extranjero, quienes eligen y ungen a sus interlocutores locales. A este escritor le parece que la ideología de las ongs en cuanto a sus actividades voluntarias destruye el sentido de lo público, de la obligación que tienen los gobiernos de atender a todos sus ciudadanos. Petras critica que las ongs hayan ido incorporando a los pobres a la economía neoliberal. Acusa a las ongs de crear un mundo en el que la apariencia de una solidaridad y acciones sociales ocultan una conformidad hacia estructuras locales y mundiales del poder. Muchas ongs se han convertido en brazos de los poderes internacionales que buscan despolitizar los conflictos y estrangular el germen de la organización social en las bases a fuerza de apoyar las políticas asistencialistas y las microempresas. La expansión de las ongs no la califica como una revitalización de la sociedad civil, sino como un grupo de oficinas y jefes con buenos salarios que se han convertido en empresarios de la pobreza. Desentraña que las actividades de las ongs se estructuran en un dinamismo vertical a partir de las fuentes del financiamiento que las sustenta. Los dirigentes de las ongs no responden a ninguna comunidad, no son elegidos por las comunidades donde trabajan, y muchas veces utilizan a los pobres como fuentes para conseguir financiamiento. No obstante, Petras acepta que hay una gran variedad de tipos de voluntariados. Por una parte están los que andan tras de puestos en las ongs que les reditúen ingresos; también calcula que la mayoría de ongs se dedican a cuestiones meramente asistenciales; pero no deja de ver que hay también una veta de voluntarios muy diversos en las resistencias y en las luchas contra el neoliberalismo. Petras no pone a todas las ongs en el mismo saco. Percibe que hay organizaciones que no tratan de sustituir a los movimientos populares, sino que intentan complementar sus actividades, y ofrecer apoyo de lo que disponen, porque esta clase de ongs por lo general tienen escasos recursos económicos, pero muchos recursos humanos y tiempo. ( ). Me parece que habría que entablar una discusión a fondo de todo este asunto y no contentarse con ignorar estas críticas o peor aún tomar el camino fácil de la pura descalificación.
Una cuarta línea podría ser avanzar en algo encontrado por la investigación encabezada por Jacqueline Butcher: que existe un amplio mundo solidario más allá de las visibles organizaciones de la sociedad civil. Para profundizar en el estudio sobre el voluntariado se podrían indagar las múltiples acciones de un voluntariado que palpita de manera soterrada en el sótano de las sociedades, inmerso tanto en la vida cotidiana como en los momentos de calamidades, y que crea espacios propios al margen del Estado y de la expansiva lógica mercantil. Hay indicios de la existencia de un voluntariado muy novedoso, de otro tipo. Quisiera referirme a un ejemplo que se encuentra en una narración que a finales de 2007 hizo el Subcomandante Marcos:
“A varias semanas de que inició la tragedia de Tabasco, lo que queda en los ojos de los habitantes de ese lugar es la gran solidaridad que su situación ha despertado entre el pueblo de México. La mayor parte de los alimentos, bebidas y medicinas que les han llegado han sido recolectadas entre la sociedad civil mexicana.
Mientras que las diversas despensas que vienen de diferentes gobiernos, ya sea el federal o los estatales o municipales, están invariablemente etiquetadas con los logos que identifican al partido político en el cual milita el funcionario, la ayuda ciudadana tiene como característica el anonimato (…). Hay otra ayuda que se hizo presente desde los primeros días en las comunidades más pobres de Tabasco, las que colindan con el estado de Chiapas: la que se hace de pueblo pobre a pueblo pobre”. Marcos rescata la narración de una habitante de la zona:
“Hubo un interés de parte de los compas zapatistas de saber cómo estábamos, en qué condiciones estábamos cada uno. Nos dijeron que si necesitábamos salir podíamos contar con los municipios autónomos zapatistas como albergues seguros.
Eran días difíciles; no había comunicación, se cortaron las líneas de teléfono y las carreteras, el agua potable. Incluso en muchos lados no había luz, escaseaban los alimentos y el agua para consumo, pero, en medio de todo eso, teníamos la certeza de saber que contábamos con techo y comida segura en los municipios autónomos.
No fue fácil la comunicación entre nosotros, más o menos sabíamos quiénes se habían inundado por la ubicación de cada quién, sabíamos que estaban con vida aunque padeciendo este desastre provocado.
Entonces, la respuesta fue al estilo zapatista: rápida, efectiva y segura. Los compas bases de apoyo convocaron en Tila, Chiapas, y en los municipios autónomos a la solidaridad con nosotros. Se puede decir que los tres camiones de carga que vinieron de Tila, el día 3 de noviembre, fue de las primeras ayudas que el estado recibió, cuando no teníamos comunicación telefónica ni había paso en carreteras mas que para vehículos pesados.
Sabíamos que, junto con la ayuda de la sociedad civil y la parroquia de Tila, venía el apoyo de las bases zapatistas de la zona norte. Sabíamos que los compas estuvieron trabajando día y noche en el acopio. Y la ayuda fue no sólo oportuna, sino maravillosa. Cuando no había cómo guisar en las casas, sólo en algunos albergues, nos llegaron tres camiones llenos de pozol (bebida típica de los indígenas tanto de Chiapas como de Tabasco), tostadas, y todo lo que es nuestros alimentos tradicionales y no como los diversos gobiernos que nos daban esas horribles sopas instantáneas. Efectivamente, fueron los primeros en llegar y todo mundo se admiraba y agradecía este apoyo tan oportuno y además tan de abajo, tan sabedor de nuestros alimentos, de lo que la gente ya extrañaba, el pozolito, la tortilla. Luego, dos días después, otros tres camiones y así varios viajes”.
Marcos resalta que llena de emoción esta habitante de la zona siniestrada prosigue narrando: “Pero la región de Tacotalpa estaba incomunicada, ahí no entraban ni los camiones pesados. Los compañeros bases de apoyo zapatista nos dijeron que no tuviéramos pena, que iba a llegar el apoyo especial para ellos y fue así como, en medio de la serranía de Tacotalpa, ante la mirada asombrada de los poblados vecinos, se vio bajar de la montaña una fila larga de más de 50 hombres, 30 mujeres y muchos niños, meros bases de apoyo zapatista, quienes en dos días diferentes bajaron, cargando en sus hombros por varias horas, sacos con maíz, frijol, tostadas, pozol, pinol, azúcar, naranjas, mandarinas, limones, calabazas, yucas, macal, agua embotellada, hervida de los arroyos de la montaña, para los y las compas tabasqueñas… Esto a través del Municipio Autónomo El Campesino, pero sabemos que fue apoyo de otros municipios que de buen corazón dieron lo que tenían y como siempre eso que tienen es muy grande, muy valioso, que rompe cualquier dificultad por grande que parezca’.
Para los que presenciamos esto fue algo maravilloso ver a hombres, niños, mujeres, ancianos del color de la tierra traer el sustento que necesitamos los compas de acá de este lado de la zona baja. Después llegaron otras dos camionetas con otra ayuda similar. Pero no sólo venían a dar la ayuda, también venían a escuchar nuestro dolor, que dijéramos qué era lo que estaba pasando, cómo estábamos, qué es lo que realmente provocó todo esto, cómo es que se está viviendo abajo esta tragedia. Que sacáramos nuestro dolor, para comenzar a curarlo.
No hay palabras con las cuales podamos agradecer a todos y cada uno de los compañeros bases de apoyo zapatistas, que con buen corazón y con verdadero humanismo nos comparten su pan, su agua y su lucha por construir un mundo donde quepan muchos mundos” ( ).
Marcos señaló que nada de esto apareció en los grandes medios de comunicación. Pero esta solidaridad de abajo con los de abajo no se preocupa porque eso se difunda, sino porque exista la ayuda en el seno del pueblo. Por supuesto que hay muchas vetas abiertas para futuras investigaciones.
Finalmente quiero destacar que el libro colectivo publicado por CEMEFI tiene otros dos grandes méritos. Ha sido una desgracia que la clase política destruya y pervierta palabras importantes para la convivencia. Eso sucedió con solidaridad en los tiempos salinistas. La investigación que edita Jacqueline Butcher no sólo rescata sino que redignifica la palabra solidario. El Informe de Latinobarómetro de 2007 reconoció que la teoría de capital social influyó para que se hubiera hecho la mayor inversión de todos los tiempos en América Latina con la finalidad de fomentar el capital social. No obstante, también constata que el avance ha sido casi nulo, lo cual aconseja revisar esas políticas y explorar otras soluciones. Ahora se está indagando en la formulación de cohesión social, que abarca más que el de capital social. No obstante, ese concepto no tiene una definición específica y todavía no puede orientar la formulación de políticas que ayuden a impulsar el desarrollo ( ). La investigación de CEMEFI ofrece un campo importante, con definiciones bien logradas, y con hallazgos bien fundamentados que podrían orientar políticas públicas. Estamos ante un libro que nos ofrece un primer panorama del mundo solidario mexicano con trazos firmes y confiables. No concluye, sino que abre e impulsa a seguir indagando. Es un libro que vale la pena leer, estudiar. Permitámosle también que nos interpele.
- Boaventura de Sousa Santos, Reinventar la democracia. Reinventar el Estado, Buenos Aires, Clacso, 2005.
- Montserrat Figuerola, “La participación de la sociedad civil”, en La Factoría, número 6, de julio-septiembre de 1998; “Ciudadanía solidaria: el derecho al desarrollo”, La Factoría, número 17 de febrero-mayo de 2002.
- Samir Amin y François Houtart, Mundialización de las resistencias, San José de Costa Rica, Ruth Casa Editorial, 2005.
- Petras ha escrito mucho al respecto. Las líneas principales de su argumentación se pueden encontrar en una entrevista aparecida en mayo de 2006 en la revista electrónica Revistateína.
- Subcomandante Marcos Ni el centro ni la periferia, tercera parte: “El calendario y la geografía de la destrucción”, participación en el Coloquio Internacional Planeta Tierra y los Movimientos Antisistémicos organizado por la Revista Contrahistorias y por la Universidad de la Tierra, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, 12-18 de diciembre de 2007.
- Corporación Latinobarómetro, Informe Latinobarómetro 2007, Santiago de Chile, noviembre de 2007, página 11, (www.latinobarometro.org)










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