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Inmoralidad de militantes panistas

Escrito por Rodrigo Avalos Arizmendí | 21 de Julio de 2008 | Categorias: Diálogo Privado | Tiempo de Lectura: 6m 25s | Leido 625 veces.

Indecente la manera en que algunos funcionarios públicos de primer nivel se conducen. A ojos vistas un director general ha comenzado su lucha por alcanzar la nominación panista de la candidatura por la alcaldía de Aguascalientes. Hasta hace algunas semanas su objetivo era una candidatura a diputado federal, pero alguien le vendió la idea de que es tan grande –políticamente hablando- que puede ser el próximo alcalde de Aguascalientes. Y para lograr su objetivo ha puesto a funcionar a la cauda de corifeos que tiene en su feudo, ganando obviamente muy buenos sueldos, para que, en horas de trabajo, recaben firmas de los militantes activos que avalen las voluntades de las “fuerzas vivas” blanquiazules que laboran ahí que anhelan que su jefecito sea el siguiente mandamás en el municipio. Obviamente que el interés tiene pies y si andan movidísimos los subalternos del director general en cuestión es porque ya se sienten despachando en la finca municipal.
Sobra decir que en la dependencia en cuestión la rebatiña y malos manejos están de a peso. Pero esto es tema de otra ocasión, ya lo vera usted.

EL INQUIETO MANUEL ESPINO

Muchos comentarios ha levantado el libro de Manuel Espino, ex dirigente nacional del PAN y conocido sobre todo por su carácter atrabancado. El libro aparece en un momento coyuntural en la vida de ese Partido, exactamente cuando Santiago Creel, ex aspirante a candidato presidencial blanquiazul, se encuentra embroncadísimo con su Partido y con la televisora más importante e influyente del país. Manuel Espino comenta entre otras cosas que nunca quiso ser candidato a presidente. Que él nunca fue el candidato (a la presidencia nacional del PAN) de Marta Sahagún. Ni de Vicente Fox. Que fue él, Manuel Espino, quien “paró a Marta” en sus aspiraciones de ser candidata a la Presidencia.
Todo esto, y más, lo declaró Espino durante la presentación en México de su libro “Señal de Alerta, advertencia de una regresión política”, cuyos adelantos a través de diversos medios, han dado mucho de qué hablar.
La crónica señala que con aire triunfalista, Espino recordó cómo él paró a Marta cuando ella, en forma confusa, dejaba ver que buscaría ser candidata a la Presidencia. Niega haber llegado a la presidencia del PAN por el apoyo del matrimonio Fox-Sahagún y cita que la señora Marta no quería que fuera presidente del partido. Y para sustentar su dicho, revela que cuando se llevó a cabo la elección los hijos de Marta, los hermanos Bribiesca, se encontraban con su oponente Carlos Medina Plascencia. Textual: “El día que gané la presidencia sus hijos estaban con el hijo de Carlos Medina Plascencia y ella les dio la mala noticia de que había ganado Manuel Espino”.
Sin embargo, no deja de ser extraño -por decir lo menos- que Espino no haya hecho referencia a las revelaciones que la escritora argentina Olga Wornat, hace en uno de sus libros.
Wornat no es una escritora del montón. Le acompaña un prestigio ganado a pulso como investigadora escrupulosa que no deja cabos sueltos.
Sus obras de investigación sobre personajes polémicos de la política (como Carlos Saúl Menem, por ejemplo) la dieron a conocer más allá de las fronteras de su natal Argentina.
Autora de una biografía de Eva Perón, su trabajo narrativo fascinó a una diminuta mujer mexicana cuya astucia y simpatía la llevó a ocupar el papel de virtual vice-presidenta de México: Marta Sahagún Jiménez.
Atraída por la fama y los libros biográficos de Wornat, Marta la invitó a México. Le abrió las puertas de Los Pinos. Y más aún. De la cabaña presidencial, la que compartía con su marido, el Presidente Fox.
Ansiosa por verse como heroína de un libro biográfico de Olga Wornat, Marta Sahagún de Fox puso a su disposición a sus amigos más cercanos, a amigas de toda la vida, a la peluquera de cabecera, a familiares y empleados.
Todos estaban autorizados a contarle a la escritora lo que cada quien supiera de ella. Se entendía -ella quiso entenderlo así- que sólo cosas bonitas de ella habrían de revelarle. Se trataba de escribir una historia color de rosa donde la cenicienta zamorana se elevaría desde su modesta cuna hasta el más alto sitial de este país.
Claro: pasaría por un matrimonio con un hombre diametralmente distinto a ella: mal hablado, bebedor y pendenciero. Resignadamente, lo habría soportado todo. Hasta que el destino la cruzó en el camino de su alma gemela: Vicente Fox. Pero Marta Sahagún se equivocó. Wornat no pensaba en construirle una historia a su gusto sino una apegada a los hechos que le fueron contados.
De entre las muchas confidencias que Wornat obtuvo de las amistades y empleados de Marta, una involucra en forma central a Manuel Espino. Lo describe sentado a la mesa una noche. Estaban en La Cabaña presidencial. Además de Espino y de Marta, cenaban esa noche el Presidente Fox y Ramón Muñoz. De acuerdo con el relato, Marta increpó duramente a Espino. Le reclamaba que hubiese hecho declaraciones descalificando sus aspiraciones presidencias. Espino se disculpaba.
Después hablarían sobre la campaña de Espino a la dirigencia nacional del PAN. Contaría con todo el apoyo de Los Pinos. Recursos económicos, de la estructura oficial, mediáticos. Todo con tal de que ganara.
A cambio, habría entre ellos una alianza con miras a la sucesión presidencial. Palabras más, palabras menos, esto fue lo que Olga Wornat relata en uno de sus libros sobre esa cena en Los Pinos.
Es cierto: Marta no fue candidata a la Presidencia. Pero Espino apoyó al candidato de Los Pinos, Santiago Creel Miranda.
Derrotado Creel por Felipe Calderón, era cuestión de tiempo para que Espino viera derrumbarse su sueño de llegar a secretario de Gobernación, que sería la antesala por acceder por la puerta grande a la residencia oficial de Los Pinos. Al menos, esto es lo que algunos analistas políticos opinan.
Como sea, Espino está de regreso. Según veo yo las cosas, su retorno a los medios no tendría una intención inmediata con dirección al centro, sino a su Estado adoptivo: Sonora.
No por menos lo primero que hizo fue enviar señales para el proceso interno del PAN con miras a la sucesión de 2009.
Por último le comento que Manuel Espino no aporta nada nuevo a lo que ya ha dicho en el pasado.
Su libro, muestra, como lo comento líneas arriba, a un tozudo político dispuesto a meterse de nuevo, como ya lo hizo en 1996 y 1997, en la sucesión gubernamental sonorense de 2009. Esto no tiene vuelta de hoja.
Tramposamente, se erige en defensor de la “honradez” política de su partido y se muestra como el único que parece advertir los peligros que le acechan.
Desde luego, a Manuel Espino no se le pueden regatear cualidades, que las tiene; pero no deja de ser cuando menos paradójico su doble moral para calificar a las personas. Porque cuestiona la falta de honradez de unos, pero se hace el desentendido frente a los que son sus amigos y que, a su paso por el poder, se hicieron de mulas, Pedro.
Hasta ahora, he leído lo que se ha publicado sobre su libro. Las primeras conclusiones son en el sentido de que está escrito en base a medias verdades y medias mentiras. Pero el objetivo es evidente: le hace el trabajo a ciertos políticos del centro, se cuida de no parecer anti-calderonista, abre espacios para ser tomado en cuenta y, de paso, intenta colarse a la contienda panista por la gubernatura sonorense.
En síntesis: el libro de Espino no es sino una repetición de hechos y dichos y un esfuerzo por convertirse en el defensor de las dignidades panistas de este país. ¿Dónde he visto esto?…….

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