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Del periodismo cultural, una crónica historiadora de Musacchio.

Escrito por Héctor Enrique Espinosa Rangel | 15 de Junio de 2008 | Categorias: Comunicación | Tiempo de Lectura: 6m 56s | Leido 53 veces.

La obra compilatoria y taxonomista de Humberto Musacchio resulta generalmente oportuna y atinada. Al menos es uno de los autores más socorridos en el oficio de las letras cotidianas de México, especialmente gracias al Musacchio Ilustrado”, perdón, el Diccionario Enciclopédico de México donde periodistas, políticos, burócratas y hasta estudiantes se enteran de que no todo lo que hacen los escritores mexicanos pasa desapercibido, puesto que en su páginas suele aparecer hasta el vecino que incursiona en el periódico, la oficina municipal o en lides políticas populares.

Cuando el propio autor presenta su libro Historia del Periodismo Cultural en México, en sus páginas iniciales, o en persona, como el pasado 4 de junio, insiste en señalar que la expresión “periodismo cultural” es una redundancia, en parte porque su avanzado pensamiento ya comprende a la cultura como un quehacer amplio y complejo que abarca todo lo hecho por el ser humano y en parte porque se burla de las categorías absurdas que los editores profesionales han impuesto al oficio de reportero.

Independientemente de las razones que clara y ampliamente explica en la introducción de esta obra, Musacchio deja en silencio, pero sin omitirlo, el hecho de que el ejercicio del periodismo en México tiene una larga tradición de origen como práctica del estilo literario, de preocupación por los eventos de la sociedad, del crecimiento urbano, de los grandes eventos el arte y siempre muy ligado a la crítica pero mejor a la crónica, del juicio a las costumbres públicas y gubernamentales, la difusión del quehacer político, o que al menos fue así todo el siglo XIX y parte del XX.

Sabe y nos esboza el hecho de que este tipo específico de periodismo se emparienta estrechamente con las secciones de espectáculos, que algunas editoriales no hacen distinción entre el chisme de divos y divas y los intríngulis de las exposiciones, conciertos, lecturas y cócteles diplomáticos, que en todos los eventos hay alguien obligado a estar al día en ciencias, artes, reflexión social y política, pero nunca cuenta con más facilitación profesional que los comentarios de los colegas “cultureros”, o el libro que algunas editoriales se dignan enviarle (si no es que se lo queda el jefe de sección).

Y todo esto sucede si acaso la información le llega oportunamente y no sucede, como a cada rato, que varias entidades organizan a la misma hora y distinto sitio sus eventos, o bien no lo informan públicamente más que a los “cercanos”; pero claro, para eso están los cuates. Esta fue la manera en que pude enterarme de que la secretaría de Hacienda presentaba esta Historia del periodismo cultural en México, la primera semana de junio.

Ante todo la calle de Moneda: flanqueada por Palacio Nacional y el Antiguo Palacio del Arzobispado (extraño huésped para Musacchio y sus presentadores), en medio de la calle los bronces monumentales de José Luis Cuevas (menos la Giganta, que no sale de su sede) y a la entrada, de un patio con más de neoclásico que de colonial, un letrerillo apenas visible que anunciaba el libro; al interior una fuentecilla de chorrito apagado, quizá para no interrumpir el trabajo de los enormes Fender enlazados al micrófono de mesa, y al frente una plataforma con la mesa donde estarían Víctor Roura, Humberto Musacchio y José Luis Martínez “S” (las comillas las señaló Musacchio); en las butacas maestros y estudiantes universitarios, algún culturero despistado y edecanes tímidas, también algunos amigos del autor.

En cuanto a la presentación Roura desplegó alabanzas al autor y sus descubrimientos sobre la taxonomía cultural del periodismo cultural mexicano descubriéndonos un análisis semántico numérico de la situación posicional de los promotores del oficio en la prensa, según extracto del texto, y Martínez se redujo a hablar de las ligas profesionales y personales que han enriquecido al grupo del autor y se reflejan en su obra publicada, el propio Musacchio solamente refirió algunos párrafos clave del libro y explicó la dificultad para lograr terminar una obra que no parece lo difícil que es, y sobre todo mostró la impresionante presentación en forro naranja y empastado de lujo que no es habitual en los libros de México.

Solo una duda me había quedado a primera impresión: ¿Por qué tan grande formato y papel brillante tan costoso? Claro que la pregunta era para lo privado, y al abrir el volumen todo quedó explicado: su profusión de ilustraciones con páginas de las más importantes publicaciones culturales de México en poco más de cuatro siglos justifican papel, tamaño y hasta el capricho e textos visualmente densos que se diluyen por el estilo fácil y ameno.

Porque esta es la mejor parte del libro, mejor que su documentación es la comprensión de un desarrollo y sus tendencias en el tiempo, la mayor parte de sus datos históricos y cronológicos deben su ubicación a la obra de María del Carmen Ruiz Castañeda (PRENSA, Pasado Y Presente De México), pero la selección de textos enfilada hacia la comprensión de cómo abordaban y comprendían lo cultural los escritores del país en la Colonia y después en la República, son la joya de la corona.

Aún más, respecto del siglo XX el repaso del desarrollo de la prensa cultural está imbricado con los desenvolvimientos ideológicos y políticos de una sociedad que no centraba sus relaciones entre arte, política, comunicación, sociedad o religión, que definido su paso histórico por un régimen determinado reflejaba en sus formas de difundir la información las avanzadas de pensamiento y desplazamientos de teoría y práctica en periodos primero presidenciales y finalmente tecnocratizados pero con una cofradía de talentos que a través de la publicación escrita parecían flotar entre la sociedad y la cultura formando reductos donde el avance intelectual salvaba las indigencias del presupuesto o de la ideología de turno.

Especial tratamiento hace de la aparición de cada suplemento y la agrupación de sus colaboradores, sin presentar juicios de valor determinantes deja percibir la formación de grupos o “mafias” que protegían una visión del mundo, una proposición de la cultura, y que desde luego formaron el centro de atención y ataque cada vez que los intolerantes, del gobierno o no, buscaban a quien culpar de que la gente no fuera suficientemente estúpida para dejar de demandar educación, trabajo o democracia, palabras que a lo largo del proceso revolucionario, luego de él y hasta la actualidad siguen siendo la forma nutricia del discurso intelectual a través de los suplementos, del quehacer “culturero” cotidiano.

De otra parte el texto también es una crónica de la ingratitud de elaborar un proyecto de difusión que viaja a casi ninguna parte, de luchar cotidianamente contra las carencias de presupuesto y de interés por la cultura, cualquiera que sea el concepto de ella que se tiene, y, a veces, del enfrentamiento con intereses que forman parte indispensable de la cultura pero no se identifican con ella: es decir, la aparición y desaparición constante de medios y secciones de cultura, o de la forma de acordeón que tiene que asumir el quehacer intelectual ante las presiones oficiales o patronales respecto de el ejercicio de la lectura para hacer leer.

Finalmente resulta refrescante que el texto de Musacchio se remita igualmente ala existencia de las publicaciones de Contra-cultura, a la multiplicidad de papeles aparecidos como fruto de las ansiedades de fanáticos del rock-and-.roll y otras formas del arte popular que desbocaron en publicaciones emparentadas con el famosísimo Rolling Stone, lo que ya es novedad en u país cuya concepción de la cultura fue oficial o de marfil, y que invade las calles y hasta los puestos de periódicos con las nuevas visiones de tribus urbanas y otras no tanto,

En algún momento la lectura útil de este volumen deja notar la carencia de algunos créditos, como el de Irma Lombardo y María Teresa Camarillo, cuyas investigaciones eruditas sobre el periodismo mexicano nutrieron bastante de la información acusada por Musacchio, y sería estupendo referenciarlas para una mayor profundidad en el tema.

Historia del periodismo cultural en México, por Humberto Musacchio. Ed. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2007, 234 pag.
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