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Los gastos…de la pobreza

Escrito por Carlos Reyes Sahagún | 10 de Junio de 2008 | Categorias: Recuperando Aguascalientes | Tiempo de Lectura: 4m 44s | Leido 43 veces.

Felicidades a Emmanuel, por sus 15 ½.

No he tenido el privilegio de estar en Inglaterra, pero mantengo vivo el fuego de la esperanza. He estado en Guadalajara, Zacatecas, Guanajuato, San Luis Potosí, México, y en alguna ocasión tuve la temeridad de llegar hasta Monterrey o Acapulco, pero no he estado en Inglaterra para ver, entre otras cosas, el cambio de guardia en el Palacio de Buckhinhgam, en London town; o ir a Liverpool, en peregrinación por los santos lugares de los Beatles, o a recibir el Sol en Stonehenge, ese lugar que existe antes de que la historia comenzara a contarse.
Como no he estado allá, no sé si en Inglaterra existan las vueltas inglesas, o si le hacen de otra forma para virar de izquierda a derecha y viceversa, aunque ciertamente un amigo que vivió en tierras de Su Majestad Británica me dijo que no hay tal; simplemente no existen las vueltas inglesas en Inglaterra…
Aquí las tuvimos hace algunos años, con un costo x. No pasaron ni cinco años cuando ya las estaban quitando, con un costo y. O sea que salieron carísimas; dinero tirado a la basura, para que todo terminara quedando igual.
Otra. Cuando construyeron el Centro Comercial Altaria, le hicieron su infraestructura vial y de estacionamiento, con un costo x. Cuando lo inauguraron y los aguascalentenses, que somos campeones en esto de ser noveleros (me incluyo por pura solidaridad), nos volcamos sobre este signo de modernidad, se vio que aquello era un desgarriate de lo más premoderno. Entonces, para darle fluidez y seguridad al tráfico, se rompió lo recién hecho y se rehizo con un costo y. Es decir, también salió carísimo. Otra vez dinero tirado a la basura; dinero que pudo haberse ahorrado con una auténtica planeación.
Por si esto no fuera suficiente, parte de las obras se hicieron a costa de los árboles del camellón de la carretera a Zacatecas; árboles que tardaron años, si no es que décadas, en alcanzar la altura que tuvieron, destruidos en un santiamén, para que los vehículos circulen con más fluidez. ¿Se habrá visto mayor incivilidad que esta?
Entre nosotros esta situación se repite con pavorosa y criminal frecuencia en diversos ámbitos de actividad, con el consiguiente desperdicio de recursos que podrían utilizarse para cosas más provechosas; cosas que trajeran un auténtico beneficio para las personas, para que la ciudad estuviera a nuestro servicio, y no al revés. De aquí que seamos expertos en el dudoso arte de hacer mal lo que se puede hacer bien, y a la primera.
Una de las acepciones que el Diccionario de la Real Academia Española da al término lujo es la de abundancia de cosas no necesarias. De aquí el título de estas líneas: abunda entre nosotros la pobreza… y no la necesitamos porque, aparte de su naturaleza denigrante, nos sale muy cara; carísima, un lujo que no merecemos.
Pobreza por todas partes, en las mentes y en los bienes, entre quienes dirigen y quienes obedecen. Pobreza patrimonial de muchos, y de ideas, visión, mentalidad, en más. Pobreza en la idea perversa de crear al país y al estado cada seis años, y al municipio cada tres.
¿Cuánto nos ahorraríamos en servicios de limpia si fuéramos más cuidadosos con el manejo de la basura? ¿Cuánto en obras de infraestructura para que abramos una llave de agua y salga el líquido, si utilizáramos con más conciencia nuestros paupérrimos recursos hídricos?
Realmente, ¿qué necesidad tenemos de gastar tanto en elecciones? ¿Por qué ahora, casi un año después, se transmite publicidad del Instituto Estatal Electoral, en la que observadores electorales afirman que los comicios del año pasado fueron la mar de limpios? ¿Para qué, si nadie protesta; si nadie duda y los elegidos ya están trabajando? ¿Quién paga todo esto?
¿Por qué tenemos que gastar tanto en mantener a los partidos políticos? (para que luego los legisladores, magníficamente pagados, se comporten como verdaderos rufianes) (seguramente se va a discutir la reforma petrolera hasta el día en que llegue el velador del último pozo a decirles a los Padres de la Patria que ya se acabó el petróleo).
¿Cuánto se invierte en renovación de fachadas pintarrajeadas? Todo lo que se gasta en seguridad, patrullas, armas, salarios de policías, edificios, sería inútil si fuéramos de otra manera; más responsables y concientes de nuestra ciudadanía, es decir, de ser parte de una comunidad de personas que aspiran a vivir de manera civilizada.
Mientras nosotros vamos, otras ciudades y países ya vienen, y los vemos venir y ni así aprendemos.
Y en este ingente desperdicio de recursos siempre es muy cómodo; muy sencillo, culpar al gobierno, que lo es de muchas cosas, pero no de que haya quien se rasure con la llave del agua abierta, o que convierta las calles en basurero, o que estacione su vehículo donde no debe, etc.
Desde luego algo podría hacer el gobierno. Mi esposa tiene una propuesta que por supuesto respaldo en todas sus partes, faltaba más. Básicamente se trataría de que se aprobara una norma que obligara a la autoridad a respetar la obra pública por un tiempo determinado, el suficiente como para amortizar su costo. Por mi parte agrego que si se hacen cambios, sean con cargo al salario del funcionario que los ordene.
Quizá con una parte de los ahorros que lograríamos si dejáramos de hacer tanta cosa inútil, se nos podría financiar un viaje a Inglaterra para, entre otras cosas, recorrer la ribera del Támesis, los pasillos de Oxford, el museo Británico, y además comprobar que en Inglaterra no existen las vueltas inglesas.
# (Sus comentarios relacionados con esta columna puede dirigirlos a migrante[@]mexico.com).

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