El reciente estudio denominado “Delimitación de las Zonas Metropolitanas de México”, elaborado por la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), el Consejo Nacional de Población (CONAPO) y el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI) es un documento que permite observar la manera anárquica y desordenada en que se ha dado el desarrollo urbano, el crecimiento de las ciudades y consecuentemente las zonas metropolitanas en el país.
El fenómeno metropolitano que data de principios de 1940 en ciudades como México, Monterrey, Tampico, Torreón u Orizaba ha crecido de una manera intensa y diversificada en las últimas décadas. Actualmente, se consideran 56 zonas metropolitanas (ZM), entendiendo como tales, aquellos espacios geopolíticos de conurbación que se dan entre entidades o municipios de una misma entidad. Dentro de las ZM, 29 son territorios urbanos con menos de 500 mil habitantes; 18 se ubican en el rango de 500 a un millón y sólo 9 tienen más de un millón.
En poco más de 4 décadas, el crecimiento urbano ha sido exponencial, desordenado e inercial. Por ejemplo, de 12 zonas metropolitanas que se registraban en 1960, cuarenta y cinco años después suman 56, es decir, un crecimiento de 367%. El número de municipios metropolizados era de 64, ahora se consideran 345 que albergan el 79% de la población urbana.
Si bien es cierto que las ZM generan el 75% de Producto Interno Bruto (PIB) del país, además de tener el potencial para incidir favorablemente en el desarrollo económico y social de las regiones, su problemática es cada vez más compleja. Una característica de las ZM es que proveen de bienes y servicios a los sectores más productivos y que son motores del desarrollo económico nacional y regional, además de ser donde se asientan los principales centros educativos y de investigación, incluidas las universidades. Sin embargo, también es donde se registra la mayor parte de la pobreza urbana. Una de cada tres personas vive en pobreza alimentaria y más del 50% padece pobreza de capacidades y patrimonial.
No obstante, el problema mayor que enfrentan las ZM es la falta de planeación y coordinación entre las autoridades y los diferentes órdenes de gobierno. La administración y gestión de las ZM implica la confluencia de más de una autoridad municipal, estatal, incluso federal, que obligan a diseñar un nuevo marco normativo donde se compartan derechos y obligaciones y se fomenten acuerdos o convenios interregionales.
Los principales retos que enfrentan las ZM son sin duda, los vinculados al problema de movilidad y flujo de personas, el agua potable, la seguridad pública y la protección del medio ambiente, ligado todo, al desmedido crecimiento urbano y la falta de planeación.
Por eso, insisto en que es necesario repensar las ZM. De seguir como vamos, sin claridad y privilegiando las inercias y los intereses creados, en especial la fiebre inmobiliaria, que es muy atractiva en estas regiones, el día de mañana se estará arribando a ZM donde el hacinamiento, la mala calidad de vida, el hambre, la violencia y la inseguridad pública sean sus distintivos y no las ventajas que representan para el desarrollo, la competitividad y el mayor bienestar de las familias.
Aguascalientes ya cuenta con una ZM y las características que presenta son semejantes en mayor o menor proporción- a las 55 restantes. Por ejemplo, mientras en el país la población de las ZM crecieron en 36% en el periodo de 1990-2005, la ZM de Aguascalientes lo hizo en 52%. En los tres municipios de la entidad que integran esta zona (Aguascalientes, Jesús María y San Francisco de los Romos) se concentra más del 80% de la población de la entidad.
Esto trae consigo una demanda mayor en servicios como agua potable, electricidad, infraestructura urbana, transporte y vialidades, recreación, educación, salud, mayores oportunidades de empleo y en general mejor calidad de vida. Es posible que estadísticamente, algunos de estos servicios estén por arriba de la media nacional; sin embargo, esa comparación no es significativa, si lo que se busca es mejorar el bienestar de las familias que viven en la ZM de Aguascalientes e impedir la pérdida de la calidad de vida.
Esta situación de concentración imparable en el Estado, se confirma a partir de datos tales como que del total de la población ocupada en el municipio de Aguascalientes, el 94% reside en la capital del Estado. Este municipio absorbe el 70% de los habitantes de la entidad. Esto infiere de qué tamaño ha sido y sigue siendo la emigración a este municipio.
La situación se complica si observamos los otros dos municipios que conforman la ZM. Así, por ejemplo, en Jesús Maria el 81% de la población ocupada reside en el municipio, el 12% en municipios centrales (entiéndase Aguascalientes o San Francisco de los Romos) y el resto (7%) en otros municipios. Para el caso de San Francisco de los Romos el 57% de la población ocupada vive en el municipio, el 21% reside en municipios centrales y el 23%, en otros municipios.
Esto significa que un amplio sector de población flotante depende, en gran medida, de la prestación de servicios que ofrece la ZM y los municipios que la integran. Este fenómeno de las zonas metropolitanas (el caso de Monterrey, México o Guadalajara son los mejores ejemplos), requiere de contemplar la visión del desarrollo en una perspectiva de que el resultado de éste sea redistributivo o menos concentrado.
La ZM de la entidad y en especial el municipio de Aguascalientes se ha caracterizado en los últimos años, por el impulso inmobiliario desmedido, carente de responsabilidad social frente a la necesidad de cuidar el agua, el medio ambiente, la calidad de vida y de manera muy especial, la conservación de las redes sociales y familiares que dieron a nuestra sociedad una coraza de defensa frente a los males sociales de principios del siglo: la drogadicción y el alcoholismo, y con ello, el inicio de una generación perdida para Aguascalientes. La Historia habrá de juzgarlos.
Lorena Martínez
Diputada Federal por Aguascalientes,
lorena.martinez@congreso.gob.mx
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