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El anciano que quería la luna.

Escrito por Jesús Eduardo Martín Jáuregui | 28 de Mayo de 2008 | Categorias: Itinerancia | Tiempo de Lectura: 5m 48s | Leido 41 veces.

“Recedan vetere”: Locución latina que el doctor Desiderio Macías Silva traducía libremente como “a la chingada lo viejo”.
(Acuso…recibo, o, recibo…acuso.- De un representante federal en el Congreso de la Unión recibí un informe de labores que me hace pensar que algunos legisladores piensan que para ellos no se aplican las leyes. Hasta donde yo se, quedó prohibido el uso de fondos públicos, incluyendo la franquicia postal, para promoción personal.)

Durante estos días el Ayuntamiento de Aguascalientes por conducto del Profr. Andrés Valdivia Aguilera, con el apoyo del Congreso del Estado, está llevando a cabo en el vestíbulo del antiguo Hotel París, en el costado norte de la plaza de armas, un foro de reflexión en torno a la conveniencia de modificar la Ley de la Senectud vigente en el estado o de plano abrogarla creando una nueva. Las sesiones comienzan a las once de la mañana y el día de hoy se tratará el tema Trabajo, para el viernes se tratará el tema Educación, el próximo lunes Familia y Sociedad y el martes se terminará el foro tratando el tema Salud y Alimentación. Los comisionados para cada uno de los temas son personas con reconocimiento en sus respectivas áreas que han invitado a otras igualmente preparadas para participar con ponencias temáticas. Los ciudadanos pueden asistir y participar con preguntas o aportaciones que puedan enriquecer las ponencias.
Me parece plausible la preocupación del Ayuntamiento de Aguascalientes por atender a un sector de la población que no obstante la existencia de una legislación federal, el funcionamiento de un Instituto Nacional para los viejos, la vigencia de una ley en el Estado, y otros organismos, sigue ocupando un lugar marginal. La existencia de descuentos generales en algunos bienes y servicios y la implementación de una limosna generalizada como en el caso del Distrito Federal, lejos de constituir un principio de justicia, constituye un atentado contra la justicia correctiva y contra la equidad. Dar una pensión a alguien que no la necesita, tan sólo por sobrepasar una determinada edad, es privar de un satisfactor a quien lo necesita independientemente de su edad. Desde mi punto de vista esto es tan improcedente como becar a los mejores estudiantes aunque no lo necesiten, privando a buenos estudiantes necesitados, que si recibieran el apoyo serían mejores.
Al inicio del foro, el lunes pasado, el profesor Valdivia señaló no sólo la conveniencia, sino la urgencia de revisar la legislación que por los años que tiene, aunque no sea tan vieja, (curiosa contradicción que una ley para los viejos tenga que ser nueva), convendría adecuar a la ley federal que ahora se refiere a los viejos con la sangronada de adultos mayores que además es una tontería. Al cumplir dieciocho años de acuerdo con la ley se es mayor de edad, luego no puede haber adultos menores y por lo tanto todos los adultos son mayores. Pero ya se sabe que ni la lógica ni la gramática preocupan a los legisladores y muchas veces ni el Derecho. En una lucida intervención que fue muy aplaudida, mi amigo y colega Arturo Orenday propuso la adición de un párrafo al artículo cuarto de la Constitución del Estado. Su propuesta además de su fundamentación impecable tuvo la virtud de recordarnos que en el Estado tenemos una Constitución, lástima que solo estuviera presente la señora Diputada Beatriz Santillán, porque hubiera sido muy bueno que el resto de los diputados locales y en particular los representantes federales lo conocieran para que no anden aprobando leyes que contravienen la soberanía de los Estados.
(Gracias a Dios, terminó la Feria.- No está Ud. para saberlo, amable y desocupado lector, pero yo si para contarlo. Resulta que la casa de Ud. está si acaso a doscientos metros del lado oriente del perímetro ferial. (¿Qué no habrá alguien que explique a funcionarios y periodistas la diferencia entre área y perímetro). Ya se podrá imaginar lo que significa soportar durante seis semanas, porque cuento también la pre-feria, música, ruidos, pendencias, riñas, sirenas, etc., etc.. Si yo viviera en el norte…)
Reconociendo la prudencia del licenciado Orenday, debo confesar mi aversión a la legislacionitis que padecemos en el país y por vía de consecuencia en el Estado. No en balde un principio del Derecho Romano señalaba: summa lex, summa iniuria, en cristiano esto significa que la abundancia de leyes tiene como consecuencia el exceso de injusticias. Nos han hecho creer que las leyes son el remedio para todo mal, quizás para que no nos demos cuenta que muchos de los males sociales provienen precisamete de leyes que se han perpetrado contra la ciudadanía, contra los Derechos Humanos y contra la Democracia misma.
Además la función legislativa se ha convertido en una función reactiva. Ante un acontecimiento negativo los congresos reaccionan con una nueva ley. Muchas veces sin siquiera pemitir un lapso razonable para conocer si la legislación vigente resulta operante y eficaz. Pensemos si no, el caso de la Legislación Penal, una legislación de avanzada cuya orientación ideológica no comparto, pero a la que no le hemos dado oportunidad de aplicarse como fue concebida. En pocos años ha sufrido tantos parches y se ha tergiversado de tal forma que en la práctica ya no se reconoce su orientación.
Seguramente en el foro habrá propuestas muy interesantes, seguramente se aprobarán muchas de ellas para hacerlas llegar al Congreso del Estado, seguramente el Congreso trabajará (es un decir), y aprobará la nueva ley y seguramente todo seguirá igual. Nuestros viejos seguirán marginados recibiendo limosnas sociales para atenuar el remordimiento de una conciencia social que cada vez tiene mas desgastados los dientes.
Ojalá que antes de legislar, se hiciera una investigación profunda y seria que tendría que empezar por llamar a las cosas por su nombre. De nada sirven eufemismos tales como “adultos en plenitud” que suenan mas a burla que a reconocimiento. Todos experimentamos los efectos de la edad, reconocerlos y aceptarlos es un principio de madurez. Respetarlos es un principio de justicia.
Hace setenta años la esperanza de vida era de alrededor de cuarenta años. Hoy para las mujeres es de 73 años y para los hombres de 72. La pirámide poblacional en unos cuantos lustros se invertirá, por de pronto ya no es mas pirámide, sino mas bien un huso, y en unos cuantos años según predicen los que de esto saben, habrá más viejos que jóvenes lo que significará una carga muy pesada. Es necesario replantear la edad de jubilación y replantear muchos otros aspectos legislativos a partir de una cambiante realidad social. Antes de legislar se requiere investigar y mucho.
¡Ah! y un detalle mas, sencillo pero significativo como suelen decir los maestros de ceremonias. Como en el cuento de la princesa que quería la luna, que fue menester preguntarla para saber como quería su luna, será necesario preguntarle a los viejos, a nuestros viejos, su opinión para poder actuar en consecuencia.
(Resúmen presidencial de la lucha contra el narco.- “Metí furiosamente mi nariz entre sus dientes y lo arrojé pesadamente al suelo sobre mí.”)
Red: http://itinerancia.blogspot.com Correo-e: itinerancia@aol.com

Aguascalientes, 21 de mayo de 2008

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