Crisis alimentaria u oportunidad para el campo

Escrito por on may 7th, 2008 y archivado en Así Vamos, Economía. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

Vivimos al menos, cuatro crisis importantes. Primera, una crisis financiera y económica que se localiza principalmente en EU. Segunda, una crisis en los sistemas de pagos internacionales que se encuentra en su etapa inicial, proveniente de la caída del dólar. Tercera, una crisis energética que se manifiesta en los elevados precios del petróleo. Cuarta, una crisis alimentaria que se expresa en la insuficiencia de algunos productos alimenticios a nivel mundial y a su alza de precios.
Las cuatro crisis son diferentes aunque tienen conexiones importantes entre sí. La principal conexión proviene del hecho de que la FED (banco central de los EU) ha bajado tanto las tasas de interés que incluso, son negativas en términos reales con el resultado de que todos los tenedores de dólares sufren pérdidas y por ende, tienden a venderlos, teniendo como resultado la caída del dólar a nivel internacional. Como alimentos y petróleo se cotizan en dólares, estos productos han subido de precio. La caída del dólar como moneda de reserva internacional no es la única causa del aumento del precio de petróleo y alimentos, pero es un factor que está presente.
Desde los años sesenta vivimos en México un período de declive constante del sector agrícola. Había mucha corrupción en los bancos que atendían a ejidatarios y pequeños propietarios, también la había en la compañía que aseguraba las tareas agrícolas. La producción de fertilizantes era deficiente y cara. La Conasupo tenía graves problemas. El neoliberalismo cerró todos estos organismos pensando que las fuerzas del mercado arreglarían las cosas en forma natural. El resultado está a la vista; la corrupción ha tomado otros senderos pero sigue tan grave como antes; la crisis estructural de agricultura y ganadería se ahonda; el campo sigue en crisis y los campesinos en la miseria. Aun peor, nuestra dependencia hacia el exterior de productos básicos para la alimentación crece año con año. Los viejos organismos eran corruptos, tenían muchos problemas pero, aunque mal, atendían las necesidades claves de crédito, aseguramiento y comercialización de los productos agropecuarios; hoy ya no se tiene nada de esto. Se vive la misma corrupción con un mercado ineficiente.
En los años setenta yo trabajaba en Conasupo, el presidente Echeverría había ordenado un estudio sobre ventajas comparativas de la agricultura mexicana. Se formó un equipo multidisciplinario con representantes de distintos organismos del Estado; yo iba por Conasupo. Se realizó lo que en su época fue un enorme modelo de programación lineal. El maíz y otros productos básicos alimentarios salieron con fuertes desventajas comparativas. En esa época en México, Conasupo compraba el maíz a 940 pesos por tonelada y en el mercado internacional a 600 ó 650 pesos; el modelo señaló que convenía importar y la producción debía bajar. Yo me opuse con todas mis fuerzas señalando que el maíz era básico para la sociedad y el empleo y que su producción se debía incluso impulsar. Era evidente que perdí de todas, todas.Ví un memorando en el que el presidente Echeverría ordenaba disminuir créditos, seguros, agua, compras de maíz para reducir su producción.
Me fui a continuar mis estudios a Francia y desde ahí fui testigo de la reducción de la producción de maíz en México; al año siguiente el precio del maíz internacional pasó de los 650 pesos a más de 3000. El resultado de tal plan fue una catástrofe; el campesino padeció miseria y hambre y el país tuvo que importar grandes cantidades con pérdida de divisas y atascamiento de sus puertos.
El mercado por sí mismo es una falsa solución.
Hoy, existen precios internacionales muy altos y éstos marcan una gran oportunidad para impulsar con fuerza a todo el sector agropecuario. Hay que rediseñar nuevos organismos que tomen en cuenta la experiencia anterior (negativa y positiva), para impulsar crédito, agua, aseguramiento de productos y comercialización de los mismos. Tenerle miedo a los subsidios es un absurdo. Necesitamos producir grandes cantidades de fertilizantes a partir de nuestro petróleo. Requerimos nuevas obras de regadío. Los precios de los productos dan para pagar los costos de regeneración de tierras.
Hay dinero. El martes pasado, el precio de la mezcla mexicana de petróleo llegó a más 100 dólares por barril o sea, más del doble del precio presupuestado; hay decenas de miles de millones de dólares como reservas inútiles en el Banxico. Hay dinero y oportunidades, lo que falta es gente capaz de actuar. La mediocridad y el dogmatismo (dios mercado) nos dominan.
castaingts42-juan@yahoo.com.mx
Profesor Investigador UAM-I
México, D.F. 7 de mayo de 2008

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