La corrupción nuestra de cada día

Escrito por Lorena Martínez Rodríguez on abr 2nd, 2008 y archivado en Sin categoría. Tu puedes seguir los comentarios a esta entrada a traves de RSS 2.0. Comentarios y referencias estan cerrados.

El caso Mouriño llama una vez más a reflexionar sobre este tema. La corrupción sigue siendo un lastre para el país. Es un problema endémico que ha logrado convertirse, incluso, en una forma de vida. Es como una especie de pólipo que crece y crece, sin que haya manera de detenerlo. De acuerdo a Transparencia Internacional (TI), organismo que toma como referencia la información del Banco Mundial y del Foro Económico Mundial, México ocupó en el 2007 el lugar 72 de 180 países en el “Índice de Percepción de Corrupción” (IPC).
TI señala que los países más pobres son los más proclives a la corrupción. Sin que esto sea una regla, los indicadores de países como Bolivia, Nicaragua, Paraguay, Ecuador, Haití, Somalia o Irak, entre otros, muestran que su nivel de corrupción es superior al de México. No así en países como Singapur, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Nueva Zelanda, clasificados entre los menos corruptos.
Si bien este flagelo no es privativo de nuestro país, lo cierto es que la corrupción se ha enraizado de manera preocupante en la vida de la República. Cuando eso sucede, combatirla requiere de un esfuerzo mucho mayor, al simple hecho de denunciarla.
Montesquieu, en su Espíritu de las Leyes ya lo advertía al definir la virtud en la República como el amor a la patria, señalaba: “cuando la virtud deja de existir, la ambición entra en los corazones capaces de recibirla y la codicia se apodera de todos los demás. Los deseos cambian de objeto: lo que antes se amaba, ya no se ama; si se era libre con las leyes, ahora se quiere ser libre contra ellas; (…) se llama estorbo a lo que antes era regla; antes los bienes de los particulares constituían el tesoro público, pero en cuanto la virtud se pierde, el tesoro público se convierte en patrimonio de los particulares. La República es un despojo y su fuerza ya no es más que el poder de algunos ciudadanos y la licencia de todos”.
En México sobran ejemplos que indican la situación peligrosa en que nos encontramos. Las instituciones que procuran y administran la justicia han perdido credibilidad, las que deben de supervisar y exigir la rendición de cuentas, se pierden en el marasmo burocrático, la mayoría de las veces pagando compadrazgos, encubriendo a indecentes y malhechores.
La impunidad, el tráfico de influencias y el derecho a delinquir han venido socavando persistentemente eso que Montesquieu llama la “virtud”. En el sexenio del Presidente Vicente Fox se dieron, quizá, los actos de corrupción más descarados y vergonzosos de que se tenga memoria.
No dejó títere con cabeza. Esposa, hijos, familiares cercanos, amigos, entre otros, se beneficiaron de manera cínica, cuando fue Jefe del Ejecutivo. Así lo demuestra la Comisión creada ex profeso en la Cámara de Diputados para investigar los actos de corrupción, abuso de poder y tráfico de influencias del mandatario y de sus familiares.
Las líneas de investigación que esta Comisión emprendió, incluyen la participación de familiares cercanos en la asignación de contratos de construcción de viviendas de empresas inmobiliarias que de la noche a la mañana aumentaban desmesuradamente el capital social. Están documentados por la Comisión, por ejemplo, los casos de Construcciones Prácticas, Grupo Inmobiliario Kilate, donde se involucra al Instituto de Protección al Ahorro Bancario (IPAB), al INFONAVIT, FOVISSSTE, Nacional Financiera, entre otras.
Lo mismo sucede con Petróleos Mexicanos (PEMEX) y contratos millonarios con empresas como Negromor, Oceanografía, Construcciones Saint Martín. Y qué decir de las Aduanas donde el uso y abuso del poder llegó a tal grado de monopolizar los bienes decomisados y otorgarlos en una alta proporción a la Presidencia de la República violando toda normatividad, en especial el Art. 145 de la Ley de Aduanas que NO faculta expresamente a la Presidencia de la República a recibir asignaciones de mercancías decomisadas. Así, en el periodo 2003 al 2005 fueron trasferidos a Los Pinos, 424 mil juguetes, 255 mil piezas de ropa, 58 mil enseres domésticos, 29 mil artículos electrónicos y 10 vehículos.
Los casos de corrupción de Enciclomedia, de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito, la Biblioteca José Vasconcelos, avituallamiento al rancho San Cristóbal y el regalo de lujosos vehículos, se suman a esta lista de uso y abuso del poder.
Pero no nada mas ahí se “cuecen habas”. También el “Big Brother Orweliano”, López Obrador tiene lo suyo. Roger Bartra hace mención en su reciente obra Fango Sobre la Democracia que las “redes clientelares de AMLO y que forman la base del cacicazgo urbano están contaminadas por la corrupción. En realidad la corrupción es el aceite que permite que la maquinaria caciquil pueda funcionar con eficacia. Si no se engrasan los ejes mediadores, los poderosos de la cúspide quedan abandonados a su suerte y aislados de su base popular”.
Esa es, desgraciadamente, la forma y fondo de un amplio sector de la izquierda en nuestro país. Hacen honor a la doble moral del “tartufo” moliériano o la perversidad de Lady Macbeth shakespeariana. Y, como se ve, tampoco la derecha canta mal las rancheras. Hoy el gobierno de Calderón vive la peor crisis de su gobierno, después de su toma de posesión.
Sobre el caso Mouriño habrá oportunidad de escribir a detalle en las próximas semanas, porque esto apenas empieza. Pero sí quiero llamar su atención a lo poco que le duró el gusto a Felipe Calderón con su lema de campaña “manos limpias”. Está a tiempo de enmendar la plana y enviar un claro mensaje de intolerancia a la impunidad y la corrupción en su gobierno. Si no releva a Juan Camilo Mouriño, nadie, absolutamente nadie podrá jamás volver a creer en él.
Pero más allá de este espectáculo, los políticos debemos exigir más. Todo a favor de las instituciones reiteraba Reyes Heroles incluso su modificación. En esto, es donde se tiene que insistir. Las instituciones que hoy tenemos, sobre todo las que vigilan el gasto público y auditan la rendición de cuentas deben transformarse. Podría empezarse porque el titular de la Función Pública fuese nombrado por las dos terceras partes de los legisladores de la Cámara de Diputados y darle mayor autonomía a la Auditoría Superior de la Federación. Lo más importante es reconstruir el tejido social y la “virtud republicana” que hoy parecen estar hechos añicos.
Lorena Martínez
Diputada Federal por Aguascalientes
lorena.martinez@congreso.gob.mx

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